El 5 de febrero de 1984, en Ciudadela, provincia de Buenos Aires, nació Carlos Alberto Tevez, uno de los futbolistas argentinos más representativos de comienzos del siglo XXI y una figura que trascendió lo deportivo para convertirse en emblema de identidad popular.
Surgido de Boca Juniors, club con el que construyó una relación profunda y duradera, Tevez irrumpió en el fútbol argentino con un estilo potente, frontal y combativo, rápidamente proyectado al plano internacional. Su carrera incluyó pasos destacados por el Manchester United, el Manchester City y la Juventus, donde fue protagonista en equipos campeones y escenarios de máxima exigencia.
Con la Selección argentina, participó en Copas del Mundo, Copas América y Juegos Olímpicos, y fue parte del plantel que conquistó la medalla de oro en Atenas 2004, uno de los hitos más importantes del fútbol argentino en el siglo XXI.
Más allá de los títulos —Champions League, ligas nacionales en Inglaterra e Italia, Libertadores e Intercontinentales—, Tevez construyó una identidad propia: el jugador que nunca ocultó su origen, que habló desde el barrio y llevó esa marca a los principales escenarios del fútbol mundial. Su apodo, el Apache, se transformó en una bandera.
Dueño de una personalidad intensa, muchas veces controvertida, Tevez fue también una figura incómoda, frontal y ajena a los moldes tradicionales del futbolista mediático. Esa autenticidad, sumada a su rendimiento deportivo, lo convirtió en un referente indiscutido para amplios sectores del público.
A más de cuatro décadas de su nacimiento, Carlos Tevez ocupa un lugar singular en la historia del fútbol argentino: el de un jugador que, sin renunciar a su identidad, logró competir y ganar en la élite global.




