BUENOS AIRES. Dueño de una larga y luminosa trayectoria, Spasiuk ratificó en uno de los templos de la música la potencia y la comunicación que dispara una obra capaz de ratificar aquella idea acerca de “pinta tu aldea y pintarás el mundo”. Es que Chango ostenta una sonoridad que abreva en ese entorno de modo inevitable pero no lo hace para construir barreras sino para hallar un piso firme desde donde proyectarse.La función comenzó con el creador y su banda habitual (Víctor Renaudeau en violín, Marcos Villalba en percusiones y guitarra, Diego Arolfo en voz y guitarra, Alfredo Bogarín en guitarra, Juan Pablo Navarro (contrabajo) y Heleen de Jong en violoncello), abriendo con “Tristeza” y arrancando la primera ovación al momento de “El camino”.Las impactantes combinaciones entre “Acento misionero” y “Tarefero de mis pagos” y entre “Vera”, “Starosta” y “Sombrero de paja”, marcaron otros altísimos puntos de un trabajo conocido que puede celebrarse sin desmayos y que redondeó su presentación con “Viejo caballo alazán”/”Gurí me veo” y “La ponzoña”.Casi sin pausas, solamente las mágicas percusiones de Villalba y el climático contrabajo de Navarro se quedaron junto al Chango como anfitriones de los diez integrantes del Ensamble Estación Buenos Aires (con el brillante Rafael Gíntoli como violín solista y los arreglos y la dirección de Gustavo “Popi” Spatocco), para la “Suite del Nordeste”.La obra, que abre con “Alvear orilla”, de Isaco Abitbol, y se completa con ocho piezas de Spasiuk, logró profundizar la posibilidad de sumar las calificaciones de música académica, folklórica, regional, universal, popular y culta, sin que ninguna denominación anule a la otra.El arrasador “Chamamé crudo”, con Villalba haciendo una percusión increíble únicamente con sus manos, la delicadeza de “Mejillas coloradas” y la impactante cruza entre “Mi pueblo, mi casa, la soledad” y “Misiones”, mostraron la rica paleta posible. Apenas en yunta con Gíntoli llegó “Pynandí”, sonó el chamamezazo de “El prostíbulo”, el protagonismo de los violonchelos apareció entre “Posadas” y “Blas” y toda la carnadura orquestal se apreció en el tema que da título a la propuesta.Una larga ovación devolvió a Spasiuk solo al escenario para tributar a Tránsito Cocomarola y regalar una versión de “Kilómetro 11” y su habitual sexteto se le acopló para visitar “Libertango”, de Astor Piazzolla.Sin quitar a su banda y junto a la regresada orquesta, el cierre regaló dos vueltas de la imponente “Tierra colorada” que redondeó una celebración musical capaz de desatar la alegría de los músicos y la concurrencia.




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