POSADAS. Rituales abusivos, violaciones y hasta la práctica de un supuesto aborto. Las denuncias en contra del padre Miguel Ángel Santurio (50) son durísimas y de confirmarse a través de la investigación judicial podrían derivar en un escándalo de alcance nacional.PRIMERA EDICIÓN accedió de manera exclusiva al testimonio de cuatro jóvenes catequistas -cuyas identidades se mantienen en reserva por cuestiones obvias- que cursaban sus carreras eclesiásticas en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Miguel Lanús, en el sur del Gran Posadas.Esos relatos fueron radicados en forma de denuncia ante la Justicia misionera durante la mañana del jueves 27 de agosto de 2009. De acá a este tiempo, Santurio fue sometido a un juicio canónico en el que se resolvió su expulsión de la Iglesia Católica Apostólica Romana. No obstante, continuó ejerciendo como sacerdote de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa y se radicó en San Luis. El pasado miércoles 10 de julio fue detenido en aquella ciudad, en plena vía pública, a raíz de presuntas nuevas denuncias.Llegó a Posadas minutos antes de las 23 del pasado martes 17 de julio vestido con el hábito característico y en declaraciones a la prensa que lo esperaba, dijo ser inocente. Lo mismo declaró ante la Justicia en la semana. Hasta anoche permanecía alojado en una celda de la Dirección de Investigaciones de la Policía de Misiones, a la espera de que se resuelva su situación procesal.ManoseosLas cuatro jóvenes -cuyas edades no fueron difundidas pero tendrían no más de 20 años al momento de los hechos- coincidieron en señalar que todo sucedió durante el último semestre de julio de 2008.“En el mes de julio he ingresado a la comunidad organizada por el párroco Miguel Ángel Santurio, en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, Miguel Lanús, Posadas, Misiones, con el fin de convertirme en “Religiosas Carismáticas”, y enseñarnos sobre religión católica”, coinciden en general las denunciantes, quienes a su vez confirman que fueron diez las jóvenes que entraron en aquel año. Dicen que Santurio estaba acompañado además por una mujer oriunda de Ciudad del Este, Paraguay, y “dos chicas que vinieron con el padre de San Luis”. Aparentemente, el ahora detenido ya había estado en aquella provincia antes de llegar a Misiones.Las jóvenes contaron que entraron con entusiasmo, pero que al poco tiempo notaron que las actitudes de Santurio “no eran las correctas de un sacerdote común”.Entonces, comienzan los relatos. Una de las chicas cuenta que un día, en el salón parroquial, “el padre Santurio me dijo que me iba a hacer liberar de toda maldad y tal es así que en el mes de noviembre de 2008 me invitó a que me desnudara sobre una mesa para que sea liberada de todos los males. Y cuando me encontraba ya sin ropa, procedió a pasarme por todo el cuerpo con su mano una crema, por el término de una hora. Es lo peor que me ha pasado en la vida; comencé a llorar por la impotencia, vergüenza y miedo a su vez. El padre Santurio me decía que esa era la forma de sacar todos los males que tenía en mi cuerpo”.Otra de las denunciantes señaló que “en varias oportunidades, cuando el padre Santurio se cruzaba conmigo, me abrazaba y besaba, y me ponía sus manos debajo de mi ropa; él se agitaba mucho y me pedía que lo abrazara y que no tuviera miedo. Yo vivía asustada y le pedía que me dejara sola, y el seguía insistiendo con su propósito de tocarme y me ponía la mano debajo de mi ropa”. El testimonio de Yanina (N. de R.: nombre de fantasía) será aún más crudo un poco más adelante.Aquel procedimiento de “liberación de males” fue denunciado por las cuatro jóvenes, aunque una de ellas aportó más datos al respecto al reconocer que el propio Santurio les decía que era la “denominada Liberación de León XIII, porque teníamos ataduras de nuestros antepasados”.Violaciones y presunto abortoDe regreso al testimonio de Yanina, la joven denunciaría luego gravísimos hechos de violación y hasta un presunto aborto, practicado presuntamente por pedido del cura detenido.La muchacha cuenta que en medio de ese procedimiento de liberación de males, Santurio “con una crema me pasaba por todo el cuerpo; yo estaba totalmente temblando de miedo, tal es así que me quedé desvanecida y cuando desperté, sin noción del tiempo, sentía fuertes dolores en mis partes intímas, y luego el padre me mandó a bañar. Y al otro día nuevamente me llevó a comer a su dormitorio y comenzó a abrazarme y besarme, tocándome todo el cuerpo. Yo lo único que atinaba era a rezar, porque tenía miedo”.Yanina dice que, ya en San Luis, “me obligó a ir a un laboratorio a que me hiciera análisis, en el cual salió que no tenía nada, pero el padre a la noche me llevó a otro doctor conocido suyo, con el que ya había mantenido una conversación antes de que me revisara. Después, esperando en el pasillo, el padre Santurio me dice que me iban a operar de apéndice. Y yo quería avisar a mi mamá y él me prohibió; me dijo que si le llamaba a mamá iba a reventar”.Mediante esas supuestas amenazas, la joven quedó entre la espada y la pared. Cuenta entonces que ese doctor “me derivó a ginecología, en donde luego de un tacto yo sentí mucho dolor y me mandaron a hacer un análisis de embarazo, el cual no vi el