Sin pausas, con valentía y lejos de sus familias hace un mes, 27 brigadistas residentes de Misiones luchan contra los incendios en la Patagonia argentina, donde el fuego no da tregua.
La Brigada Nacional NEA del Servicio Nacional de Manejo del Fuego y con base en Apóstoles, están desde el 10 de enero en Chubut combatiendo los incendios forestales y donde además tienen que convivir con los pocos recursos, temperaturas extremas, terrenos de alta pendiente y suelo difícil de pisar, una sequía histórica y el poco descanso, en el marco de la catástrofe ambiental.
Rodrigo Aimetta, jefe de la Brigada Nacional NEA confió que el despliegue comenzó en los primeros días de enero, con toda la logística en equipos, personal y camiones hasta la provincia de Chubut, donde la unidad lucha contra el fuego. “Salimos desde Misiones y empezamos a trabajar el día 10 de enero. A la fecha venimos haciendo trabajo ininterrumpido en dos incendios distintos”, explicó en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones.
Aunque la brigada lleva el nombre de Región NEA, Aimetta aclaró que el equipo está integrado casi completamente por personal misionero. “La brigada nuestra tiene asiento en Apóstoles, Misiones, y está conformada 98% por apostoleños. Todos residimos en Apóstoles”, afirmó y explicó que la denominación regional responde a que la organización territorial del sistema abarca operaciones en Misiones, Corrientes y Entre Ríos.
El recorrido de los brigadistas misioneros incluyó primero el incendio de Puerto Patriada, en la zona de Epuyén; luego el foco de Puerto Café, en Villa Lago Rivadavia; y actualmente continúan las tareas dentro del Parque Nacional Los Alerces.
Aimetta remarcó que los incendios de la provincia sureña son hoy los más grandes que enfrenta la Argentina y que su magnitud obligó a un despliegue nacional sin precedentes. “En los incendios de Chubut ya han trabajado prácticamente todas las provincias del país”, señaló, a excepción de Corrientes, que la semana entrante enviará 40 combatientes.
Detalló que muchas brigadas realizan rotaciones de 14 días, aunque la emergencia demandó refuerzos constantes. “Ya pasaron todas las áreas de Parques Nacionales y brigadas provinciales”. Y e debe a que “el tamaño de los incendios es muy grande, los recursos siempre son justos y ya demandó que todo el país esté colaborando”, subrayó.

Días largos, noches sin descanso: el apoyo de las familias es clave
El brigadista contó que la unidad que lidera se organiza en dos cuadrillas de 13 personas. “Arrancamos alrededor de las 6:30 de la mañana y podemos terminar a las 5 o 6 de la tarde”, explicó Aimetta. Actualmente, una cuadrilla trabaja de día y la otra de noche: “El turno noche arranca a las 8 y va hasta las 5 de la mañana. Ahí cubrimos viviendas y atacamos focos nuevos rápidamente con los camiones”, mencionó.
En este marco, Aimetta agradeció especialmente a su equipo y a sus familias. “Mis combatientes son los que hacen el mayor esfuerzo día a día. Estar más de un mes lejos de casa es duro”, reconoció.
“El apoyo de las familias es incondicional. Todas las noches escuchamos ‘che, mi mamá te manda saludos’. Y también el apoyo de los vecinos de Apóstoles, que nos escriben y nos preguntan si necesitamos algo”, expresó.

“El fuego corre por arriba y por abajo”
El jefe de brigada explicó que el combate del fuego en la Patagonia es muy distinto al que realizan habitualmente en Misiones. “En el Parque Nacional Los Alerces tenemos mucha pendiente. A veces, cuando el clima ayuda, avanzamos uno o dos kilómetros y ascendemos 400 o 500 metros”, detalló. Eso implica trabajar en inclinaciones del 30 al 35%, con mochilas de 15 kilos o más. Con 45% prácticamente hay que gatear para no caerse”, graficó.
Otro desafío clave es el tipo de suelo: “No pisás tierra, es una acumulación de capas orgánicas de hojas, raíces y ramitas de siglos. El fuego corre por arriba y por abajo”. Por eso, el trabajo manual es lento y exigente: “Tenemos que hacer líneas de defensa quitando todo el combustible hasta llegar a la arena para que el fuego no pase por debajo”.
Las condiciones climáticas son otro factor determinante. Aimetta explicó que el sur del país atraviesa registros extremos. “En estos días se llegaron a registrar 36 o 37 grados. Para nosotros eso no es alarmante, pero acá es una locura”, afirmó. Por esta razón, confió, la zona sufre un fuerte estrés hídrico: “Hace un año y medio que prácticamente no llueve. El año pasado vinimos y se veía nieve en las montañas, hoy no hay nada, no ha nevado”, lamentó.
La humedad durante el día puede caer al 15%, y aun cuando llueve, el efecto es mínimo. “Caen uno, dos o tres milímetros. El bosque es tan cerrado que el agua no llega a apagar el fuego por debajo”, explicó. Sin embargo, las lluvias representan una oportunidad: “Aunque llueva, nosotros trabajamos igual, porque es cuando podemos ganarle metros al incendio”.
Febrero, el mes más crítico
Aimetta advirtió que la Patagonia está ingresando en su período más peligroso. “Febrero es el peor mes para los incendios en la Patagonia”, afirmó.
Actualmente, el incendio dentro del Parque Nacional Los Alerces podría mostrar avances positivos: “Yo calculo que en unas dos semanas ya podríamos tenerlo prácticamente contenido”. Sin embargo, otros focos siguen activos: “El incendio de Puerto Patriada todavía tiene frentes importantes y hay otro foco que salió del parque y se aproxima a Esquel. Si no se controla, puede complicarse mucho”, alertó.
Falta de equipamiento y una carencia crónica
Consultado sobre la situación del equipamiento, Aimetta fue sincero: “Nosotros dependemos del Ministerio de Seguridad Nacional y tenemos falencias que no son de ahora, vienen de años”. Aquí, enumeró problemas concretos como “falta ropa, las mochilas están muy deterioradas, no tienen las correas que deberían y eso aumenta el cansancio”, dijo.
Aun así, destacó la solidaridad de la gente que “ayuda muchísimo. A brigadas provinciales les compraron mochilas, borcegos, ropa. Hay voluntarios que nos hacen masajes, kinesiólogos que nos ponen vendas. Todo el tiempo te preguntan qué necesitás”, concluyó.











