OBERÁ. Muchos se sorprenden al verla caminar por los boxes del Campeonato Misionero de Karting. Pareciera ser la hermana de alguno de los innumerables pilotos que conforma el plantel de las cinco categorías. Pero no, la indumentaria la diferencia, el buzo antiflama la caracteriza. Es una niña y está lista para largar. Sí, se trata de Mairu Herrera, la pequeña que este año se encargó de dejar en claro que la velocidad, la adrenalina y el vértigo en el karting misionero no son propiedad exclusiva de los varones. Con solo ocho años, esta diminuta posadeña se animó a desafiarle a la velocidad al volante de un Stihl, la categoría más pequeña y promocional del campeonato, la ideal para los chicos que se quieren iniciar en el apasionante mundo de los fierros. “Pensamos que no se iba a animar. Primero la notamos tímida, pero como ya la conocemos pensamos que era una cuestión de tiempo. Y fue así, porque después se enganchó mucho”, contó Graciela, la madre. El temor de las madres suele ser, muchas veces, un freno para los chicos que quieren empezar a desandar el camino del automovilismo. Aunque este no fue el caso. “No hubo resistencia. A mí me gusta y creo que viene de familia, porque a mi padre también le gusta el automovilismo”, agregó Graciela. Pero Mairu, además, tiene en su papá Oscar al mejor aliado. Él corre en una categoría más grande, Cajeros 4 Tiempos, y fue quien la invitó a dar las primeras vueltas.Así arrancó“Le ofrecimos que el papá la lleve a dar una vuelta en el kart y le gustó. Y así poco a poco se fue soltando. Nuestra idea es que a través de realizar una actividad sola, pueda ir aprendiendo independencia y seguridad”, justificó la madre. Así, luego de varios fines de semana de prueba, el debut llegó en la primera fecha en el kartódromo de Alem. La pequeña se entremezcló sin contratiempos entre los otros seis karting de la categoría. En la serie completó cinco de las seis vueltas; y en la final sumó 9 de las 12.En la segunda fecha, en Posadas, terminó tercera en la serie y luego giró ocho de las diez vueltas que tuvo la final, donde fue cuarta. No desentonó y no complicó a los líderes. Ese cuarto puesto le valió un trofeo, que generó la primera anécdota contada por la madre. “Fue muy gracioso porque el lunes, después de la carrera, agarró la mochila para ir a colegio pero también llevó el trofeo para mostrarle a los compañeros”, contó entre risas. Graciela reveló que Mairu también asiste a clases de danza clásica y que “no es muy expresiva pero cuando hay ruido se entusiasma”. Admitió que en la familia, que se completa con otra hija de doce años, están contentos con la experiencia y que “seguirá mientras le guste”.





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