WASHINGTON, Estados Unidos (AFP-NA). Los días pasan y no hay avances en el Congreso de Estados Unidos (EEUU) para subir el límite legal de endeudamiento, y el país se acerca peligrosamente a la fecha límite que podría marcar, si no hay acuerdo, el primer default de su historia. Ni la oposición republicana ni los demócratas del presidente Barack Obama parecen dispuestos a ceder. Este rechazo a un acuerdo y la ausencia de negociaciones entre los dos partidos, alientan el pesimismo a nueve días de la fecha crucial del 17 de octubre. Pasada esa fecha, y sin aumento del techo de endeudamiento actualmente de 16,7 billones de dólares y ya superado en mayo, EEUU no podría emitir deuda ni devolver dinero a algunos acreedores en función de los límites actuales dispuestos por el Congreso. La Casa Blana, analistas y organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) multiplican sus advertencias sobre el potencial impacto de este escenario: alza de las tasas de interés, una vuelta a la recesión, y un duro golpe a la economía mundial. Obama exhortó al presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, a que someta a votación el aumento del techo de la deuda rápidamente, con el argumento de que varios republicanos votarían a favor. Los demócratas controlan en el Senado por lo que se descarta que esa medida sería aprobada en la Cámara alta. Pero Boehner rechaza esta alternativa y exige concesiones del Ejecutivo en materia de gasto social, particularmente sobre la reforma de la salud promulgada en 2010. Obama reiteró que no negociará sobre esas bases. “Al rehusarse a negociar, (el líder demócrata del Senado) Harry Reid y el presidente ponen a nuestro país en una senda peligrosa”, sostuvo ayer. Mientras tanto, unos 900.000 funcionarios públicos federales se encuentran de vacaciones sin goce de sueldo, porque el Congreso no aprobó un presupuesto que permita pagarles para el año fiscal 2013-2014. Advertencia del FMI Un episodio similar sobre la deuda ocurrió en 2011 cuando los republicanos recuperaron el control de la Cámara, y le costó a Estados Unidos su calificación triple AAA de Standard and Poor’s para su deuda soberana, la máxima del mundo.




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