SAN VICENTE. Allanamientos, patrullajes, persecuciones, miles de detenciones. El principal hurgaba una y otra vez en su memoria en busca de algún hecho similar, pero no había caso. “Dale amigo, pensá que uno de los pibes salió hace poco de la cárcel y no puede volver”, lo volvió a interrumpir. Díaz no dudaba, simplemente estaba atónito: el joven que tenía enfrente le ofrecía dinero y dos vehículos a cambio de liberar a dos detenidos.Los “pibes” eran -son- nada más y nada menos que los apresados por la toma de rehenes y el intento de robo al empresario Rubén Rosa, perpetrado el último viernes en pleno centro de San Vicente. Los mismos que intentaron fugarse a los tiros por los techos de la cuadra.La insólita situación sucedió el domingo por la tarde en la comisaría seccional Primera de esa ciudad, donde el “libertador” vio fallar su misión abruptamente y terminó detenido en la celda contigua a la de los que había venido a rescatar. Digno de una comedia.Hagan lugar en la celdaIncreíble pero real, la tragicómica historia comenzó a gestarse el último domingo por la tarde en la Primera sanvicentina, donde permanecen detenidos los dos delincuentes que tomaron de rehén a Rosa y un amigo durante cuarenta minutos. Tienen 23 y 37 años, son de Buenos Aires y cargan frondosos prontuarios.Cerca de las 16.40 llegó a la guardia un joven de 29 años con marcado acento porteño. Sin disimular, el recién venido comenzó a preguntar por los dos detenidos por el robo al empresario.“Llamó la atención enseguida porque sabía demasiado del hecho, tenía muchos detalles”, le contó a PRIMERA EDICIÓN un informante. Los uniformados sospecharon rápidamente, más aún teniendo en cuenta que los apresados son dos “pesos pesados” del mundillo delictivo bonaerense.Las miradas de los policías se cruzaban una y otra vez, hasta que el muchacho fue directamente al grano y pidió hablar con el jefe de la seccional.Desde la guardia lo llevaron al despacho, donde el oficial principal Francisco Del Rosario Díaz -segundo de la dependencia pero actualmente a cargo- jamás imaginaba con lo que iba a encontrarse.El extraño de acento porteño se sentó y pidió tener una charla a solas. Díaz cerró la puerta, se acomodó en su asiento y se dispuso a escuchar. Nunca pensó lo que se venía.“Mirá amigo, vengo desde Buenos Aires para ver qué posibilidades hay de arreglar, como hacemos allá, para evitar que esto llegue al juez, para que los pibes no queden presos. Tengo dinero en efectivo, un coche y una moto”, se arriesgó el “libertador”.Díaz no podía creerlo. El oficial apenas atinó a gesticular cuando el visitante volvió a la carga. “Dale amigo, pensá que uno de los pibes salió hace poco de la cárcel y no puede volver”, arremetió intentando excusar a su compañero.No hizo falta más. El jefe a cargo le pidió unos segundos y, cuando regresó, lo hizo con casi toda la guardia que estaba trabajando en ese momento.El muchacho terminó esposado sobre el escritorio y los uniformados procedieron a requisarlo. En su poder hallaron 4.700 pesos en efectivo y los títulos de un automóvil Chevrolet Corsa y de una motocicleta de 150 cc. Además, pasajes de colectivo de las últimas horas que daban cuenta de que efectivamente unió la Capital Federal con San Vicente, previa escala en Posadas. El enviado no mentía: había viajado más de mil kilómetros para “comprar” a la Policía y lograr la liberación de sus “compañeros”.Pero además del dinero y de las documentaciones, los policías incautaron en su poder tres teléfonos celulares, ni más ni menos. Los investigadores ya enviaron esos aparatos a Posadas, donde serán examinados exhaustivamente, ya que los mensajes de texto o las llamadas realizadas o recibidas podrían resultar clave en la investigación por el violento robo a Rosa.El comerciante y un amigo fueron reducidos por tres ladrones que los sorprendieron el sábado por la mañana en la casa del empresario. Como Rosa se resistió, los malvivientes debieron esforzarse para reducirlo. En ese interín, el amigo saltó desde el primer piso y logró dar aviso a la Policía, que enseguida rodeó la vivienda y puso en fuga a los malandras.Pese a que uno de los forajidos escapó, los dos bonaerenses fueron detenidos luego de disparar contra los policías para cubrir su huida. En su poder se secuestraron dos pistolas y un revólver.El hecho ocurrió sobre avenida Tejeda y calle Democracia, en pleno centro de San Vicente y a poco más de cien metros de la Primera, donde los delincuentes seguían detenidos hasta anoche. Al menos para ellos hay una buena noticia: ya no están tan solos. “Quiero ver qué posibilidades hay de arreglar, como hacemos allá”La frase es concisa y contundente. Refleja una realidad tan dura que, según el ahora detenido, suele ser “moneda corriente” en la capital del país.“Quiero ver qué posibilidades hay de arreglar, como hacemos allá”, le dijo el joven a Díaz, jefe a cargo de la comisaría seccional Primera de San Vicente que, vale la pena resaltarlo, actuó con la honestidad que se le exige a los funcionarios públicos encargados de la seguridad de la ciudadanía.El apresado dio a entender que, como revelan cotidianamente algunas investigaciones de medios nacionales, en Buenos Aires los límites entre lo legal y lo ilegal parecieran ser muy difusos.“Dale amigo, para evitar que llegue al juez, al fiscal. Dale, tengo esa plata, un coche y la moto”, insistió en su misión quien debía ser el salvador pero terminó cayendo junto a sus compañeros.Lo dijo como si se tratara de dos simples “ladrones de gallinas”, sin imaginar el revuelo que causó en la provincia el hecho perpetrado por sus compañeros.Todos quedaron a disposición de la Justicia, a la que esta vez no podrán esquivar.





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