POSADAS. El destino, que antes había jugado en contra de las víctimas al cruzarlas en su camino, fue el mismo que lo llevó a abordar el colectivo en el que viajaba una de las niñas. Aquella tarde, el remisero conoció por primera vez esa sensación de encierro, de no tener salida. Una situación parecida a la que les había hecho vivir meses antes a las pequeñas.Rodeado por evidencia irrefutable y el testimonio de las víctimas, Sergio Daniel Lino (27) confesó que raptó y violó a dos niñas de 8 años entre julio y septiembre de 2011. El trabajador del volante aceptó ir a juicio abreviado y recibió una condena de 19 años de prisión, según pudo confirmar PRIMERA EDICIÓN en las últimas horas.El acuerdo al que arribó la defensa del imputado, representada por el defensor oficial Miguel Ángel Varela, y el Ministerio Público Fiscal, en manos de la doctora Mabel Picazo, está ahora en manos del Tribunal Penal 1 de Posadas, que deberá homologarlo. Fuentes cercanas le dijeron a este diario que eso es prácticamente un hecho.Los casos, dramáticos, conmovieron a la sociedad misionera y se resolvieron gracias a que Lino y una de las niñas coincidieron en un ómnibus del transporte urbano de pasajeros, cerca de la Terminal de Transferencias de Miguel Lanús, al sur del Gran Posadas.La detención del trabajador del volante fue una cuestión afortunada. Pero su situación procesal, totalmente diferente: la investigación judicial encontró evidencia irrefutable, tanto en el testimonio de las víctimas como en los diversos exámenes biológicos.El primer hecho que se conoció y que sacudió a la opinión pública local ocurrió el viernes 2 de septiembre de 2011, alrededor de las 21.15 sobre avenida Blas Parera, en el barrio San Gerardo de la capital provincial, también conocido como “barrio Pam”.Para la Justicia quedó acreditado que fue Lino quien conducía un Fiat Uno tipo taxi que se detuvo en la zona y supuestamente preguntó una dirección a tres niñas que se encontraban jugando en la calle. Mediante engaños, el remisero logró subir al automóvil a las tres pequeñas, de 8, 4 y 3 años. A las pocas cuadras bajó a las más chicas y se quedó con la mayor, a la que le prometió llevarla “a dar unas vueltas” por la zona.Poco tiempo duró la promesa del chofer. Según le contó en su momento la hermana de la víctima a este diario, “comenzó a amenazarla y sacó un cuchillo, que le apoyó en el cuerpo. La asustaba diciendo que la iba a matar”.Los investigadores pudieron establecer entonces que Lino condujo hasta un mirador emplazado sobre avenida Leandro N. Alem y riberas del Paraná, en el barrio Laurel. Allí obligó a la pequeña a practicarle sexo oral. Después, le quitó sus prendas íntimas y la accedió por vía vaginal. Antes de abandonarla volvió a amenazarla de muerte.Sola en medio de la oscuridad, la niña corrió hasta una casa de la zona donde fue socorrida por los vecinos. Pese a que se encontraba en estado de shock, alcanzó a relatar dónde vivía y lo que le había sucedido minutos antes.En principio la Policía detuvo a un trabajador del volante de 50 años, aunque éste quedó libre a las pocas horas por falta de pruebas. La salvaje violación no tenía sospechosos, aunque eso iba a cambiar.Cerca de las 17 del domingo 4 de septiembre, horas después, otra niña de la misma edad viajaba junto a su tía rumbo al centro de Posadas en un ómnibus del transporte urbano cuando entre los pasajeros divisó a un hombre de remera azul, a quien reconoció como quien la había secuestrado y violado el domingo 3 de julio de 2011.“Tía, tengo miedo, tengo miedo; ese es el hombre que me llevó”, le dijo la pequeña. La mujer planeó esperar a que el sujeto se bajara para dar aviso a uno de los efectivos policiales que custodian el lugar. Era un plan sencillo pero riesgoso: si se perdía entre la multitud quizás nunca lo volverían a ver.Entonces, sobrevino la peor sospecha. El muchacho había reconocido a la pequeña y se dio cuenta de que estaba en una “ratonera”. Intentó demorar el descenso del colectivo hasta que prácticamente los tres quedaron solos en el ómnibus. Sin otra opción, Lino se bajó y corrió a ocultarse en el baño.La tía siguió sus pasos con la mirada, aprovechó el momento y por fin logró avisarle a un policía. Fueron segundos cargados de una incertidumbre espantosa, a la espera de un desenlace que, sin saberlo, marcaría un antes y un después también para la niña del barrio San Gerardo. Cuando por fin salió, una decena de uniformados lo detuvo y lo llevó tras las rejas.A los pocos días el trabajador del volante fue trasladado ante la Justicia. Las autoridades aprovecharon su presencia y lo utilizaron para completar una rueda de reconocimiento en la que debía participar una niña. La fortuna volvió a jugarle en contra a Lino: del otro lado del vidrio estaba la pequeña de barrio Pam, que no tardó en reconocerlo y estallar en lágrimas.Como hacía con sus víctimas, el remisero quedó atrapado. Las menores lo señalaron directamente como el autor de las violaciones y las pruebas genéticas junto al resto de la evidencia fueron más que suficientes como para que el magistrado Ricardo Balor, al frente del Juzgado de Instrucción 6 de Posadas, elevara la causa a juicio.Lino debía sentarse ayer en el banquillo, pero justo a tiempo firmó el abreviado. Sabía que, de ser hallado culpable, la condena hubiese sido aún más dura.





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