RÍO DE JANEIRO, Brasil (AFP-NA-DyN-Medios Digitales). La hora del balance empieza a asomar en Río de Janeiro mientras se aproxima el final de la XVIII Jornada Mundial de la Juventud, donde todos quieren atesorar las palabras del Papa Francisco para después utilizarlas como un legado.La Jornada Mundial Juvenil “es algo único, algo que te marca el alma y el espíritu y te levanta anímicamente”, confió a Noticias Argentinas, Joni Aquino, un joven de Pompeya (Buenos Aires) que viajó con la parroquia Santa Elisa de Constitución.Joni se aprestaba ayer como cientos de miles de jóvenes a pasar el día y la noche en Copacabana para esperar la misa de “envío” como se llama a la celebración eucarística que presidirá Francisco el domingo a las 9:00 para clausurar la jornada.El padre Tomás Yon de la parroquia San Pablo, de Punta Alta de la diócesis de Bahía Blanca, de la cual vinieron 300 peregrinos en total, 165 en un avión charter, dijo a NA mientras hacía ondear una enorme bandera celeste y blanca en las arenas de Copacabana que hay “lío cristiano”.“Se canta a Cristo en el bus, en la calle, en todos lados y si bien hay alguna desorganización, no tiene importancia”, expresó.Una de las “cosas más características que deja la Jornada es la impresionante hospitalidad de la gente brasileña que nos recibió en su casa, ellos hicieron lo que advierte Jesús en el Evangelio, tuve hambre y me diste de comer, sed y me diste de beber”, reflexionó el joven sacerdote.Por su parte, no son sólo los argentinos los que hacen balance, también los brasileños tienen sus expectativas, como las de Gustavo Ribeiro, gerente de Actos Culturales JMJ Rio2013, acerca del discurso que el Papa dio en el lujoso Teatro Municipal de Río.“Será uno de los platos fuertes de la Jornada Mundial de la Juventud”, adelantó y no se equivocó porque el Papa les pidió que se ocuparan de la política y de las generaciones futuras y explicó que el “diálogo” (palabra que repitió tres veces), es “el único modo de que una sociedad avance” y remitió a la “cultura del encuentro”.Al término de la reunión, 20 de los asistentes entre ellos, miembros del cuerpo diplomatico y de distintas confesiones religiosas, saludaron al Santo Padre.Lo que dijo el Papa “va a ser un impulso para la misión que debemos cumplir”, añadió Ribeiro quien esperaban que “este discurso sirva de referencia en el país para los próximos años; sera un gran legado que el Papa Francisco dejará al pueblo brasileño”. Noche de prédica y vigilia Por tercer día consecutivo y despertando una vez más el fervor de la gente, el papa Francisco recorrió en el “papamóvil” los cuatro kilómetros de la avenida Atlántica, a lo largo de la playa de Copacabana, donde más de un millón y medio de jóvenes se congrega para participar de la vigilia de oración de esta noche por la Jornada Mundial de la Juventud Río 2013.Francisco aterrizó en el Fuerte de Copacabana y se trasladó en vehículo por las 40 cuadras que lo separan del enorme escenario montado sobre la playa, desde donde encabezó la vigilia y dió un mensaje a los jóvenes, que pernoctaron sobre la arena, a la espera de la misa de cierre del encuentro, prevista para hoy.El Papa aseguró anoche que “también hoy el Señor sigue necesitando a los jóvenes para su Iglesia”, por lo que los llamó a ser “discípulos misioneros”, durante la vigilia de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en la playa de Copacabana.“¿No estaría el Señor queriendo nos decir que el verdadero campo de la fe, el verdadero campus fidei, no es un lugar geográfico, sino cada uno de nosotros, cada uno de ustedes?”, preguntó al hacer referencia al cambio de locación para este evento.Les pidió que “jueguen en equipo” y afirmó que Jesús ofrece “algo más grande que la Copa del Mundo”, en el país que organizará el año próximo esa competencia.“Suda la camiseta tratando de vivir como cristianos, experimentando algo grande”, subrayó.“Ustedes son los atletas de Cristo. Ustedes son los constructores de una Iglesia más bella y de un mundo mejor”, exclamó al dirigirse en portugués a la multitud reunida en la playa de Copacabana.El Papa dijo que siguió con atención las protestas aquí y en el mundo de jóvenes que salen a las calles, para “expresar el deseo de una civilización más justa y fraterna” y destacó que son “jóvenes que quieren ser protagonistas del cambio, pero no dejen que otros lo hagan por ustedes”.“Los aliento a que, de forma ordenada, pacífica y responsable, motivados por el Evangelio, sigan superando la apatía y ofreciendo una respuesta cristiana a las inquietudes sociales y políticas presentes en sus países”, subrayó al seguir su mensaje en castellano.Les pidió “no ser cristianos a medio tiempo o almidonados”. También les ofreció un programa para ser buenos cristianos: “Oración, sacramentos y a ayuda a los demás”.




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