Vivió en la calle y lleva a su hijo a la Universidad para no abandonar los estudios

Andrea Blanco Plenk (25) quiere ser trabajadora social y está en segundo año. Le faltan tres aún para terminar la carrera, pero asegura que no va a bajar los brazos para que todo el esfuerzo anterior no haya sido “en vano”.

17/06/2019 14:22

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Mientras la joven madre estudia, su hijo se sienta al lado a esperar que termine y la imagen enternece a los profesores y compañeros.

Les sacan fotos y las redes sociales se encargan del resto. Sin embargo, detrás de la conmovedora imagen hay una historia de sufrimiento, sacrificio y lucha que aún no termina.

PRIMERA EDICIÓN habló con Andrea Blanco Plenk (25), la chica del retrato que estudia en compañía de su pequeño hijo. El niño se llama Isaías (4) y hasta hace poco sus realidades no eran tan conmovedoras.

Chaqueña de nacimiento, la madre de Andrea no aceptó a la primera hija, Milagros, quien actualmente tiene 9. Desalojada de su hogar, eso la obligó a estar ocho meses viviendo en las calles de Resistencia (Chaco). Fue hasta allí porque la beba necesitaba tratamiento: había nacido con hidrocefalia y requería atención médica especializada.

“Las doctoras conocían mi historia y ellas me daban pañales y leche para la nena. Dormíamos en el hospital o en la plaza”.

 

Actualmente estoy muy enfocada en el estudio, quiero terminar rápido y eso hace que, con las ocupaciones de mi casa y mis hijos, la gran mayoría de las veces me tengo que poner a estudiar a la madrugada. Para atenderlos, me obligo a darme tiempo para todo y por ahí me desvelo.Sinceramente hay noches enteras que no duermo, estoy con ellos hasta que se duermen y recién ahí me voy a un rincón con luz a estudiar”, reveló.

 

La joven explicó además que “cuando uno quiere, salen fuerzas de donde no tenemos. Es pesado, cansador, pero no imposible. Si llego a bajar los brazos, sé que todo lo hecho a hasta ahora será en vano”, sonrió.

 

Las luchas y el apoyo

En cuanto al sostén económico, en este tiempo las cosas fueron mejorando para la chica, ya que cobra una pensión por discapacidad y la cuota de alimentos que le pasa el papá de Milagros.

 

A fines del año pasado me case con un chico de Misiones, quien es el sustento de la familia, un gran compañero y padre de mis hijos”, agregó.

 

Antes de terminar quinto año, tuvo que dejar un año el colegio porque “mi nena había nacido con discapacidad y toda la familia le dio la espalda porque no querían a la niña. Al tiempo, la Municipalidad tomó intervención en mi caso y me alquiló una pieza. Empecé a trabajar realizando trabajos de costura para una tienda y a estudiar”.

“Inclusive cuando estaba estudiando en la secundaria en Villa Ángela (Chaco), a los profesores no les gustaba que lleve a mi nena. En ese entonces tuve el apoyo de mis compañeros, quienes hicieron una cruzada para que no me saquen del colegio. Al tiempo, tuve el apoyo de la psicopedagoga de la escuela, los profesores lo fueron aceptando y así terminé quinto”, sonrió.

“En ese tiempo había conocido a una señora que me ofreció venir a Posadas para trabajar con ella y acá estaba la opción de la Universidad gratuita. Yo quería ser trabajadora social y en el instituto de Resistencia no sólo no me dejaban llevar a mi hija, sino que allá no está la carrera, hay una tecnicatura como asistente social. Acá es mejor en todo sentido”, aseguró Andrea.