POSADAS. Cuando Raúl Francisco Silva habla sobre el campo, inmediatamente se nota que conoce como pocos la temática. No podría ser de otra manera, este hombre nació, vivió y vive rodeado de campo, aún en la ciudad. Es dueño de una de las únicas talabarterías de la zona donde, según dice, “un hombre entra y sale con todo lo que necesita para el gaucho y el caballo”.Los elementos que hay en el negocio que visitó PRIMERA EDICIÓN avalan sus dichos. Literalmente hay todo lo que se necesita en el rubro: cuchillos, botas, monturas, protectores de lluvia para gauchos y caballos, herradura, etc. Silva es propietario de este negocio desde hace más de treinta años y se inició “por el conocimiento que tengo del campo, de tanto andar. Pensé porqué no tener una talabartería si conozco todo lo que el hombre de campo necesita y así empecé. Yo no tuve maestros, todo lo que aprendí fue como hombre de campo, al que no creo que le cueste mucho aprender algún oficio, porque se arregla con las manos y con un cuchillo ya tiene una herramienta”, relató este hombre que está cerca de cumplir los 70.Un poco de su vidaRaúl Francisco Silva nació en Entre Ríos en 1945 en una zona rural, como no podía ser de otra manera. Allí aprendió todos los oficios inherentes a su lugar de nacimiento y a los 18, ensilló su caballo y fue en búsqueda de nuevos horizontes. En ese camino tuvo trabajos de lo más diversos, pero siempre relacionados con las tareas del campo: “Fui soldador de rieles de trenes, un trabajo que me llevó por todos lados, después me fui para Oberá donde trabajé de carnicero, también un oficio de campo. Más adelante me transformé en un albañil y hacía remiendos de zapatos para gauchos y así. Después se me ocurrió el negocio de la talabartería”. Su trabajo es reconocido, “me han dicho viajantes que recorren el país que el único lugar donde se consigue de todo tanto para el hombre como para el caballo es solamente acá”, reconoce orgulloso. Tan de campo es que siempre anda provisto de su cuchillo en el cinturón, “a veces ando por el centro y me doy cuenta que lo tengo y rápido lo guardo en el bolsillo. Pasa que para mí es una herramienta de trabajo”. Vive en la ciudad pero tiene seis caballos desperdigados por campos de amigos. Su preferido es “El Toro”, “hay pocos caballos como él. Lo tengo todavía pero ya está viejo, no hace más el trabajo que hacía antes. Está jubilado”, asegura sobre el animal. Ha realizado cabalgatas por toda la Mesopotamia y todos los 3 de diciembre sale hacia a Itatí en caballo a agradecerle a la Virgen por todas las bendiciones. Él hace la procesión a su manera.Pese a que la ciudad inunda cada rincón, él asegura no extrañar el campo. El porqué es claro: “Vivo en el campo acá, adentro de mi casa, en la ciudad. Viene un cliente, que es gente de campo, y conversamos sobre nuestros festivales y caballos. Acá tengo todo lo que necesito”.





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