EL SOBERBIO. (Enviado especial). El Soberbio volvió a sentir el fantasma de la inundación. Hasta anoche se contabilizaban oficialmente 82 familias entre las evacuadas y autoevacuadas, después de que el río Uruguay llegara a los 17,15 metros a las 14 de ayer. La represa brasileña Foz Do Chapeco desactivó su página en Internet y dejó de emitir datos sobre la cantidad de agua que descargaba en Santa Catarina. Llegó a desagotar 20 mil metros cúbicos por segundo, cuando lo normal es 10 mil y en 2014, con el pico de la creciente, llegó a largar 29 mil. De no caer más lluvias abundantes en la cuenca del Uruguay, el río tenderá a estacionarse y luego a bajar.Hace un año, la población ribereña de El Soberbio, sufrió una de las peores catástrofes naturales y ahora el fantasma volvió a rondar sobre la ciudad. Por ello, 82 familias de la zona del puerto y de los barrios Unión, Maracaná y Chivilcoy fueron evacuadas o se autoevacuaron. Las que tenían casas asignadas en el barrio de los reubicados fueron llevadas al lugar y las otras, al salón parroquial de la Iglesia Cristo Rey, a la Escuela 740 y a casas de familiares.La solidaridad volvió a mostrarse como el eje principal de la emergencia. No faltó la mano de un vecino que se acercó a ayudar a sacar las cosas u otro que puso a disposición su camioneta o camión para acarrear las mudanzas a un lugar seguro y lejos del alcance del agua. También estuvieron los Bomberos Voluntarios, que trabajaron toda la noche, la Policía de Misiones, Gendarmería Nacional y operarios de la Comuna. Se sintió en la gente la desazón por la falta de información oficial sobre el comportamiento del río. La mayoría de los vecinos aseguraron que las autoridades provinciales y locales sabían del agua que iba a soltar la represa Foz do Chapeco, a la hora que lo iban a hacer y a qué hora iba a llegar a El Soberbio. El martes por la noche hubo una reunión entre las autoridades municipales, fuerzas de seguridad, bomberos y vecinos. Pero tras el encuentro no se permitió que se dieran datos para no alarmar a la población y evitar una estampida de mudanzas y desesperación, como sucedió el año pasado. El propio intendente tuvo un cruce muy duro con vecinos que le acercaron los datos que emitían a cada hora y el alerta de la represa brasileña. Hasta hubo un llamado de atención a un oficial de la comisaría local que advertía sobre lo que se venía. Ocho horas después, el agua invadió los dos barrios y alcanzó a más de un centenar y medio de viviendas. Las mismas carasLos damnificados de esta inundación tienen las mismas caras que las del año pasado. Muchos de ellos esperaban la autorización para ocupar sus nuevas viviendas de relocalizados, atrás del exAeroclub, en el kilómetro 3 de la ruta provincial 13. En la recorrida que realizó PRIMERA EDICIÓN por la zona afectada, se encontró con algunos vecinos que habían sufrido la inundación del año pasado, pero que no fueron beneficiados con viviendas. Es el caso de Baldomiro Do Santos (75), que vive con su esposa y una nieta. Su casa fue destruida por la inundación y no recibió ningún beneficio para reconstruirla. Hoy alquila una vivienda en otra zona de la ciudad, hizo todos los papeles y trámites pero, como no habían pedido, nunca le avisaron nada. Ayer fue al viejo vecindario a ver a sus familiares afectados. Otro caso es el de Gisella Toñon. Contó que vivía con su esposo en una casa que se inundó. “A nosotros nunca nos dieron ayuda, tampoco nos designaron vivienda. No sabemos si nos van a dar. Fuimos y nos anotamos como los otros. Ahora alquilamos una casa con otro matrimonio joven y vamos a comenzar a sacar nuestras cosas porque está llegando el agua. Si bien la casa está en la parte alta, el agua puede llegar hasta ahí”. El barrio Chivilcoy fue más afectado que el Unión, pero como en ese lugar los vecinos están mejor organizados y la infraestructura edilicia es de mayor calidad, aguantan más los embates del agua. Pero el 70% de los damnificados proviene de ese conglomerado habitacional. Atada a un árbol En el barrio Unión, cerca del río, Martín Fonseca miraba cómo su casa estaba cubierta hasta la altura de las cabreadas y se bamboleaba de un lado para el otro porque estaba atada con una soga a un frondoso árbol. Hace un mes fue entrevistado por PRIMERA EDICIÓN y esperaba la oportunidad para ir a vivir a la casa que le asignaron en el nuevo barrio. Contó que “ayer a las 20 recorrimos la orilla con otros vecinos y estaba bien. Buscamos información con la Policía y los políticos para ver si podía venir una nueva inundación y dijeron que era mentira lo que decían las radios locales. A las cuatro de la mañana tuve que salir a buscar un auto y lugar para llevar mis cosas. Me dijeron que vaya a la vivienda del barrio nuevo, pero no pudimos entrar por el barro, entonces llevé a la casa de un familiar. Tuvimos que sacar las últimas cosas con el agua adentro y atamos la casa por un árbol para que no se vaya, porque el agua la levantó”. Aseguró que “ya no voy a volver, voy a ir a la casa con mi familia. Esta es la tercera inundación que sufrimos. En el nuevo barrio no hay agua ni electricidad. Hay que buscar agua con balde y para la luz hay que engancharse de manera precaria, pero Emsa no quiere permitir eso”. Según datos recogidos, están listas la mitad de las viviendas que anunció el Gobierno que iba a construir para los afectados. Falta conectar la energía y el agua y, en algunos casos, elementos del baño.




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