POSADAS. “Tenemos mucho dolor, nos abrieron el sagrario y desparramaron las hostias, para llevarse el cáliz que nos habían donado de Polonia… Para nosotros este elemento utilizado en la liturgia tenía un valor espiritual y sagrado”. Así comenzó la charla con PRIMERA EDICIÓN el padre Alejandro Cañete, quien está al frente de la parroquia San Roque González de Santa Cruz, ubicada en el corazón del populoso barrio A-4. Dicho templo católico lamentablemente no es la primera vez que es visitado por “amigos de lo ajeno”, al punto de que el anterior sacerdote pidió su traslado justamente por estar “harto de los robos” (ver recuadro). En ese sentido, Cañete recordó que “justamente el cáliz nos había sido regalado por el padre Juan Pielski, quien lo recibió como donación en Polonia. Tiene un profundo sentido para nosotros, representa nuestra labor, nuestro trabajo. Quiero aprovechar para pedirle a los vecinos que se solidaricen con nuestra parroquia y si alguien sabe algo o adquirió este objeto sagrado de buena fe, se puede acercar a la iglesia, ubicada sobre la avenida Juan Manuel Fangio y la calle 186 del complejo habitacional A-4, y se lo compraremos. Se nota que el o los autores del robo no sabían ni dónde estaban, tenemos mucho dolor por la sustracción de ese cáliz y la profanación que hubo”. Drogas, delincuencia y temorEl sacerdote diocesano relató que ayer a la madrugada lo llamaron para avisarle del hecho. “Aprovechando las malas condiciones meteorológicas, para poder hacer ruido sin ser detectados por serenos o vecinos, el o los ladrones ingresaron a la iglesia tras forzar la puerta principal del lugar. Pero antes causaron daños en las ventanas laterales, donde se dieron cuenta de que no podían entrar. De la parroquia se llevaron una impresora, una CPU, un equipo de sonido portátil a batería, que utilizábamos para las fiestas patronales. Lo más valioso y que realmente no sé donde lo van a reducir o vender es el cáliz”, lamentó. “Sin perder tiempo y con ayuda de algunos vecinos, comenzamos a reparar durante la jornada de hoy (por ayer) todos los daños que nos causaron. Aquí en este barrio, en el A-4, hay vecinos que son muy solidarios, pero lamentablemente hay otros que están por el mal camino. Aquí algunos vecinos les roban a otros vecinos, no hay códigos, en las calles hay droga y esto perjudica mucho a la juventud. Lamentablemente los damnificados por los hechos delictivos no radican denuncias, pese a que se sabe muy bien quiénes son los autores. Es más, muchos delincuentes se mueven entre la comunidad sin vergüenza alguna. Existe la problemática de la droga y una situación grave como lo es la falta de trabajo y la falta de cultura o conciencia de trabajo. Para muchos es más fácil salir a robar y vender. Es triste pero es la realidad. Yo creo que los ladrones que entraron a la parroquia buscaban dinero, porque dieron vuelta el lugar, desparramaron todo. Les dieron mala información, porque actualmente nos falta dinero. Es más, tenemos un déficit de 2.500 pesos, así que tal vez los autores del hecho tenían un dato erróneo. Igualmente no bajaremos los brazos y todo lo que reunimos de dinero lo utilizamos para la construcción de un salón de usos múltiples”, aseguró. El sacerdote que perdió la cruzadaEn mayo de 2012, el sacerdote Juan Pielski se reunía con el obispo de la Diócesis de Posadas, Juan Rubén Martínez, para plantearle una grave problemática en el barrio A-4 y que estaba relacionada con una seguidilla de robos en su parroquia. Una seguidilla para nada común, ya que había sido víctima de este tipo de delitos en tres ocasiones en menos de diez meses. Poco después de esta reunión, Pielski perdía la cruzada contra la delincuencia y pedía otro destino. Poco antes de partir, el hombre de Iglesia dialogó con este diario: “Jamás pensé en solicitar un traslado, aunque reconozco que al llegar a esta nueva parroquia tuve cierto temor. Lamentablemente en este barrio hay mucha pobreza, muchos jóvenes con el problema de adicción a las drogas. Es algo terrible con lo que se está luchando. En los dos primeros robos rompieron el vehículo que nos cede el Obispado y sustrajeron numerosos elementos de su interior, mientras que en un tercer robo fue a un sacerdote que estaba de visita. Se llevaron 300 pesos que tenía y varios elementos de adentro del Fiat Uno de color blanco del obispado, al que le destrozaron un burlete para poder acceder. Como no tenemos garage, saltan los muros y rejas, casi siempre de madrugada y cuando todos descansan”.




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