POSADAS. Historias de misterios y amores prohibidos es lo que se puede leer en las 145 páginas de “Aamori y el mapa de los vientos” del periodista César Cucchiaroni. A lo largo de sus páginas, retrata la vida en un pueblo de frontera, que es atravesada por innumerables recursos humanos.Con ilustraciones de Juan Nuñes, el libro será presentando en sociedad en la Casa de Gobierno, aunque ya se lo puede adquirir en la librería Tras los Pasos, Bookstar y en la librería virtual de la editorial Dunken.Impreso por dicha editorial de Buenos Aires y con la corrección de Alfredo Pauluk, es una lectura que invita a soñar con mundos inimaginados, donde los personajes casi recobran una verdadera conexión con el mundo actual. El periodista y escritor dijo a PRIMERA EDICIÓN que “lo que te estoy contando hasta puede sonar bizarro, pero te aseguro de que suele ser más habitual de lo que pensamos. La gente tiene una imperiosa necesidad de creer y muchas veces transita por senderos tan místicos como extraños”.El tema es por demás apasionante y hay experiencias que quedan para siempre en los recuerdos. “Cuando era chico, frente a mi casa vivía una señora que se dedicaba al rito umbanda. No me olvido más de el día que entré a su casa y observé una de las ceremonias. En una habitación había un hombre oficiando de pai, supuestamente prestándole su cuerpo a una entidad espiritual que hablaba a través suyo. Recuerdo perfectamente que enfrente tenía una mujer a la que le estaba vaticinando sus males. Hablaba en un extraño portugués y fumaba un enorme cigarro”, retrato al recordar su historia de niñez. “En otra oportunidad, uno de los chicos que habitaba en esa casa salió corriendo por la calle, fuera de sí. De pronto comenzó a forcejear con un auto estacionado, como si pretendiese levantarlo. Detrás suyo salió su abuela, quien intentaba tranquilizarlo o exorcizarlo. Es que, según comentaron después, había incorporado a un orixá, como se denominan a los dioses africanistas”, indicó.Entre la fe y las creenciasAdentrarse en el mundo de la fe y de las creencias es sin dudas apasionante. Muchas de las historias que aparecen están basadas en hechos reales, en anécdotas que le contaron al autor o, incluso, en experiencias personales. “Algunas de ellas hasta dudé en incorporarlas por temor a que el relato se aleje demasiado de la realidad. Entre ellas, un diálogo con un supuesto espíritu de nombre Samanta que unos amigos mantuvieron a través del juego de la copa. Finalmente decidí incluirlo de forma textual, tal cual ocurrió”, agregó. Pero más allá de estas historias sobre las que generalmente solemos escuchar, hay otras cuestiones más sutiles que muchas aparecen a nuestro alrededor casi sin que nos demos cuenta. “Por ejemplo, ¿sabías que algunas personas que simpatizan con cultos africanistas plantan en sus jardines o en los frentes de las casas determinadas especies de árboles que, supuestamente, atraen a sus dioses? Por ejemplo, dicen que la carqueja y el palo santo convocan a los espíritus de luz vinculados a Ogun. Y la albahaca anisada, los bananeros y la hierba de San Juan atraen a los espíritus de Xangô”, ejemplificó Cucchiaroni. Todas estas tradiciones y corrientes vinculadas con la fe se mezclan con el imaginario popular y es allí donde la cuestión se vuelve más interesante y rica. La historia y sus detallesBranca es una jovencita como tantas, con las emociones a flor de piel y con un particular vínculo con el más allá. De pequeña estuvo familiarizada con las prácticas espiritistas que al final la dejaron atrapada en un mundo de sombras. “Claro que la tarea de esa madre desesperada por ayudar a su hija no será fácil. Alguna vez te preguntaste ¿a dónde van a morir las ráfagas? Suena como una quimera, pero el sólo hecho de plantearse la inquietud habla de una búsqueda profunda y sin fin; casi una metáfora sobre el destino”, dijo. Aamori se pasará toda la novela caminando detrás del viento. Buscando. Añorando recuperar la paz y encontrar las respuestas a muchos interrogantes. Siente que su alma está resquebrajada, tanto como su cuerpo. Los años la fueron marcando por dentro y por fuera. Un día descubre que su piel ya no es la misma. Ya no se siente deseada. Incluso Tomás, su marido, ahora la desprecia con la misma intensidad con la que la había amado en su juventud. El hombre cree haber sido traicionado y no está dispuesto a perdonar. El resentimiento y sus propias inseguridades lo irán convirtiendo en un ser dañino, oscuro. Incluso, adoptará extrañas costumbres, como la de asistir a todos los velatorios que haya en el pueblo. Junto a él llevará a Benito, el más pequeño de sus hijos. A su corta edad, el niño habrá besado a más gente muerta que viva. “Por qué y para qué no te lo puedo anticipar, porque son aspectos que se van revelando al final de la historia. Pero varias cosas te van a sorprender”, asegura el autor. En el caso de “Aamori”, no todo es oscuridad. Algunos seres de luz se cruzarán en su camino, tales como una vidente y un brujo espiritista, similares a los que cualquiera de nosotros podríamos encontrar a la vuelta de la esquina. Entre todos tratarán de expulsar a las fuerzas que se adueñaron de una familia que apenas sobrevive con el esfuerzo de su trabajo, en la frontera misionera con Brasil. Quizá con suerte también puedan develar otros misterios, como el extraño caso del cadáver de Elena, la difunta hermana de Aamori. De manera extraña, su cuerpo permanece incorrupto, como si estuviera momificado, como si en cualquier momento fuera a resucitar para saldar alguna cuenta pendiente. De hecho, fue Elena la que durante buena parte de su vida se había dedicado a trazar el mapa de los vientos. Cada vez que alguien moría en el pueblo, la mujer señalizaba el sentido en el que corrían las brisas para, de esa manera, anticiparse al destino. Dicen que donde mueren los vientos se esconden los espíritus errantes. Hallarlos será el desafío y la única opción para ahuyentar al mal.





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