Maradona se fue el mismo día que su admirado Fidel Castro

El 25 de noviembre de 2016 fallecía el caudillo cubano. Exactamente cuatro años después, seguía sus pasos el astro argentino.

25/11/2021 07:10

Como un guiño del destino, Diego Armando Maradona -tras sortear múltiples “defunciones” y “resurrecciones”- terminó falleciendo un 25 de noviembre, el mismo día -aunque cuatro años después- que el líder cubano Fidel Castro.

Maradona fue confeso admirador de Fidel, al punto de que aquel 25 de noviembre de 2016, cuando supo de su fallecimiento, confió que “fue como un segundo padre para mí”.

“Estoy muy triste. Murió un amigo, alguien que me ayudó mucho en Cuba. Fue un gran consejero. Fidel fue como un segundo padre para mí”, reconoció Maradona en ese momento.

 

¿Por qué Diego Maradona fue tan importante?

El mito del fútbol nos dejó hace ya un año, y el recuerdo de su legado no deja de estar presente no solo en el mundo del fútbol, sino en la sociedad también. Diego Maradona permanecerá como un símbolo de nuestro país y del planeta. Pero realmente hay un trasfondo cultural que traspasa las fronteras del fútbol y es la razón por la cual este personaje está impregnado tan fuertemente en el recuerdo de millones.

Empezamos por los motivos más obvios y conocidos por la mayor parte de la gente: el fútbol. Nada de lo que se diga en este espacio va a ser diferente de las millones de réplicas, historias y elogios que se le echaron a Maradona desde que empezó a deslumbrar primero en Argentina, con 16 años, en su club formador de Argentinos Juniors. Todos sabemos que fue uno de los tres mejores jugadores en la historia del deporte rey, pero lo que a veces damos muy por sentado, es el contexto en el que realizó todas sus hazañas.

En la época de Maradona, aún no existían técnicas avanzadas para cuidar el gramado de los campos de fútbol. Esto hacía que la gran mayoría de estadios (por no decir todos) tenían terrenos irregulares, con pedazos de campo sin césped, a veces tan duros como el cemento por la sequedad del suelo, o excesivamente mojados por no contar con sistemas de drenaje de aguas. Ni siquiera en una Copa del Mundo como la de México 86, se contaba con canchas a la altura del evento.

Realizar los controles que hacía Diego, sus corridas, con la pelota siempre pegada al pie, y los pases milimétricos era aún más difícil visto el estado de las canchas. Es inimaginable lo que hubiera podido hacer en los campos en los que se juega hoy en día.

Dicho esto, pasamos a hablar de lo que fue el carácter de Maradona en las canchas. Para cualquier aficionado al fútbol, es casi inevitable caer en una suerte de enamoramiento por la manera en la que el 10 transmitía su pasión por el juego. A Maradona no le bastaba con su talento, sino que además el esfuerzo que realizaba en el campo superaba todos sus límites físicos.

Maradona nunca cambió su forma de jugar desde que empezó a patear la pelota en su natal Villa Fiorito, uno de los asentamientos más pobres de la Argentina. Y la conexión que tiene con la gente de estratos sociales populares es sobre todo esa: que Maradona nunca dejó de dar la impresión de seguir siendo el chico de Villa Fiorito.

Maradona por sobre todas las cosas era una persona simple y a quien le gustaba disfrutar de lo ordinario, sobre todo en la última etapa de su vida después de haber pasado por tantos excesos. Es conocida su afición por los juegos de cartas como el póker. Pero uno de los favoritos del clan Maradona a lo largo de concentraciones es el truco, un juego casi igual de argentino que Maradona, y su preferido de los juegos de casino: el popular blackjack.

Además, siempre se posicionó también frente a injusticias sociales, y frente al poder abusivo de las instituciones del fútbol. En Nápoles siempre vocalizó su descontento por como trataban los italianos del norte a los napolitanos ya que llegaba a ser una discriminación explícita.

