El clima en San Javier, ciudad costera acostumbrada a la cerrazón matutina que luego da paso al sol, parece una metáfora del sentir local. “Así como el clima mejora, en política y economía el panorama no está tan despejado”, admite Adrián Iasinski, presidente de la Cámara de Comercio local. La reciente derrota electoral del presidente Javier Milei en las elecciones bonaerenses no solo sacudió el tablero político nacional; en esta frontera caliente con Brasil, sus réplicas se miden en la cotización del real, en la persiana de un cambista y en el changuito del supermercado.
La primera onda expansiva llegó el lunes posterior a los comicios. “Hay mucha incertidumbre en el plano macroeconómico, sobre todo en el tema cambiario. Muchos cambistas directamente no trabajaron esperando ver qué pasaba con el dólar”, relató Iasinski a la FM 89.3 Santa María de las Misiones. En las calles de esta localidad, donde el pulso económico depende tanto de la producción local como del humor del país vecino, el tipo de cambio informal con Brasil se negocia en una franja inestable de 250 pesos por real. “Esperemos que esta situación mejore y no complique más a los argentinos, porque todas las clases sociales la estamos remando día a día”, sintetizó el dirigente.
La presión de un gigante a precios de liquidación
El factor que desequilibra la balanza comercial cotidiana es la reciente devaluación en Brasil. Un real más fuerte en los últimos tres meses abarató drásticamente los productos del otro lado de la frontera para el bolsillo argentino. “Hoy, con un cambio de 250 pesos -un poco más o un poco menos, según dónde se consiga- los alimentos del otro lado resultan muy baratos. Eso nos afecta”, explicó Iasinski.
Aunque el costo de la balsa para cruzar el río Uruguay modera la fuga de consumidores en San Javier en comparación con otros pasos fronterizos, la diferencia de precios es abismal. “Una cerveza que en Argentina cuesta $1.800, en Brasil se consigue a $1.500. Lo mismo pasa con el arroz, los porotos o los alimentos básicos”, detalló.
Este fenómeno dio alas a un viejo problema: el contrabando. Pero ahora, la preocupación trasciende la competencia desleal. “Es una gran preocupación, sobre todo bromatológica”, advierte Iasinski. “En San Javier, Alem u Oberá se venden embutidos, fiambres y costilla brasileña que cruzan sin cadena de frío. Más allá de la competencia desleal, es un riesgo sanitario”. El dirigente comercial entiende la lógica del consumidor que busca precios, pero exige mayores controles. “Hay un tema de salud pública en juego”, subraya. La misma lógica se aplica a los materiales de construcción y electrodomésticos, que también resultan “mucho más baratos” en Brasil.
Una economía regional en terapia intensiva
El comercio minorista es solo la cara más visible de una crisis que cala hondo en la estructura productiva de Misiones. “Sectores como el tealero, yerbatero y maderero están prácticamente destruidos, luchando día a día para sostenerse”, lamentó Iasinski.
El golpe de la realidad contrasta fuertemente con las expectativas de principios de año. “En encuestas de la Confederación Económica de Misiones, había una gran expectativa de mejora con este gobierno. Hoy, en cambio, la mayoría de los empresarios no sabe si la situación mejorará o empeorará”.
A pesar de este escenario adverso, San Javier muestra una notable resiliencia. “Por suerte, no hemos tenido cierres de comercios ni despidos”, aseguró el presidente de la Cámara. La crisis, paradójicamente, impulsó el ingenio. “Aumentaron los emprendedores, muchos en la informalidad al principio, buscando generar ingresos. Nuestra idea es ir dándole formalidad a esos proyectos”. Para retener a la clientela, los comercios locales intensifican su presencia en redes sociales, lanzan promociones y se apoyan en programas de fomento provinciales.
“Tirón de orejas” y rumbo perdido
Para Iasinski, el resultado electoral fue más que una cifra: “Fue un llamado de atención al Gobierno, un tirón de orejas. La gente demostró que la está pasando mal”. La sensación que predomina entre quienes apoyaron el cambio de modelo económico es de desconcierto. “Esperaban otra cosa y hoy sienten que se perdió el rumbo”, afirmó.
El diagnóstico apunta a problemas estructurales que la nueva administración no logra resolver. “Las cargas sociales son abrumadoras: un empleado registrado equivale a la mitad de su sueldo solo en cargas”, denunció. A esto se suma una política monetaria que asfixia a las PyMEs. “Con la suba de tasas de interés y la inflación actual, acceder a créditos es casi imposible. La cadena de pagos empieza a complicarse porque un descubierto bancario o un préstamo se vuelven impagables”.
Mientras San Javier espera que las nubes económicas se disipen, la incertidumbre se convirtió en el nuevo estado de normalidad en una frontera que vive al ritmo de dos monedas y un mismo anhelo: el de encontrar, finalmente, un horizonte despejado.




