SAN IGNACIO. Una médica del hospital de esta ciudad tuvo que judicializar un caso de una beba mbya guaraní para que pueda ser operada, ya que sufre de una cardiopatía congénita, según confirmaron fuentes médicas a PRIMERA EDICIÓN. El caso se conoció ayer, luego de la internación de la niña en el hospital de Pediatría “Dr. Fernando Barreyro” de Posadas, donde fue atendida por el médico especialista Lisandro Benmaor. Justamente el doctor contó a este diario que la beba “tiene el diagnóstico de una cardiopatía congénita de Ductus, que es una arteria que al nacimiento debe cerrarse, pero en algunos pacientes no se cierra y da problemas, que por lo general son respiratorios o nutricionales, porque se cansan mucho y no pueden aumentar de peso y talla”.Si bien es una cirugía, según la experiencia de Benmaor, se trataría de un caso con excelente probabilidad de recuperación inmediata. Sin embargo, la niña llegó al hospital con un cuadro de desnutrición e infecciones en la piel: “Lo complicado con esta bebita es que la vi muy desnutrida, con infecciones en la piel, y esto es algo que nos puede retrasar o suspender la operación a corto plazo. Mañana (por hoy) la tengo que volver a ver y conocer la opinión pediátrica, es decir, el informe de los colegas que también la están atendiendo”.Consultado sobre cómo se enteró del caso, el médico explicó que “esta nenita ya tuvo internación previa hace un mes atrás, que fue cuando le hicimos el diagnóstico de la cardiopatía y le explicamos a sus familiares (padres y abuelos) que requiere cirugía cardiovascular, que por suerte es de baja complejidad, ya que el pronóstico es excelente y que incluso ya tenemos una turno para el 27 en el Instituto Cardiológico de Corrientes. Por lo general son cirugías que las complicaciones que puedan surgir están minimizadas y a los pocos días ya pueden estar nuevamente haciendo una vida normal”. Dos o tres casos por añoBenmaor contó que “los padres se negaron a hacerle la cirugía y la pediatra de San Ignacio tuvo que judicializar el caso, es decir, hubo que denunciar en el Juzgado de Menores para hacer la cirugía cardiovascular. Ya está todo en marcha, pero de igual manera voy a volver a hablar con los padres”. Y agregó: “En la primera internación de la bebita, los papás ya se habían negado a la posibilidad de la cirugía, pero esa vez les expliqué bien y en ese entonces me dijeron que sí la iban a operar. Pero se fueron a la aldea y nunca más regresaron”. El de esta beba no es un caso aislado: ya hubo en la provincia otros como el de Julián Acuña y su hermanito Agustín, quienes en 2006 protagonizaron una historia parecida y que resonó en todo el país. En ese caso, luego de muchas idas y vueltas, el Consejo de Ancianos de las comunidades mbya guaraní de Misiones autorizaron la intervención de la “medicina blanca”.“En varias oportunidades ya tuve que intervenir y no sólo con los aborígenes, sino también con otras personas que no querían operar a sus hijos por diferentes motivos (religiosos, entre otros). Ya hubo padres que rechazaron la cirugía y uno tiene que empezar a contarles los riesgos que van a tener de no hacerlo, les comenta las probabilidades de la curación, pero así y todo hay padres que no entienden y se convierten en casos judicializados. El chico, al no tener posibilidad de defensa, son los padres los responsables y si éstos no son aptos por cultura, ignorancia u otro motivo, no queda otra que hacer una denuncia ante el juez de Menores para poder operar”, afirmó Benmaor. El profesional comentó que “me tocó muchas veces explicar a los padres cuáles son los riesgos de no hacer una cirugía, les termino de hablar y me dicen: no quiero”. “Es bravo hablar con los padres, contamos con dos o tres casos como mínimo por año que debemos judicializar porque los padres se niegan, y no hablo solamente de aborígenes. Es más, en este caso no hay riesgo de muerte, pero sí hubo casos muy graves donde los padres rechazan la cirugía y eso ya es mucho más complicado, porque la medicina no respeta los tiempos judiciales”, alertó el profesional. Por último, rescató el trabajo de los promotores de salud y de la pediatra de San Ignacio: “Por suerte hubo un gran movimiento y rápido, la pediatra de San Ignacio estuvo muy bien, se comprometió con este caso, me llamó por teléfono y me comentó que estaba viendo a una paciente, que quería operarla porque los auxiliares (promotores) médicos que la controlaban en la aldea le dijeron que no estaba concurriendo a los controles, entonces fue ella quien dio aviso al sistema médico y también al aborigen”.




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