L a aparición en el día de ayer del nieto recuperado número 114 tuvo una trascendencia especial, al tratarse del nieto de la fundadora y titular de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, quien durante 35 años estuvo al frente de la lucha inclaudicable de esa entidad por aclarar los casos de supresión de identidad ocurridos durante la última dictadura militar.Las declaraciones de líderes de todo el arco político nacional y personalidades de diversas áreas de actividad otorgaron a la identificación del joven músico Ignacio Hurban, de 36 años, como el hijo nacido en cautiverio de Laura Carlotto, desaparecida por la dictadura militar; una trascendencia que no siempre alcanzan otros casos similares.Esta notoriedad es sinónimo, sin dudas, del prestigio de una dirigente social como Estela de Carlotto, ganado con el ejemplo de toda una vida entregada a la búsqueda no sólo de su nieto, hoy recuperado, sino de todos los nietos de desaparecidos. Y de su decisión de plantarse dignamente, sin estridencias, pero sin claudicaciones, al frente de la memoria colectiva.La lucha por los derechos humanos y por hacer justicia al período más oscuro de la historia argentina encontró en la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo a una luchadora que une a la firmeza en los objetivos la trasparencia en las formas adoptadas para obtenerlos.Por ello, más allá de sus opciones políticas, ayer la noticia de la aparición del nieto de la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo recogió afecto y solidaridad en todas partes; una señal de reconocimiento a una trayectoria tanto como a la expresión de valores esenciales que son de todos. La experiencia personal de esta abuela y su nieto, el recuperado número 114, no es sin embargo más que un momento de una historia que escapa a cualquier intento de atraparla en la simple anécdota; hay detrás un país que aprende, duramente, a reconocerse en el espejo de un cruento pasado, pero también en una noble apuesta a la esperanza y a la vida.





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