La cosecha de yerba mate se encuentra virtualmente paralizada en el norte de Misiones, en un escenario que los productores describen como crítico y sin horizonte claro. Así lo expresó Julio Petterson, presidente de la Asociación Civil de Productores Yerbateros del Norte, quien advirtió que el sector atraviesa una situación límite, con precios que considera “de quiebra”, cheques sin fondos y un creciente abandono de las chacras.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, Petterson señaló que hoy no hay condiciones para cosechar, ya que vender la hoja verde a valores de entre 180 y 200 pesos por kilo equivale, según graficó, a “firmar un certificado de defunción” para el productor. A ese panorama se suma, indicó, la acumulación de cheques rechazados y la presencia de productores sobre la ruta 14 que aún no lograron cobrar su producción.
El referente yerbatero sostuvo que la situación lejos está de encaminarse a una solución rápida. Tras una reunión mantenida días atrás, explicó que se otorgó un plazo de 15 días para obtener respuestas por parte del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) y del Gobierno nacional, aunque advirtió que, aun sin haberse cumplido completamente ese plazo, el clima es de total inmovilidad. Según relató, el presidente del Instituto no dio respuestas públicas, recibió solo a un grupo reducido de productores y dejó fuera a asociaciones que, recordó, llevan años reclamando un sistema regulado de resguardo para el sector.
Petterson comparó el escenario actual con la crisis de los años noventa, aunque remarcó que la gravedad es mayor. A su entender, mientras aquel proceso demandó una década, en apenas uno o dos años se desarmó el entramado productivo, dejando al productor expuesto al “libre mercado” y al poder de la gran industria. En ese contexto, afirmó que hoy resulta más rentable emigrar que permanecer en la chacra: ejemplificó que un productor con 15 hectáreas de yerba antes podía adquirir una camioneta 0 km con su producción anual, mientras que actualmente 100.000 kilos apenas representan unos 7 millones de pesos.
El impacto social, advirtió, ya es visible. Según relató, trabajadores rurales y jóvenes están emigrando masivamente a Brasil, especialmente a estados como Santa Catarina y Mato Grosso, ante la falta de trabajo y de ingresos en Misiones. Incluso detalló que, con experiencia mínima, en apenas tres meses de trabajo agrícola en Brasil se pueden obtener ingresos muy superiores a los que hoy deja la yerba mate en un año. En contraste, describió a productores endeudados con impuestos, servicios y comercios, sin margen para sostener la actividad.
En ese marco, el dirigente sostuvo que, si bien él logra sostenerse por provenir de una familia con varias generaciones en la actividad, los pequeños productores y los jóvenes que apostaron a volver a la chacra están en una situación desesperante, sin posibilidades reales de subsistir con 20 o 30 hectáreas de tierra. “Hoy se pasa hambre”, resumió.
Consultado sobre la unidad del sector, Petterson reconoció que hay sentimientos encontrados, con productores y trabajadores que aún mantienen expectativas en el Gobierno nacional, aunque llamó a dejar de lado el fanatismo político y a mirar la economía cotidiana. En ese sentido, sostuvo que históricamente el centralismo no dio respuestas a las provincias, y que la prioridad debería ser garantizar el sustento diario de las familias rurales.
El referente recordó que, hasta fines de 2023, el sector venía sosteniendo precios que, aunque no acompañaban plenamente la inflación, permitían seguir produciendo. Detalló que el kilo de hoja verde llegó a pagarse entre 350 y 400 pesos, pero que luego cayó abruptamente, primero con pagos diferidos y finalmente con cheques que hoy ni siquiera tienen fondos. A su entender, la crisis no fue heredada, sino que responde a una estrategia de la gran industria, orientada a vender volumen y no calidad, lo que termina perjudicando a toda la cadena.
Finalmente, Petterson reclamó que el Gobierno nacional cumpla con los fallos judiciales vigentes y devuelva al INYM sus potestades, permitiendo fijar un precio base de resguardo. Señaló que, con costos que rondan los 430 o 435 pesos, no se trata de ganar dinero, sino al menos dejar de perder para poder cosechar. Advirtió, además, que la paciencia del sector se agota y lanzó una advertencia: el productor, dijo, suele ser dócil, pero “no esperen verlo enojado”, porque las consecuencias podrían ser imprevisibles.