resultado. Ese mismo día quedé internada y el día domingo 11 de enero me operaron a las 19 hasta las 22, pero yo desperté recién al día siguiente. No sé hasta hoy por qué me operaron”.El testimonio es gravísimo. La joven asegura que Santurio la llevó hasta un centro asistencial donde la intervinieron quirúrgicamente luego de realizarle un test de embarazo del que jamás conoció los resultados. Por eso, ante la Justicia la muchacha aclara: “realizó la denuncia por lesión y/o aborto, solicitando que se investigue cuál fue el motivo de mi operación y por qué me han operado sin mi consentimiento. Todo se realizó bajo presión”.Finalmente, la muchacha describe los traslados del grupo y reitera la pesadilla que asegura haber vivido. “La actitud del padre Santurio fue igual desde que he ingresado en el mes de julio de 2008 en la comunidad de Posadas, hasta el 26 de noviembre que nos fuimos a Puerto Iguazú con la
s once chicas, hasta el día 6 de enero de 2009 de ahí todas nos trasladamos a la provincia de San Luis hasta el día 19 de enero de 2009. Luego nos trajo a Posadas y nos dejó a todas en el campus de Villa Lanús. De ahí fuimos a nuestras respectivas casas y yo seguía con dolor de la operación, y nada le importó al padre”.ManiatadaOtra de las denunciantes asegura que en uno de los viajes de Santurio y las catequistas a San Luis, “la segunda noche el cura me ordenó que duerma en su habitación con él y otra chica. Ella durmió en la camilla de masajes y a mi me exigió que duerma con él en la cama. Esa noche me obligó a que tuviera relaciones sexuales con él, diciéndome que no me sienta mal, que era un cariño de padre y me demostraba de esa manera.La misma joven continúa su relato ante la Justicia y asegura que hasta fue maniatada por el sacerdote y sus colaboradoras: “Dos días después el cura Santurio me hizo dos liberaciones y me llevó a una de las habitaciones de su casa, cerró la puerta con llave, me exigió que me quitara la ropa y que me acostara en la camilla. Yo me negué, el cura se enojó y me empezó a insultar; fue entonces que llamó a dos de sus colaboradoras, que vinieron a ayudarlo. Estas me sacaron toda la ropa y me acostaron a la fuerza en la camilla, pero como no podían conmigo fueron por otra colaboradora. Me acostaron en la cama y me ataron de manos y pies, después el cura les ordenó que se retiraran. Él me insultó, me pegó bruscamente y yo quedé inconsciente. Cuando desperté, sin saber el tiempo transcurrido, ya me habían desatado y estaba envuelta en una sábana, sangrando. Me ayudaron a bañar, porque yo no tenía fuerza”.Sobre el final del “proceso” junto a Santurio, otra de las denunciantes brindó detalles sobre la despedida ante la Justicia. “El cura nos dejó en el campus, con la compañera recién operada y muy mal, sin despedirse de nosotras, lo último que nos dijo fue que eramos unas estúpidas, porque había caído agua en el piso de la traffic. Quedamos en la ruta con todos los bolsos y el tiempo estaba muy feo”, sintetizó.Según contaron las supuestas víctimas, Santurio se amparaba en el “voto de silencio” que no les permitía a las mismas narrar a sus familias lo que sucedía en la comunidad.No obstante, las jovenes rompieron el silencio y contaron sus historias. La Justicia pidió la detención del sacerdote y ahora deberá establecer si todo sucedió como lo denunciaron las catequistas. Pericia psicológicaEl cura Miguel Ángel Santurio permanece detenido en una celda de la Dirección de Investigaciones de la Policía de Misiones y permanecerá allí después de que la Justicia rechazara el pedido de excarcelación solicitado por la defensa.“Las imputaciones que se han realizado sobre el sacerdote no prevén la excarcelación”, explicó en diálogo con este medio el abogado local Raúl Líder Sandoval, representante legal de las denunciantes, quien acompañó a las mismas ante la Justicia en 2008.En ese sentido, Sandoval aseguró que en las próximas horas solicitará a la Justicia que se lleve adelante un test psicológico al sacerdote. El caso es investigado por el magistrado Fernando Verón, del Juzgado de Instrucción 3 de Posadas, subrogado actualmente por su par César Yaya. “Tenía mucho dolor y me dijo que eran los diablos que habían salido”En una de las denuncias, una de las jóvenes denuncia que “el día 22 de diciembre de 2008 el padre Santurio me dijo que me haría otra liberación, y cuando estaba totalmente desnuda, el cura me penetró el dedo en la vagina, quedando yo inconsciente por los dolores que éste me ocasionaba”.La muchacha retrata ese calvario y asegura que “ luego desperté con fuertes dolores en mis partes íntimas y le comenté, y el cura me contestó que eran los diablos que habían salido por la vagina. Y me colocó una crema la cual desconozco el nombre, y a causa de ella no pude ni orinar por un tiempo de dos días”.Esta es la joven que asegura que el cura les decía que el ritual era conocido dentro de la religión como la “Liberación de León XIII”, una suerte de exorcismo que data del 18 de mayo de 1890 y que forma parte de la liturgia católica.En ella, quien fuera pontífice entre 1810 y 1903 le pedía a la figura del arcángel San Miguel colaboración y fuerza para luchar “contra principados y potencias”.





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