POSADAS. La idea era agradecer. Esa intención fue la que lo llevó al templo, ubicado en la calle San Martín casi Rivadavia la noche del viernes 13 de junio, la misma noche que se desató el incendio. El hombre se encontraba rezando, ensimismado en la oración, detenido en ese momento eterno del encuentro con su Dios. Hasta que de la nada, una mujer ingresa al lugar gritando: “¡Alberto, se incendia tu local!”, lo que hizo que libros y rezo se terminaran y el hombre saliera en dirección a su negocio. Alberto Zelinguer (58) es el dueño de la tienda La Europea, un comercio emblemático de la ciudad que tiene más de 60 años de trayectoria, y que el 13 de junio pasado, ardió. “Dos días antes del incendio yo había terminado de pagar la calculadora fiscal, entonces me fui al templo a agradecer. A eso de las 21.15 estaba rezando, tenía apagado el celular porque estaba en el templo, entonces una amiga llegó, me pegó el grito y me vine caminando. Ella me decía que me apure y yo pensaba para qué, si ya está el incendio. Cuando llegué estaba todo intacto, no me dejaron acercar ni abrir la puerta y yo desde afuera vi cuando explotaron los vidrios”, recordó a PRIMERA EDICIÓN sobre esa noche.La tienda tiene más de 60 años y es donde Alberto vivió toda su vida. Sus padres Jacobo y Elisa fueron los que la iniciaron vendiendo ropa, perfumería, mercería y novedades. Con el paso de los años fueron adaptándose a los cambios, “dejamos las telas, dejamos la mercería porque teníamos cinco a la redonda y venían y le decían a mi papá, ‘porqué vos que tenés esta tienda, no nos dejás a nosotros la mercería’, entonces mi papá les dejaba, algunas cosas vendimos, otras rematamos y así nos deshicimos de ese material”. Esto quiere repetir Alberto, ya que se encuentra buscando un inquilino, porque “tenemos que alquilar el local. La mercadería la puedo seguir vendiendo, o si quiere alquilo el total la mercadería”. Después del incendio, el dueño decidió cambiar de rubro, “así después la podemos levantar de nuevo, estamos escuchando ofertas de quien venga, le voy a alquilar a quien sea”. Incluso, ha declarado que no va a reparar los vidrios destruidos tras el incendio, sino que le dejará al futuro inquilino que lo haga, “por unos meses de gracia en el alquiler”. El fin de un clásico.Volver a empezarTras el incendio de aquella noche, el local tardó aproximadamente dos semanas en volver a abrir. Alberto tuvo que deshacerse por completo del humo y después, tuvo que ver la manera de sacar toda el agua, porque para apagar el fuego tres autobombas llegaron hasta el lugar. Una vez que pudo sacarla, como una broma cruel del destino, comenzó la lluvia, durante una semana seguida. La Municipalidad le prestó un contenedor donde pudo desechar todo aquello destruido por el fuego. “Mi casa quedó intacta, fue sólo el rectángulo del local el que se quemó, porque como el disyuntor saltó a tiempo, la casa se salvó. Lo que más me dolió fue la cantidad de años que perdí, pero qué le vamos a hacer. Una persona me dijo ‘podés contar y tenés salud, lo demás es plata y eso va y viene’, lo que me alegró, me dio ánimo, porque tiene razón, estoy contando lo que pasó, el negocio está abierto, todavía faltan algunas cosas pero seguimos”.La Europea tiene una tradición muy importante, porque la gente llega al negocio para saber dónde queda el banco o los distintos lugares del centro de Posadas. Es más, Alberto hizo un cartel con la frase “Su pregunta no molesta”, “porque la gente viene de todos lados a preguntar. Somos fuente de consulta para la gente que viene de lejos”, aseguró el heredero del local.Algo de historiaJacobo Zelinguer, su padre, es oriundo de Entre Ríos y vivió en la casa de su madre, quien una vez que todos sus hermanos mayores comenzaron a casarse, decidió vender la estancia y repartir el dinero entre los hermanos. “Mi papá era soltero y el más joven de los siete hermanos, entonces le escribió una carta a su hermano mayor que estaba en Posadas y él le dijo que se venga para acá. En aquella época vino en tren pero cuando llegó, por razones familiares, no pudieron trabajar juntos, entonces el hermano le consiguió trabajo en un negocio que estaba sobre la Roque Pérez que se llamaba ‘La Favorita’, incluso llegó a ser gerente del lugar”. Hasta que el dueño del local se cansó del negocio y quiso dejarlo a alguien de confianza, esa persona era Jacobo. Pero él, para ese entonces, ya había conocido y tenía en los planes el casamiento con Eli, le agradeció pero dijo que no, “el dueño le dijo que no tenía para indemnizarlo, entonces le preguntó qué necesitaba. Mi papá le pidió un auto, con esa plata alquiló este local, después compró esta casa y ahí empezaron a trabajar con la ayuda de algún que otro amigo o colega de la misma comunidad, y así el negocio comenzó a crecer. Ahora quedé yo solo”. Es el heredero de una tienda familiar con mucha historia. Hoy la quiere alquilar, para después, renacer de las cenizas.




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