Posadas. Las cocineras del comedor de Santa Rita y la gente que de allí depende ayer no podía creer cuando encontraron nuevo candado y otra cerradura en el salón que hace más de 18 años ocupan. Felicitas, la encargada, llegó a las 6.30 como de costumbre y se encontró con la desagradable sorpresa. Después de unas horas decidieron llamar a un cerrajero para ingresar a su lugar de trabajo y descargar la carne y verduras para la semana. En la semana del 20 de marzo la viceparroquia pegó un cartel que informaba que desde el 1 de abril el comedor dejaría de funcionar en ese espacio porque sería destinado a otros fines pastorales. Sin embargo, las cocineras, quienes hace 18 años trabajan en el lugar y lograron edificar las instalaciones con fondos de Naciones Unidades, a través de Desarrollo Social de la Nación, reclamaron porque no tienen otro espacio donde cocinar las 300 raciones que sirven diariamente. El lunes el comedor funcionó normalmente, desde la secretaría de la viceparroquia, habían informado a Felicitas o Luly, como todos la conocen, que desde el Obispado se acercaría un escribano para hablar del tema, según contaron. Las mujeres trabajaron ese día hasta las 13, pero nadie apareció. Sin embargo, ayer se encontraron con nuevo candado en el portón por el cual ingresan al predio y otra cerradura en el salón donde está la cocina. “Indudablemente quien hizo esto no escuchó, ni leyó al Papa Francisco”, fue la primera expresión del abogado Roque Fessler, quien se acercó a colaborar con las cocineras que no sabían cómo actuar ante semejante situación. “El gran problema es que nunca hubo una notificación formal, sólo un pedido del párroco para que se retiraran, pero no se materializó en un escrito y esta gente hace 18 años que trabaja en el lugar”, señaló Fessler, quien inmediatamente se acercó a la secretaría de la viceparroquia a preguntar por el administrador parroquial, que en ese momento no se encontraba. En la pizarra de los avisos parroquiales ayer se podía leer que el comedor dejaría el espacio que ocupa, ya que sería destinado a otros fines. En su momento, el párroco Marcelo había explicado que desde el año pasado están requiriendo el lugar, entienden que es de la parroquia, para destinar a cursos de capacitación. El abogado señaló que presentarán un recurso de amparo por la situación y decidieron llamar a un cerrajero para poder ingresar a la cocina. “El hambre no puede esperar los plazos de la Justicia”, resumió Fessler, teniendo en cuenta a los necesitados que acuden al lugar por un plato de comida. “El hambre no puede esperar”Las cocineras, por sugerencia del abogado, Roque Fessler, ayer buscaron un cerrajero para ingresar al salón y atender a los comensales. “El hambre no puede esperar los tiempos de la Justicia”, manifestó el representante legal, quien colabora con las mujeres que desconcertadas no saben qué hacer ante el pedido de la Viceparroquia de que abandonen el lugar.La semana pasada, desesperadas, las cocineras y los comensales enviaron una carta certificada al obispo Juan Rubén Martínez, para que interviniera y atendiera la situación de las familias necesitadas.Tanto las cocineras, como la organización que cede la personería jurídica para que puedan trabajar, manifestaron que entienden el proyecto de la Viceparroquia, que pretende realizar cursos de capacitación. Pero también piden que se tenga en cuenta que en la zona hay muchos ancianos, discapacitados y mujeres con muchos niños a quienes no les alcanza para comer diariamente, por ellos quieren seguir trabajando.




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