PARÍS, Francia (Medios Digitales). Contra lo que es habitual en él, el presidente francés, François Hollande, no ha tardado ni 24 horas en reaccionar al cataclismo del Partido Socialista en las elecciones municipales del domingo, en las que la mayoría de Gobierno perdió 151 ciudades mientras el centro derecha ganaba 142 y la extrema derecha conquistaba once. Sin esperar siquiera a que acabara el recuento definitivo, el presidente más impopular de la V República decidió aceptar la dimisión de su primer ministro y amigo, Jean-Marc Ayrault, sólo un poco menos quemado que él mismo, y se dejó llevar por la ola de populismo y autoritarismo que recorre Europa al encargar la formación del nuevo Gobierno a Manuel Valls, hasta ayer titular del Interior.Valls, que fue director de la campaña presidencial de Hollande, es todavía el ministro socialista más apreciado -un 63% de aceptación, según los últimos sondeos-, y aunque el presidente mantiene con él una relación personal bastante tensa, su ascenso a la sala de máquinas del Ejecutivo responde a una doble necesidad: dar la vuelta a la calamitosa comunicación del Gobierno, y dejar atrás cuanto antes el castigo de las municipales, que encamina a los socialistas hacia un abismo en las europeas de mayo.Hollande anunció el cambio de primer ministro en una breve alocución televisada en la que prometió un “Gobierno reducido y de combate”, y una bajada de las cotizaciones sociales que pagan los trabajadores hasta 2017.




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