Un maletín desordenado cargado de papeles con viejas anotaciones, libretas, bolígrafos, papelitos con desconocidos números y un auricular remendado era todo lo que necesitaba en su trabajo, así como una cerveza fría todas las noches para cerrar una agitada jornada.Algunas veces esperaba el texto de esa joven mujer cuyas palabras lo rescatarían -una noche más-, de la soledad de su habitación. Su vida no era muy compleja y estructurada, más bien simple y predecible. La noche y las brillantes marquesinas lo hicieron de muchos amigos con quienes compartían acaloradas charlas de actualidad y posteriores análisis filosóficos, así como de sensuales sonrisas que deseaban pasar un buen momento y lo inviten a una copa. Aunque los transeúntes al pasar veían una sombría silueta encorvada en una mesa, tal vez de algún bohemio como cualquier otro que se encuentra en todos los bares.Pero lo que muchos ignoraban es que ese hombre, que se sentaba todas noches a la mesa del bar era un periodista admirado por sus pares y respetado por políticos, referentes de la cultura, deportistas y prestigiosos hombres del medio.El protagonista de esta historia tenía un trabajo que lo apasionaba y era muy bueno en ello. Por la mañana comenzaba su programa de radio donde realizaba notas que al otro día serían titulares en todos los periódicos. Su secreto era manejar los tiempos en una entrevista y saber el momento en que haría aquella pregunta que tal vez, otros no se atreverían o simplemente el entrevistado se resista a responder. Por la tarde se sentaba en la pequeña redacción de su diario digital, donde con un grupo de colegas quienes brindaban las primicias exclusivas en la provincia. Él siempre se sintió muy seguro y el mejor en lo que hacía porque desde niño siempre le apasionó el periodismo y contar lo que otros callaban, siempre el interés por su trabajo siempre estuvo por encima de cualquier otro interés, además nunca tuvo miedo a quien tuviera en frente, él siempre conseguiría sacarle hasta su más callado secreto. Fue así que una tarde tuvo una entrevista muy importante con importante funcionario nacional donde todos los medios se hicieron eco de aquella entrevista, luego que el talentoso reportero lo publicara en su web.- Esto hay que celebrarlo -dijo mientras ponía llave a su oficina y luego dirigirse al bar donde todas las noches hacía un alto antes de ir hacia su alcoba que siempre lo esperaba vacía. Fue así que se sentó y en la silla de a lado, puso su viejo maletín, encendió un cigarrillo y pidió al mozo un vaso, un recipiente con hielo y su mejor cepa. En esa oportunidad, era una noche diferente, por eso no pidió el tradicional vino de la casa. - Felicitaciones por otra gran entrevista -escuchó el periodista una voz que provenía de un oscuro rincón, donde solo se podía ver una sombra que lo mirada de frente y la lumbre de un cigarrillo. - ¿Qué es lo que realmente busca en cada entrevista? -Preguntó ese extraño personaje que pareciera que conocía al protagonista de esta historia. - Busco la verdad, informar lo que ocurre, acercar lo más posible a grandes figuras con el público común y ser reconocido por ello, respondió casi sin ganas de dar explicaciones. De repente, en el aire se pudo percibir un silencio tenso, casi incómodo, el periodista encendió otro cigarrillo mientras degustaba de un fresco vaso de vino, sin quitar por momentos la mirada de ese extraño personaje, que parecía mirarlo.Nuevamente, el desconocido fue a la carga y le preguntó: – ¿Encontraste la verdad en lo sugestivo, en la mercancía de la información, en la conjugación de intereses que en muchos casos tergiversan la realidad? A lo que agregó: – Te puedo enseñar una única verdad que cunado el hombre la descubra dejará de crear personajes mesiánicos alrededor de los políticos, volcarán las frustraciones en torno en idolatrar a deportistas y dejará de buscar sentidos para su vida en estrellas de la música. A lo que el reportero interrumpió:– Es la primera vez que no me interesa saber de alguien, pero te digo que todos los días salgo en busca de la verdad, y aunque muchas veces no la consiga siempre voy a tratar de estar cerca de ella, este siempre será el fin y la esencia de mi trabajo y ese afán de alcanzarla será el motor de esta profesión. Fue así que el periodista volvió a prender un cigarrillo y le preguntó el nombre al misterioso caballero y este le respondió:- Soy la verdad que siempre llega. Soy lo que sucede al final de la vida. Soy lo más real y verdadero que verás. Si descifras el sentido de estas palabras, eres el mejor en tu profesión, porque habrás descubierto lo que nadie se atreve a ver. PorRaúl Saucedo [email protected]





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