La consigna presidencial de que “no hay plata” dejó de ser un eslogan para convertirse en un dato duro en las finanzas provinciales. En Misiones, la “caja” se achicó un 13% real durante el primer semestre de 2025, en comparación con el mismo período de 2023, como consecuencia directa del ajuste fiscal nacional, la recesión económica y la caída de los recursos coparticipables.
Así lo señala un informe elaborado por Marcelo Capello y Gaspar Reyna, responsables del área Fiscal del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL de la Fundación Mediterránea), en base a datos de la Dirección Nacional de Asuntos Provinciales (DNAP). El estudio advierte que la contracción de los ingresos no fue un fenómeno aislado: en el consolidado de provincias, la caída acumulada de recursos alcanza el 13%, con la única excepción de Neuquén, impulsada por la renta hidrocarburífera.
En el caso de Misiones, la merma de fondos se ubicó exactamente en línea con el promedio nacional. Los ingresos totales reales retrocedieron un 13% entre el primer semestre de 2023 y el mismo período de 2025, reflejando el impacto combinado de la recesión, la caída de la actividad económica, el freno al consumo y la política de fuerte contención del gasto aplicada por la Nación.

Misiones frente al NEA
La comparación regional muestra que el golpe fiscal fue generalizado en el Nordeste Argentino. Corrientes registró una caída cercana al 9% en sus ingresos reales, Chaco enfrentó un escenario aún más complejo al combinar caída de recursos con déficit financiero, mientras que Formosa y Santiago del Estero también exhibieron retrocesos significativos. En ese contexto, Misiones aparece como una de las provincias del NEA que logró sostener cierto orden fiscal, aunque sin escapar al deterioro de la recaudación.
El informe del IERAL subraya que la caída de ingresos provinciales no solo responde a menores transferencias discrecionales, sino también al enfriamiento de impuestos ligados a la actividad económica, como Ingresos Brutos, Sellos y otros tributos asociados al consumo y la producción.
Menos obra y contención
La contracción de la “caja” obligó a Misiones a aplicar un ajuste del gasto. Según los datos del informe, el gasto total real de la provincia cayó un 13,9% entre el primer semestre de 2023 y el de 2025. El recorte fue particularmente fuerte en el gasto de capital, que se desplomó un 66,9%, reflejando la paralización de obras públicas ante la menor disponibilidad de fondos.
En paralelo, el gasto corriente también se redujo, aunque de manera más moderada, con una baja del 6%, mientras que el gasto en personal cayó un 17,5% real, ubicando a Misiones entre las provincias que más ajustaron salarios públicos en términos reales en los últimos dos años.
Este patrón se repite en buena parte del país. A nivel consolidado, las provincias redujeron el gasto un 13,7%, con una caída del 9,5% en el gasto corriente y un fuerte recorte del 43% en el gasto de capital, confirmando que la obra pública fue la principal variable de ajuste frente al nuevo escenario fiscal.
Comparación nacional
El informe del IERAL muestra que solo Neuquén logró aumentar sus ingresos reales en el período analizado, con una suba del 16%, mientras que provincias como Mendoza (-23%), Tierra del Fuego (-20%) y Buenos Aires (-15%) enfrentaron caídas incluso mayores que Misiones. En este contexto, el ajuste provincial aparece como una consecuencia directa del reordenamiento fiscal nacional y de la decisión del Gobierno central de sostener el superávit a costa de una menor asistencia a las jurisdicciones subnacionales.
Capello y Reyna advierten que, si el gasto provincial vuelve a crecer por encima de la inflación, se reducirá aún más la posibilidad de avanzar en una reforma tributaria que alivie impuestos distorsivos. Por ahora, la realidad es contundente: con menos recursos disponibles, las provincias -incluida Misiones- se vieron obligadas a achicar el Estado, frenar inversiones y administrar la escasez en un contexto económico todavía recesivo.

Advierten que la forestoindustria está olvidada y en estado crítico
La profunda crisis que atraviesa la forestoindustria argentina quedó expuesta con el concurso preventivo de acreedores de Forestadora Tapebicuá, paralizada desde agosto y con una deuda estimada en $11.500 millones. Sin embargo, para el consultor internacional en industrias agroforestales Ronald Vera, se trata apenas de “la punta del iceberg” de un colapso mucho más amplio que afecta a todo el sector.
El especialista describió un panorama crítico, atravesado por el abandono del Estado nacional y un contexto global desfavorable. “Es evidente que las economías regionales que no están dentro de lo que el Presidente mencionó en su discurso de fin de año quedaron fuera de la lupa del Gobierno”, sostuvo Vera, al señalar que la forestoindustria comparte el mismo destino que otras actividades periféricas. A ese escenario se suma la debilidad de la demanda internacional. Según explicó, las principales economías compradoras no logran traccionar el consumo necesario para sostener los niveles de producción locales. “El diagnóstico hoy es crítico. El sector forestoindustrial está en estado de máxima tensión”, advirtió.
Vera remarcó que cámaras empresarias, sindicatos y entidades técnicas elevaron reiteradas alertas a las autoridades nacionales, sin obtener respuestas concretas. Esa falta de atención, afirmó, ayuda a explicar situaciones extremas como la de Tapebicuá, que busca un inversor para intentar reactivar su actividad en un plazo de 90 días.
En cuanto a los costos, identificó tres factores que ahogan a la industria. El primero es la materia prima, que supera el 50% del costo total y se comercializa con condiciones de pago muy exigentes. El segundo es el combustible: una máquina cargadora puede consumir entre 10 y 15 litros de gasoil por hora y operar hasta 18 horas diarias. El tercer factor es la energía, un rubro que algunas empresas intentan amortiguar con generación propia a partir de biomasa o paneles solares.
Finalmente, el consultor cuestionó el discurso oficial sobre la inflación y sostuvo que se la contiene “acogotando la demanda” por la falta de consumo, más que por un aumento real de la producción. Frente a este contexto, planteó que la única salida posible es mejorar la eficiencia productiva mediante tecnología e inversiones, y advirtió que la brecha con países como Brasil -donde la productividad por trabajador triplica a la argentina- muestra la magnitud del desafío que enfrenta el sector.









