Después de varios años de descenso, la mortalidad infantil volvió a crecer en Misiones. Según el último informe de Estadísticas Vitales, publicado por el Ministerio de Salud de la Nación, en 2024 la provincia registró 9,5 muertes de menores de un año por cada mil nacidos vivos, un salto significativo frente al 8,8 de 2023.
De acuerdo al documento, el aumento se explica por una combinación de factores: más defunciones infantiles registradas durante el año y una menor cantidad de nacimientos. Esa relación impactó de lleno en la tasa y ubicó a Misiones entre las provincias con mayor incremento interanual del indicador.
Y el dato no aparece aislado. La tendencia a la baja del 2023 también muestra un quiebre en otros indicadores clave, como la mortalidad perinatal y la materna.
En total, en 2024 hubo 16.469 nacidos vivos en la provincia, mientras que las defunciones infantiles totalizaron 156, a las que se sumaron ocho maternas y 171 fetales.
Las subas provinciales, además, se dieron en sintonía con la realidad nacional. En 2024, la mortalidad infantil en el país pasó de 8 a 8,5 muertes por cada mil nacidos vivos, lo que implicó un repunte importante tras más de una década de descensos consecutivos. En total, 15 provincias mostraron aumentos interanuales en este indicador.
Aumento en varios indicadores clave
Para entender el incremento de estos indicadores y a qué otros fenómenos están relacionados, primero hay que precisar qué se mide cuando se habla de mortalidad infantil.
El indicador incluye las muertes ocurridas durante el primer año de vida y, en los registros sanitarios, se divide en dos componentes: la mortalidad neonatal, que abarca los primeros 27 días, y la posneonatal, que comprende el período que va desde entonces hasta cumplir el año.
Por ese motivo, la tasa de mortalidad infantil (TMI) es uno de los indicadores más sensibles para evaluar las condiciones de vida, el acceso al sistema de salud y la calidad de la atención durante un momento crítico: los primeros meses de vida.
En Misiones, 2024 marcó un aumento claro en este indicador. La TMI pasó de 8,8 a 9,5 muertes de menores de un año por cada mil nacidos vivos, lo que implicó una suba de 0,7 puntos en apenas un año. El aumento se explicó tanto por muertes neonatales como posneonatales, lo que refuerza la idea de un retroceso que atraviesa distintas etapas del primer año de vida.
En paralelo, también creció la mortalidad perinatal, que incluye las muertes fetales tardías y las defunciones ocurridas en los primeros días después del nacimiento. En este caso, el índice pasó de 11,7 a 13,6, también un salto importante. Este indicador aporta pistas sobre los controles durante el embarazo, la atención del parto y las condiciones sanitarias en el inicio de la vida.
Otro indicador que creció fuerte fue la Razón de Mortalidad Materna (RMM). En la provincia, la tasa pasó de 3,2 a 4,9, un incremento que, aunque se apoya en números absolutos bajos, tiene un impacto directo en la lectura estadística y en la evaluación del sistema de atención obstétrica.
Cabe señalar que el propio informe del Ministerio de Salud advierte que “la mortalidad materna es un evento de baja frecuencia, pero de alta relevancia sanitaria”, y remarca la presencia de subdiagnósticos y de muertes asociadas tanto a causas obstétricas directas como indirectas, vinculadas a complicaciones que pueden aparecer durante el embarazo, el parto o el puerperio.
Cómo le fue al resto de las provincias
El comportamiento de Misiones forma parte de una dinámica más amplia, sobre todo a nivel NEA. En todas las provincias que conforman la región (Corrientes, Chaco y Formosa) las tasas de mortalidad infantil y perinatal no solo aumentaron respecto al año anterior: también se mantuvieron por encima del promedio nacional.
Chaco y Formosa se ubicaron nuevamente entre las provincias con indicadores más altos de mortalidad infantil. La primera mostró una suba del 9,5 al 11,8 en 2024, mientras que Formosa pasó del 10,2 al 10,7 en un año.
Corrientes, por su lado, se llevó el aumento más importante en esta tasa, ya que pasó del 11,6 a 14,0, registrando la TMI más alta a nivel país. En 2024, esa provincia registró 176 defunciones infantiles, ocho maternas y 137 fetales.
A nivel nacional, el aumento de la mortalidad infantil alcanzó en total a 15 provincias, con subas de distinta magnitud. Algunas jurisdicciones del centro y sur del país lograron sostener tasas más bajas, mientras que otras mostraron subas abruptas respecto de 2023, en especial aquellas con menor volumen de nacimientos, donde los cambios en las defunciones impactan con más fuerza.
En conjunto, la región NEA volvió a concentrar los registros más desfavorables de país no solo en la TMI. En el caso de la mortalidad materna, el patrón fue similar.
La RMM más alta a nivel nacional se registró en Formosa, donde alcanzó un inquietante 14,9, que despegó del 11,6 de 2023. Por su parte, Corrientes se ubicó en el 6,4 y Chaco en 11,8, elevada respecto a la media nacional.
A nivel país, la RMM pasó de 3,2 a 4,4, con contrastes notorios entre provincias y mayor concentración de tasas altas en el norte argentino. Otros registros elevados fueron los de Santiago del Estero (10,5), Tierra del Fuego (7,9) y La Pampa (6,6).
Por último, la tasa de mortalidad perinatal más alta fue la de Corrientes, de 16,2, pero otros registros importantes fueron los de Chaco (12), Entre Ríos (13,3), San Juan (13,4) Santa Cruz (13,6) y Tucumán (12,8). La media nacional fue de 11,0.

Causas de defunción
Al desagregar las defunciones de menores de un año en 2024, la mayor parte se concentra en tres grandes grupos de causas, una radiografía que permite entender mejor por qué sube la mortalidad infantil más allá de la cifra final.
El primer grupo de peso es el de las afecciones originadas en el período perinatal, es decir, problemas que aparecen antes, durante o inmediatamente después del parto. Allí se incluyen complicaciones por prematurez, bajo peso al nacer y dificultades respiratorias en los primeros días de vida.
En segundo lugar aparecen las malformaciones congénitas, que abarcan alteraciones del sistema cardiovascular, del sistema nervioso y de otros órganos vitales. Son cuadros que, en muchos casos, se originan durante la gestación y su evolución puede ser crítica en el primer año de vida, aun con seguimiento médico.
El tercer grupo corresponde a las enfermedades infecciosas y parasitarias, como las septicemias, seguidas por infecciones respiratorias graves y, en menor medida, enfermedades virales. También se registraron tres defunciones asociadas a dengue.





