¿Cómo saber si los estudiantes realmente están yendo a clase en las escuelas argentinas? Según un nuevo informe de Argentinos por la Educación, la respuesta es cada vez más difícil de encontrar. El estudio advierte que el Estado hoy no tiene información sobre qué pasa con 6 de cada 10 alumnos del país en el día a día, porque el sistema de asistencia apenas cubriría al 42% de los estudiantes.
A este vacío de información se le sumaría un cambio en la forma de mostrar las estadísticas oficiales. El informe señala que ahora es más difícil acceder a los datos censales de cada escuela en particular. En los informes que elabora la Secretaría de Educación, quedan “diluidos” en promedios generales por departamento, lo que dificulta conocer la situación real de cada establecimiento.
Ausentismo: un dato que falta
Para construir el mapa regional de los datos educativos disponibles, el estudio comparó cómo los países de Latinoamérica manejan su información escolar.
Trabajaron en tres ejes básicos: qué datos guardan de los alumnos, qué tan rápido los muestran o actualizan y qué tan fácil es para cualquier persona poder acceder a verlos. Los tipos de datos analizados también fueron tres: censos escolares, evaluaciones y el seguimiento de cada trayectoria estudiantil.
Argentina se ubicó en el tercer puesto del ranking regional y el problema para saber si los estudiantes van a clase fue uno de sus puntos más débiles.
El informe señala que, aunque en las aulas se toma lista todos los días (por lo tanto, hay producción con alta frecuencia), esa información no siempre llega a un sistema central que, por ejemplo, permita ayudar a tiempo al alumno que falta repetidamente y tiene mayor riesgo de dejar de cursar.
Con una cobertura oficial que apenas alcanza el 42%, la transparencia de Argentina en este tema sacó una nota muy baja: 0,29 sobre 1. Es decir, aunque la información se genera dentro de la escuela, el estudio advierte que no se devuelve a la sociedad de forma clara ni se integra en una estrategia de monitoreo nacional que dispare alertas tempranas.
Otro gran problema que marca el informe es que los datos disponibles no están conectados: así, muchas escuelas llevan el registro de las faltas pero no pasan la información de forma automática a la base de datos nacional. Eso provoca que el Estado pierda el rastro de seis de cada diez estudiantes en el día a día.

Retroceso en el acceso a datos
La falta de datos sobre el ausentismo se suma a una decisión de la Secretaría de Educación que el estudio pone bajo la lupa: los cambios en la forma de mostrar la información.
Según indican los investigadores, entre los años 2016 y 2023 la Nación publicaba estadísticas desagregadas que permitían analizar qué pasaba en cada establecimiento: desde cuántos estudiantes repetían hasta el estado de los edificios o la cantidad de docentes.
Hoy, ese nivel de detalle se habría perdido. El informe señala que en 2026 es más difícil acceder a los números de cada escuela, porque en los informes que elabora la Secretaría de Educación quedan “diluidos” en promedios generales por departamento. Eso complica conocer la situación real de cada establecimiento.
Además, el estudio menciona que existe una plataforma con el detalle por escuela, pero aclara que ya no es de acceso libre: exige que los interesados se registren y soliciten un permiso especial a la Secretaría de Educación para ver esos números, algo que el índice califica como una nueva traba a la transparencia.
En el tercer puesto, pero con deudas
A pesar de estos problemas, Argentina logra quedarse con el tercer lugar del ranking en la región. El país obtuvo un índice general de 0,67, ubicándose detrás de Chile (0,95) y Uruguay (0,72).
Según el informe, el país cumple con las tareas básicas: hace censos escolares y realiza con frecuencia las pruebas Aprender. En esos puntos, la nota es alta (0,84) porque la información se genera y está disponible. El promedio general baja cuando se mira qué tan fácil es para un ciudadano acceder a esos datos. Mientras que la organización de los censos está aprobada, la transparencia en temas que preocupan a los padres, como el ausentismo, cae al índice más bajo, el mencionado 0,29.
A modo de cierre, el estudio sugiere que la tecnología para saber qué pasa en las aulas está presente, pero la decisión de mostrar esos números con claridad todavía es una tarea pendiente. También advierte sobre el impacto de la falta de transparencia y acceso a la información educativa.
“La generación y disponibilidad de información constituyen la base de toda toma de decisiones sólida. (…) En el ámbito educativo, la producción y publicación de datos resulta valiosa no solo para los gobiernos nacionales y subnacionales, sino también para las escuelas y la sociedad civil en su conjunto”, cierra el informe.