Maradona también era una persona que, ante la adversidad, crecía. Convertía momentos de debilidad en su combustible, lo hizo en Italia, al convertir a un equipo que peleaba por el descenso en dos veces campeón de Italia y una vez de Europa. Lo hizo en el Mundial de México 86, cuando Argentina estaba lejos de ser considerada candidato al título y estaba siendo criticada por sus propios compatriotas.

Es casi inevitable que una gran parte de la población se apropie de estos trazos de personalidad, lo que explica la importancia del personaje en la sociedad. Incluso con los errores, Maradona llegó a ser abiertamente confeso de todas las decisiones en su vida que llegaron a afectarlo negativamente y por las que siempre se lo criticó incluso después de su muerte. Este mea culpa que se repitió en numerosas ocasiones en público es lo que termina de cementar su simpatía en la gente. Maradona nunca se escondió de las críticas, y cuando le tocó pedir disculpas, siempre bajó la cabeza.

Fue la primera super estrella del fútbol. No tuvo vida privada, se sabía todo de él. El fanatismo exacerbado de la gente resultó en que no pudiera tener una vida tranquila. Donde fuera, montañas de aficionados se le tiraban encima. Por eso sucumbió ante placeres oscuros. Convertimos al personaje en una víctima, a Diego en Maradona. Y como bien dijo su entrenador personal de toda la vida, e íntimo amigo, Fernando Signorini: “Con Diego voy hasta el fin del mundo, pero con Maradona no voy ni a la esquina”.

 

El último revolucionario

Un tirano con mano de hierro o un líder sensible con las necesidades de su pueblo. Fidel Castro era el último superviviente de la Guerra Fría y seguramente el actor político del siglo XX que más veces estuvo en boca de la geopolítica a lo largo de sus 48 años de mando absoluto en Cuba.

Estrenó su poder caudillista el 1 de enero de 1959 tras derrocar a tiro limpio al régimen de Batista. Ni siquiera en el ocaso de su existencia, después de que una enfermedad lo apartó del Gobierno en 2006, desapareció su influencia en una isla que siempre se le quedó pequeña, pues Castro la concebía como una pieza de ajedrez en la gran partida de la revolución universal, su verdadero objetivo en la vida.

Castro tenía 90 años al fallecer. Su hermano, el presidente Raúl Castro, anunció su muerte en un mensaje de televisión. “Con profundo dolor comparezco para informarle a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy 25 de noviembre del 2016, a las 10 y 29 horas de la noche falleció el comandante en jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz”.

Pero tras incontables muertes periodísticas anunciadas desde Miami, además de 650 intentos frustrados de atentado, incluidos planes de la CIA con batidos de chocolate con cianuro y trajes de bucear rociados con bacterias asesinas, puede decirse que el fallecimiento real del líder cubano ya casi ni fue noticia.

Símbolo para unos de soberanía, dignidad, solidaridad y justicia social, el líder cubano también era para muchos la encarnación del mal, un dictador megalómano y cruel que no soportaba la crítica. Bajo su gobierno, más de un millón y medio de cubanos abandonaron la isla por razones políticas y económicas, y se radicaron principalmente en Miami (Estados Unidos).

Irreductible enemigo de Washington, Fidel levantó un régimen comunista a poco más de 150 kilómetros de las costas de Estados Unidos, que en vano trató de doblegarlo con un embargo todavía vigente y decenas de atentados fallidos.

Había cumplido los 90 años el 13 de agosto. La vejez y las secuelas de la enfermedad lo habían diezmado, pero seguía ejerciendo gran influencia con su sola imagen o a través de esporádicos artículos de prensa.

En sus últimos años, el líder socialista se había obsesionado con el calentamiento global, el riesgo nuclear, la sobrepoblación mundial, la preservación de la paz y el rol de Estados Unidos en un mundo multipolar.

Fidel Castro llegó a ser el más antiguo gobernante en ejercicio en el mundo y bajo su régimen nació el 70% de los más de 11 millones de cubanos contabilizados en 2016. Antes de morir vio pasar a once presidentes estadounidenses.