POSADAS. La ropa tendida en los árboles, el uso indebido de los sanitarios y a veces -incluso-, su no uso, generó el inmediato recelo entre los vecinos ubicados en las zonas lindantes al Parque de la Ciudad, quienes desde hace por lo menos tres semanas se encontraron con la novedad de que un grupo de familias gitanas habían acampado en ese espacio público como si fuese un camping, aunque no lo es. Al parecer los gitanos contaban, a cualquiera que les prestaba oídos, que su presencia en el paseo público se debía a una sugerencia, supuestamente recibida por personal de la dirección de Turismo, ya que habían llegado a esta ciudad con intenciones de instalarse por algunos día en un camping, que aquí no hay. Siempre según sus dichos, les habrían permitido quedarse unos días, pero luego de varias semanas de estancia en el lugar, y tras ser testigos de algunos aspectos claves de su forma de convivencia generaron el inmediato rechazo de la gente de los alrededores, y así empezaron las denuncias. Inclusive fueron formuladas el miércoles último ante el coordinador del Programa de Regularización de Ocupación de Espacios Públicos, Jorge Atencio, quien explicó a PRIMERA EDICIÓN, que “nadie puede acampar en ese lugar, con lo cual estamos ante una contravención. Ya pasé la denuncia a la dirección de Inspección General para que investiguen el tema y que hablen con las familias a fin de indagar porqué se habían instalado y con qué autorización. Al municipio no formuló autorización de ningún tipo”, sostuvo. Según explicó el funcionario, una vez cumplido ese relevamiento y confirmada la contravención, la causa se elevaría al tribunal de faltas, “lo que nos permitirá proceder al desalojo, porque ese paseo no está habilitado como campamento para nadie, sean gitanos o no”, expresó. Sin embargo, la inspección de hoy podría ser inútil en vista de que empezaban a abandonar el predio. En cualquier caso, con permiso o sin él, grande fue la sorpresa, en particular de quienes por un motivo u otro frecuentan ese paseo público, al verlos llegar e instalarse en la zona. Primero con doce carpas, numerosas familias y distintos automóviles, muchos de ellos de alta gama, pero todos con un denominador común: las chapas patente son brasileñas, y aunque se ha ido la mayoría, todavía quedan dos toldos, con menos personas. A todo esto lo que más raro estaba dado por sus actividades: en varías ocasiones las mujeres salían a ofrecer medicamentos del tipo “natural”, como forma de ganarse la vida. Según confiaron algunos testigos directos, que pidieron la reserva de identidad porque aseguraron “tener miedo”, el entoldado se encontraba en la zona del parque en cercanías del tanque de agua del predio, lindante al club del Colegio de Abogados y del circuito que posee la Asociación Misionera de Ciclismo, al suroeste de las instalaciones, donde pese a que es reducida la circulación de vehículos y personas, sus tiendas eran fácilmente visibles.




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