El 4 de febrero de 1992, cuando la República Bolivariana de Venezuela vivía un clima de tensión social y crisis económica, un grupo de militares al mando del entonces teniente coronel Hugo Chávez Frías lideró un intento de golpe de Estado contra el gobierno constitucional del presidente Carlos Andrés Pérez.
La asonada, conocida más tarde como Operación Zamora, se desarrolló en varias ciudades del país, incluidas Caracas, Maracaibo, Valencia y Maracay, con el objetivo de derrocar al gobierno a través de una insurrección militar coordinada.
Aunque las fuerzas sublevadas lograron tomar posiciones en algunas guarniciones, no pudieron hacerse de control completo sobre el Palacio de Miraflores ni consolidar el apoyo esencial dentro de las fuerzas armadas. El levantamiento terminó fracasando y sus participantes se rindieron, siendo detenidos y posteriormente encarcelados.
La jornada dejó un saldo de decenas de muertos y heridos, tanto civiles como militares, según cifras oficiales y contemporáneas al hecho.
Sin embargo, más allá de su fracaso militar, este intento fue un punto de inflexión en la carrera política de Chávez. Su aparición televisiva tras la rendición, en la que asumió la responsabilidad por la acción, le dio una visibilidad nacional sin precedentes y lo catapultó hacia la política partidaria y electoral en los años siguientes.
Después de pasar casi dos años en prisión, Chávez fue liberado, y en 1998 ganó las elecciones presidenciales, iniciando una etapa de profundas transformaciones políticas en Venezuela.
Aunque este evento no es conmemorado oficialmente en todos los sectores de la sociedad venezolana, autoridades y grupos políticos lo recuerdan como una fecha significativa en la historia política del país, interpretada de maneras muy diversas según las perspectivas ideológicas.
Fuente: Medios Digitales




