“De acuerdo a nuestros datos, cuando en el Mar Argentino la flota de arrastreros congeladores que pescan merluza, unos 33 barcos, usen LEPs y TT se podrán salvar más de 10 mil albatros de ceja negra anualmente”, dijo Leandro Tamini, un biólogo argentino que pertenece a la Albatross Task Force Argentina, inventor del sistema. Los buques arrastreros usan redes que trabajan sobre el fondo del mar y están conectadas a la embarcación mediante unos cables llamados “de arrastre”. Estos suelen ser de acero y tener un diámetro de entre 24 y 36 milímetros. Al intentar alimentarse de las vísceras de los pescados que se limpian y las piezas que se descartan por no tener valor comercial, los albatros y petreles (las dos especies más amenazadas por este tipo de pesca) se reúnen en la popa y es habitual que se choquen con los cables, que se quiebren un ala o que queden enredados y mueran.Para evitar este tipo de situaciones ya se usan LEPs en otras regiones del Atlántico y en el océano Índico, donde han demostrado ser eficaces. Pero los fuertes vientos del Atlántico Sur reducen su efectividad, al enredar los cables. La TT evita que eso suceda. Se arroja desde la popa de la embarcación, luego de colocar las LEPs y se quita antes de recoger las redes.El albatros es una de las especies de aves más amenazadas del mundo, según un informe de diciembre de 2012 de la organización Birdlife International.Esta especie tiene un rol clave en la cadena alimentaria del océano, por ser un depredador de orden superior. Y “por su alta visibilidad en el medio ambiente marino y por lo fácil que es monitorear sus poblaciones, el albatros funciona como un excelente indicador de la salud” de ese ecosistema, comentó Ben Sullivan, coordinador del programa Global Seabird de la organización Bridlife International. Sullivan dice que la plataforma submarina patagónica, donde la corriente cálida y salina proveniente de Brasil se encuentra con la fría y rica en nutrientes de Malvinas provee uno de los terrenos de pesca más ricos y diversos del mundo.Entre las flotas está el buque Sanaragwa II, que tiene base en el puerto de Ushuaia, en Tierra del Fuego. Cada vez que zarpa pasa unos veinte días arrastrando sus redes en la zona de la Isla de los Estados, a unos treinta kilómetros al este de Tierra del Fuego, en busca de merluza de cola, merluza austral o abadejo.La tripulación del buque, que suele cargar entre 400 y 620 toneladas de pesca, ha estado experimentando con la TT y asegura que no dificulta su tarea. En desarrollo“La TT la venimos diseñando, probando, rediseñando desde fines de 2008”, contó Tamini, “y recién hacia fines del año pasado tuvimos el último modelo”.De hecho, todavía está en desarrollo y la tripulación del pesquero Sanaragwa II también ha hecho ajustes para adaptarla a diferentes situaciones.García contó que como la tabla “está preparada para cuatro nudos y medio” de velocidad máxima, si el barco acelera más “empieza a salirse del agua”.Entonces, explicó “le agregamos más peso” y con eso consiguieron que la TT se mantuviera en posición. “El modelo que estamos probando ahora se construyó artesanalmente, unidad por unidad, con plástico reforzado en fibra de vidrio”, explicó Tamini.“Luego armaremos un modelo de plástico, pero para ello se necesita saber bien la forma de las distintas partes del dispositivo porque se deben hacer matrices que son extremadamente costosas”. Por eso tantas pruebas.





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