Un año después de la agresión fatal a Diego Da Silva, la familia del joven insiste con el esclarecimiento. Creo en Dios y sé que en algún momento deberán rendir cuentas, le dijo a PRIMERA EDICIÓN Claudia Benítez (49), suegra de la víctima.
A las 6 del domingo 23 de octubre de 2016, Diego Da Silva (25) fue atacado por una patota cuando intentó defender a una pareja a la que le querían robar la moto. Recibió un botellazo en la cabeza, golpes y patadas.
Todo ocurrió frente a su casa, en la chacra 96 de Posadas, sobre avenida Ituzaingó, entre Las Heras y Aguado. El muchacho fue arrastrado por sus agresores hasta la mitad del asfalto, dejando a su paso charcos de sangre.
Su familia fue testigo de todo lo ocurrido. Le dieron patadas en la cabeza, en el estómago y mi sobrina y yo nos tiramos sobre Diego para protegerlo, porque lo iban a matar en ese momento y no solo era la vida de Diego, pudieron matar a mi sobrina que lo defendió, recordó Claudia Benítez (49), suegra de Diego Da Silva.
Diego fue trasladado al Hospital Madariaga donde se constató que presentaba fractura de cráneo, estuvo internado por más de dos meses pero las lesiones fueron irreparables. Finalmente falleció en la mañana del miércoles 18 de enero de 2017.
Transcurrió un año y la familia de Diego recibió en su casa a PRIMERA EDICIÓN. Sus seres queridos aseguran que actualmente conviven con los asesinos porque ellos siguen en la chacra 96; los veo caminar por la calle, esperando el colectivo o tomando tereré. Diego dejó tres hijos por ayudar a unos extraños, pero nadie hizo nada por él y todo quedó en la nada, entonces para mí la Justicia no existe. Lo vi agonizar. Su muerte fue en vano, lamentó su suegra.
Una vida sobre el asfalto
Eran unos catorce o quince muchachos que atacaban a unos chicos, le querían robar la moto frente a nuestra casa, recordó Claudia Benítez en diálogo con este diario.
Esa mañana, Diego descansaba junto a su familia cuando escuchó los gritos que provenían de la vereda, ubicada sobre la avenida Ituzaingó. No dudó y salió a ver qué ocurría: vio al grupo golpeando a una pareja. Estaban tirados en el cordón cuneta y él (por Diego) intentó hablar con los agresores. Pero no hubo caso.
Según Benítez, el primer golpe fue en la cabeza. Le partieron un botellazo, contó. Entonces, Diego cayó al suelo, donde fue brutalmente golpeado.
Hoy si me toca defender a un extraño que es atacado, yo elijo no hacerlo. Lo lamento mucho, pero Diego intentó hacer el bien y terminó de la peor forma, y la gente a la cual ayudó jamás se acercó, lo hizo en vano, lamentó Benítez.
La mujer contó que su yerno trabajaba como albañil y era padre de tres niños de dos, seis y siete años. El joven era la principal fuente de ingreso, pero ahora mi hija tiene que resolver todo sola, con tres niños.
Tras la muerte de Diego, Benítez contó que tanto ella como su hija sufren de constantes pesadillas. A veces me acuesto y sueño con la sangre sobre el asfalto, revivo cómo lo mataron a Diego. Es que a nosotros nadie nos brindó ayuda psicológica. Siento impotencia, reclamo justicia para Diego porque no hicieron nada, recalcó.
Claudia fue triste testigo de los hechos y, gracias a eso, logró reconocer en rueda de personas a tres de los autores. Como eran menores, fueron liberados y siguen por la vida haciendo sus desmanes. Yo pregunto ¿esperan que ocurra otra muerte? Eso parece, porque nadie se hace cargo de nada. Los padres deberían hacerse cargo, responsabilizarse por los hijos que criaron, se lamentó la mujer
La causa en su momento tuvo a un menor, de quince años, demorado. Sin embargo, poco después fue puesto bajo la custodia de sus tutores. Luego arrestaron a un joven, el cual recuperó la libertad.
Sabemos que no hay nadie detenido por el crimen pero también creo que los asesinos no descansan porque la conciencia les debe pesar, sentenció Benítez.
Claudia asegura que la banda completa continúa residiendo en la chacra 96.
Estamos conviviendo con los asesinos de Diego, los cruzo en la calle y para ellos es como si nada. La mujer aseguró que fue amenazada en más de una oportunidad pero no tiene miedo.
Ya no, porque no me interesa más nada y no creo en nuestra Justicia, solo creo en Dios y sé que en algún momento deberán rendir cuentas, finalizó.
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