
Aquel segundo semestre que iba a ser de bonanza y revolución feliz se transforma ahora en “los días más terribles de la Argentina”, de acuerdo a las recientes previsiones de la diputada oficialista Elisa Carrió.
En ese contexto, se ha escrito en esta columna, es necesario que el Gobierno nacional comunique sin aplicar márketing, sin endulzar el discurso tal y como venía haciendo a la vuelta de estos dos años y meses.
Pero Cambiemos parece no entenderlo, vuelve a incurrir en el error de tapar el sol con el dedo, de no contarle a los argentinos de qué va esto de manejar la crisis.
En medio de los brutales ajustes y de las “tormentas” macristas, el ministro Nicolás Dujovne abrió en Washington una misión que, se entiende, será fundamental para el futuro del país.
La responsabilidad de explicarlo, de blanquear cómo van a resolver la inflación, la recesión y la total descompensación de los balances financieros volvió a quedar en el debe. Dujovne habló vagamente de tiempos y de buena onda entre los funcionarios argentinos y los del Fondo Monetario Internacional (FMI). Volvió a ocultar el qué, el cómo y el cuándo.
De la mano del vocero del FMI hoy sabemos a qué vuelve Argentina al ente prestamista. Vuelve a pedir menos condiciones, más dinero y en menos tiempo.
Ocurre que tanto el Fondo como Cambiemos saben a estas alturas que las pautas del préstamo acordado semanas atrás ya no podrán cumplirse, que los objetivos, una vez más, quedaron muy lejos y que será necesario reforzar lo hecho para que la crisis no se lleve puesto al país y con él buena parte del sistema financiero internacional.
Tarde o temprano el Gobierno deberá ajustar su estrategia y explicarles a los argentinos el lío en el que nos metieron.




