RÍO DE JANEIRO, Brasil. En su sexto día en Río de Janeiro, el papa Francisco tuvo una agenda tan cargada como en las jornadas anteriores. Por la mañana celebró una misa para obispos en la Catedral de San Sebastián y luego se reunió con religiosos y políticos en el Teatro Municipal.La intensa jornada comenzó con el desplazamiento por las calles de Río hasta la Catedral Metropolitana de la ciudad. Cientos de personas acompañaron y saludaron al Papa en el camino.La celebración eucarística con obispos de todo el mundo que participan de la Jornada Mundial de Juventud (JMJ), junto a sacerdotes, religiosos y seminaristas, comenzó a las 9, y allí el Papa pidió a “ir contra la cultura de la exclusión y del descarte”.“Un obispo, un sacerdote, un seminarista no puede ser un desmemoriado”, dijo. Pidió ser memoriosos del primer llamado de Dios y recordó palabras de la Madre Teresa de Calcuta. “Hay que servir a Cristo con alegría”, sostuvo.En línea con lo que predicó esta semana, Francisco pidió ayudar a los jóvenes “a redescubrir el valor y la alegría de la fe”. “¡Sean callejeros de la fe! ¡Sepamos perder tiempo con los jóvenes!”, agregó. El pontífice recordó que el compromiso con los jóvenes “es ayudarlos a ser misioneros de Jesús”.Refirió a las protestas socialesFrancisco recomendó el “diálogo constructivo” ante las protestas sociales que han sacudido Brasil desde junio, en un discurso ante la clase dirigente brasileña en un repleto Teatro Municipal.Para afrontar el presente, es fundamental “el diálogo constructivo”, dijo en español. “Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo”, afirmó ante políticos y representantes de la sociedad civil.Ante dos mil referentes políticos, económicos y sociales, Francisco sugirió que opten por “las opciones más justas”, que trabajen por el bien común y actúen con “responsabilidad social” para que “a nadie falte lo necesario” en uno de los países con más desigualdades sociales de Latinoamérica.“Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo”, sostuvo en un discurso en español y muy aplaudido por el auditorio reunido en un teatro colmado.“El futuro nos exige una visión humanista de la economía y una política que logre cada vez más y mejor la participación de las personas, evite el elitismo y erradique la pobreza”, agregó.Sangría de fielesFrente a los altos representantes de la curia brasileña, el papa Francisco se refirió, sin citarla expresamente, a la sangría de fieles que, desilusionados con la Iglesia Católica, buscaron el refugio de las iglesias evangelistas. “A veces perdemos a quienes no nos entienden porque hemos olvidado la sencillez. La lección que la Iglesia ha de recordar siempre es que no puede alejarse de la sencillez (…). Tal vez la Iglesia se ha mostrado demasiado lejana de sus necesidades, demasiado fría para con ellos, demasiado autorreferencial, prisionera de su propio lenguaje rígido; tal vez el mundo parece haber convertido a la Iglesia en una reliquia del pasado, insuficiente para las nuevas cuestiones; quizás la Iglesia tenía respuestas para la infancia del hombre, pero no para su edad adulta. El hecho es que actualmente hay muchos como los discípulos de Emaús: no solo los que buscan respuestas en los nuevos y difusos grupos religiosos, sino también aquellos que parecen vivir ya sin Dios, tanto en la teoría como en la práctica”.Se salió del libreto El papa Francisco volvió a sorprender y hacer gala de su informalidad, al ponerse un adorno de cabeza indígena llamado “cocar” que le fue regalado por uno de los cuarenta representantes de la nación brasileña Pataxó que intervienen en Río de Janeiro hasta en la Jornada Mundial de la Juventud.El hecho ocurrió al final del encuentro que mantuvo con la clase dirigente de Brasil, en el Teatro Municipal de la ciudad carioca, y saludó a representantes de los diferentes estamentos sociales. Varios indios, ataviados con sus ropas tradicionales, se acercaron hasta el Papa para saludarlo.Inclusive, a una mujer india la bendijo y la besó. Después saludó a un indio, al parecer un jefe de una de las comunidades indígenas del Amazonas, quien se quitó el cocar, confeccionado con plumas blanca y marrón, y se lo colocó al papa, quien no dudó en posar, en medio de los aplausos de los presentes. Después se lo quitó y lo volvió a colocar en la cabeza del indio.En una fiesta llena de música, de risas de niños y de indios con vestimentas coloridas, el papa se puso una toca indígena de plumas, recibió flores de bailarinas y llamó a representantes de la sociedad civil al diálogo entre todos los sectores para enfrentar las diferencias.“Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva: la cultura popular, universitaria, juvenil, la cultura artística y tecnológica, la cultura económica, de la familia y los medios de comunicación”, dijo Francisco a la multitud.Al concluir el discurso recibió el saludo de representantes de la sociedad civil: los niños le entregaron flores y lo cobijaron en un abrazo todos juntos.




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