Las estadísticas oficiales del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) reflejan que el 2025 cerró con números positivos para la actividad yerbatera en términos comerciales, tanto en el mercado interno como en las exportaciones. Sin embargo, ese escenario favorable convive con un conflicto cada vez más profundo en el primer eslabón de la cadena productiva, donde los productores de Misiones advierten que el precio que reciben por la hoja verde no alcanza para cubrir los costos y pone en riesgo la continuidad de las chacras.
Entre enero y diciembre del año pasado, la salida de yerba mate de molinos alcanzó los 324.769.423 kilos, lo que representó un incremento interanual del 7,3%. El mayor impulso provino del mercado externo, donde las exportaciones cerraron con un récord histórico de 57.980.911 kilos y un crecimiento del 32,2% respecto de 2024. En el mercado interno, en tanto, las ventas también mostraron una recuperación del 3,1%, con 266.788.512 kilos comercializados, frente a los 258.789.745 del año anterior.
Ese movimiento confirma un mayor consumo y una expansión sostenida de la yerba mate en los mercados internacionales, un fenómeno que favorece principalmente a los grandes molinos e industrias, que logran colocar mayores volúmenes tanto dentro como fuera del país.

El indicador de salida de molino, considerado el más cercano al comportamiento del producto en góndola, refleja así un sector dinámico en términos comerciales. No obstante, la situación es muy distinta en el plano productivo.
Durante 2025 ingresaron a los secaderos 889.253.083 kilos de hoja verde, un 9,9% menos que en la zafra 2024. Si bien el volumen se mantuvo por encima de años anteriores, la caída interanual estuvo marcada por la decisión de muchos productores de no cosechar, ante valores que consideran inviables. La baja se registró en varias zonas de Misiones y se dio en un contexto de creciente incertidumbre y pérdida de rentabilidad.
Allí se encuentra el núcleo del conflicto que atraviesa al sector. Los productores sostienen que, pese al buen desempeño comercial de la yerba mate, el precio que reciben por el kilo de hoja verde se ubica muy por debajo de los costos reales de producción. Esa situación, advierten, los obliga a trabajar a pérdida o a postergar tareas esenciales, como el mantenimiento de las plantaciones y el pago de la mano de obra, en particular de los tareferos. Además, denuncian una creciente ola de cheques rechazados, mientras -aseguran- cada vez más familias se ven obligadas a abandonar las chacras.
“Peor que los 90”
Esa realidad fue descripta con crudeza por Julio Petterson, presidente de la Asociación Civil de Productores Yerbateros del Norte, quien advirtió que la cosecha permanece virtualmente paralizada en el norte provincial.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, sostuvo que hoy vender la hoja verde a valores de entre 180 y 200 pesos por kilo equivale a “firmar un certificado de defunción” para el productor.
El dirigente señaló que el escenario se agrava por la acumulación de cheques rechazados y por la falta de pago a quienes ya entregaron su producción.
Relató que hay productores apostados sobre la ruta 14 que todavía no lograron cobrar, mientras la actividad permanece inmovilizada a la espera de respuestas que no llegan. Según explicó, se otorgó un plazo de 15 días para obtener definiciones del INYM y del Gobierno nacional, pero el clima sigue siendo de total incertidumbre.
Petterson cuestionó además el funcionamiento del Instituto tras la pérdida de sus facultades regulatorias y afirmó que el presidente del organismo solo recibió a un grupo reducido de productores, dejando fuera a asociaciones que desde hace años reclaman un sistema de resguardo.
A su entender, la desregulación dejó al productor expuesto al libre mercado y al poder de negociación de la gran industria, en un esquema que consolida ganadores y perdedores dentro de la cadena.
Al comparar el escenario actual con la crisis de los años noventa, sostuvo que la gravedad es incluso mayor. Afirmó que mientras aquel proceso demandó una década, ahora en apenas uno o dos años se desarmó el entramado productivo.
El impacto social ya se hace visible. Petterson advirtió sobre una migración creciente de trabajadores rurales y jóvenes hacia Brasil, especialmente a Santa Catarina y Mato Grosso, donde en pocos meses se obtienen ingresos superiores a los que deja la yerba mate en un año.






