POSADAS. Cada vez que un teléfono celular deja de funcionar -o su dueño decide cambiarlo por otro nuevo- hay tres destinos posibles: tirarlo a la basura, guardarlo “por lástima” o reusarlo. Esta es la opción que hace unos seis años eligió el mendocino Jorge Crowe, coordinador del taller “Electrones libres. Construcción de juguetes a partir de tecnología obsoleta”. PRIMERA EDICIÓN visitó el laboratorio de juguetes, que se desplegó el martes 8 en un aula del Bolp 1 de Posadas, con participación de estudiantes y docentes de la Facultad de Humanidades; del instituto Esteban Lugo -que funciona en el Bolp- y con productores del Mercado Concentrador de la capital provincial. También se realizó en el Parque de las Naciones de Oberá. Mientras los participantes se desafiaban desarmando y rearmando celulares, discmans, joysticks, reproductores de DVD, cargadores de celulares y otros aparatos para transformarlos en juguetes, Crowe dialogó con este matutino sobre la propuesta.Dos pasiones“El laboratorio de juguetes surge como intersección de dos cosas que me interesan mucho hace mucho tiempo: la tecnología y los juguetes”, indicó Crowe, quien es licenciado en Artes Plásticas por la Universidad de Cuyo, en Mendoza. “La posibilidad de cruzarlos es usando tecnología más inmediata, la que está en el hogar, celulares, minicomponentes que ya no funcionan para resignificarlos en el formato de juego”, agregó quien se define como recolector de objetos en desuso que los vecinos de la ciudad de Buenos Aires, donde vive hace algunos años. En su taller fabrica juguetes que combinan colores, pedazos de juguetes rotos y motorcitos. Algunos de ellos hacen música. Con ellos, Crowe espera poder armar una pequeña y original orquesta.Divertirse ilimitado“Se puede fabricar juguetes con absolutamente todo. Papel, cartón, madera, plástico, el límite es la imaginación”, resaltó. Por supuesto que se deben evitar los elementos tóxicos o que puedan presentar peligro de ingesta para los niños pequeños.“La generación de nuestros padres y abuelos era hacedora de juguetes, hacían carritos de madera, usaban chapitas, corchos, maderas, cartón y eso se perdió un poco con la industrialización de los juguetes. Por eso la idea es generar la cultura en el hogar de armar los juguetes con cosas electrónicas que estén rotas”.Esta posibilidad de generar un espacio compartido entre hijos y padres, por ejemplo, un sábado o domingo a la tarde tiene varios beneficios. Por un lado, fabricar los juguetes “a medida”, con los movimientos y colores que a uno más le gusten. Por otro lado, el hecho contribuye a que las familias recuperen momentos comunes, ya que por lo general, durante la semana, por trabajo, la escuela y otras actividades, padres e hijos casi no se ven.Para Crowe ni el juego ni los juguetes son territorio exclusivo de la infancia. “Los adultos tenemos derecho a jugar, a experimentar, no como niños sino como mayores, pero animándonos a recuperar un espacio de exploración”, destacó.Motorcitos artísticos “Son juguetes que, cuando se mueven, dibujan”, definió Crowe a los raros juguetes que armaron durante el taller. De hecho, uno de los “prototipos” es una especie de nave hecha con un vaso boca abajo y cuatro marcadores. Al enchufarlo el juguete vibra y va dibujando en un papel.Los juguetes son alimentados con energía eléctrica por medio de un cargador de celular reformado. “Si usamos pilas, que sean recargables para que el impacto ambiental se el menor posible”, resaltó. “La creatividad es un ejercicio, un derecho de todas las personas. Todos somos capaces y tenemos derecho a crear cotidianamente y a transformar nuestra realidad”, finalizó el docente.Y así ocurrió durante el taller donde entre mate y tereré, los participantes siguieron uno a uno los pasos para construir los juguetes. Pasadas más de cuatro horas de trabajo en equipo, lograron construir seis juguetes, seis prototipos. Y fue un verdadero espectáculo ver a docentes, madres e incluso abuelos, riendo maravillados ante estas creaciones.




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