POSADAS. “Mi vida cambió a partir del 17 de noviembre de 2004, con 24 años me convertía en madre primeriza y en discapacitada, presa de una silla de ruedas y sumida a un silencio profundo. Después de vivir sola y ser independiente, tuve que volver a casa de mis padres, ya que apenas sostenía mi cabeza y por lo tanto no podría cuidar de mi bebé recién nacido.Al principio pensé que toda iba a ser momentáneo, que pasaría, que volvería a escuchar, quizá un simple remedio u operación, que mis piernas con práctica serían las de antes, pero nada de eso sucedió”, con estas palabras comenzó Paula Pisak a narrar su vida, una historia digna de conocer. Historia de una gran mujerPRIMERA EDICIÓN se puso en contactó con esta profesora, oriunda de Jardín América, que tiene dos hermosas hijas. Cómo ella cuenta, su vida cambió sustancialmente luego de una presunta mala praxis. Las primeras semanas se tornaron eternas: “Viví los primeros meses rodeada de amigos y familia, que con chistes y buen humor me hicieron pasar el tiempo, luego comenzaron los viajes a Buenos Aires en busca de una solución, de mejorar mi calidad de vida, todo esto me alejaba de mi hija, ya que tan pequeña y con tanto por recorrer nos hacía imposible llevarla, la distancia era lo peor, a veces pasábamos con mi madre en Capital Federal unas dos semanas, eternas por cierto”, relató. “Me pasé viajando los primeros años… de neurólogos a fisiatras, otoneurólogos, fonoadiólogos, kinesiológos, no sólo variaba de especialistas sino de clínicas y hospitales, llegó un momento que los buscaba por Internet y concurría a citas que jamás me dieron respuestas, es que el ámbito de salud muchas veces me llevó a pensar que algunos, no todos, pero muchos, priorizan los bolsillos antes que al paciente. Pagaba 200 pesos por una consulta hace casi nueve años para que tarden cinco minutos conmigo y me respondan que nada pueden hacer… En fin, nada de eso me quitó jamás las esperanzas, aún las conservo y sueño con el día en que por lo menos mis oídos me abran al mundo real nuevamente, al mundo bullicioso y musical que siempre amé”, aseveró.“Pasé de ser una persona super activa, que trabajaba en tres colegios con el tope máximo de horas (42), deportista, practicaba básquetbol desde los diez años hasta que quedé embarazada, a ser una masa amorfa que dependía de todos para hacer cualquier cosa, una inútil total, eso me deprimía muchísimo, fueron dos años que viví con mi familia y extrañaba mis cosas, mi casa, mi lugar, mi vida, me di cuenta de que llorando no ganaría nada y que debía irme con mi bebé a vivir sola y emprender este viaje hermoso, la maternidad. Sola, sorda y con dificultad motriz me mudé. Mi pareja estudiaba en Chaco en ese momento, por ende éramos mi hija y yo adaptándonos”, reveló Paula.Paula dijo que encontró satisfacción en varias actividades: “Pasó el tiempo y mi cabeza, que nunca para, decidió volcarse a las artes, comencé a hacer cosas en porcelana fría, decoupage, hasta llegar a poner un negocio y dedicarme a eso. Esto llenó un vacío esporádico, pero al año mi necesidad pasaba por lo intelectual, habiendo luchado con mi causa por mala praxis durante años, pasando tantas injusticias, desde la obra social, el Consejo de Educación, Inadi, sabía que la única forma de lograr mi meta sería con las herramientas en mi poder, cumplir mi sueño postergado de estudiar Abogacía, que ahora podría ser una realidad. Con título en mano no habrá quién me gane y lo aseguro. Cuando sos discapacitado se te cierran mil puertas y debés rogar y dar lástima para ejercer tus derechos, este país sabe de leyes pero no de cumplimientos”.Amor de madreLa conexión con sus hijas es distinta, el amor maternal todo lo puede, “la verdad es que no nos costó nada, los hijos se acostumbran tan fácil a uno, o es el amor, no sé, pero entre señas, gestos y pocas palabras nos acomodamos la una a la otra y jamás fue difícil. Mi hija era mi lazarillo, si venía alguien me avisaba, empecé a prestar atención a otros sentidos, como el olfativo y percibía quien llegaba a casa por perfumes o cigarrillos”, contó.“Hace tres años que estudio Abogacía en la UNNE, sede Posadas, tengo un hermoso grupo de compañeros, jamás me sentí diferente o hicieron diferencia. Volví a apostar a la vida y a disfrutar de la maternidad que me había perdido y hoy tengo otra hija hermosa y sana de siete meses, Ludmila Athenea, mi luchadora. Además de Agustina mi pequeña gran mujercita y guerrera de ocho años”, dijo Paula con respecto a sus hijas. “Mis metas son tantas, mis sueños no tienen límites, me siento invencible a veces, creo que la vida es una sola y debemos disfrutarla y hacer lo que deseamos, no postergar o ser tan materialistas. Ver o comparar con otras personas todo lo rico que somos, no escucho pero veo, puedo tocar a mis hijas y besarlas, no escucharlas se tornó secundario, no digo que no hay día que sueñe con conocer sus vocesitas o saber cuando lloran y acudir al instante, pero agradezco a Dios la oportunidad de vivir que me dio”. Una mujer solidariaPaula es una joven mujer, mamá de dos hijas, que además tiene el corazón enorme para ayudar los demás. Por eso, en cada tiempo libre investiga sobre las colonias misioneras y pueblos donde no llegan la solidaridad y donde hay muchas familias necesitadas. “Comencé a militar más activamente como ciudadana comprometida y dejé de lado las palabras para ir a la acción y ayudar al prójimo, lo primero fue una campaña a Oasis, tanto hambre y pobreza, tanto olvido, tanta injusticia y otra vez fui la voz de muchos, a partir de esto, llegaron medios provinciales y salieron a la luz casos impactantes, como de la abuela ciega de tan solo 34 kilos y otros tantos”, relató Paula.Y siguió contando que “cada actividad que realizaba me hacía sentir tan plena y fuerte que olvidaba mis limitaciones, la gente, su apoyo incondicional siempre me ayudó a seguir adelante, como así también mi mamá, otra guerrera que nunca me abandonó. Luego me enteré de las necesidades de una escuelita rural en Tobuna, San Pedro, sin dudar me puse en campaña y conseguí una biblioteca. Con el tiempo fueron dándose los contactos, me conecté con un movimiento solidario de motoq
ueros vía Internet y con ellos ayudamos a barrios de mi ciudad, aldeas y a Oasis”.





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