Retrasar la lactancia aumenta riesgo de morir en el primer mes de vida

Esperar para dar la teta de 2 a 23 horas eleva en un 40% la posibilidad que tiene el bebé de morir en los primeros 28 días de vida. Más de 24 horas incrementa este riesgo hasta un 80%.

08/08/2016 00:00


Según indicaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la leche materna es el alimento ideal para los niños pequeños y no tiene sustituto debido a que aporta los nutrientes específicos que se requieren para el crecimiento y desarrollo saludable. Por este motivo recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida del niño. No sólo eso, es igual de importante suministrarle de leche en la primera hora del nacimiento. Según datos de Unicef, alrededor de 77 millones de recién nacidos (o 1 de cada 2) no reciben leche materna en la primera hora que transcurre después de su nacimiento, y esto les priva de nutrientes, anticuerpos y el contacto con la piel de sus madres, esenciales para protegerlos de las enfermedades y de la muerte. Es más, cuanto más se retrasa la lactancia, mayor es el riesgo de morir en el primer mes de vida. Retrasarla de 2 a 23 horas después del nacimiento aumenta el riesgo en los primeros 28 días de vida en un 40%. Dejar pasar 24 horas o más, incrementa este riesgo hasta un 80%.“Los análisis de Unicef muestran que las mujeres no están recibiendo la ayuda que necesitan para iniciar la lactancia inmediatamente después del nacimiento, incluso en aquellos casos en que un médico, una enfermera o una partera presta asistencia durante el parto”, consideró la licenciada en Obstetricia, Paula Gómez, coordinadora de la Licenciatura en Obstetricia de la Universidad Católica de las Misiones (Ucami).La alimentación de los bebés con otros líquidos o alimentos es uno de los motivos por el que se retrasa la lactancia temprana. “En muchos países es costumbre alimentar al bebé con fórmula para lactantes, leche de vaca o agua con azúcar en los tres primeros días de vida. Casi la mitad de todos los recién nacidos son alimentados con estos líquidos. Cuando los bebés reciben alternativas menos nutritivas que la leche materna, amamantan con menos frecuencia, haciendo que sea más difícil para las madres iniciar y continuar la lactancia”, señaló Gómez.A nivel mundial, sólo el 43% de los bebés menores de seis meses son amamantados de manera exclusiva y aquellos bebés que no reciben leche materna en absoluto “tienen 14 veces más probabilidades de morir que aquellos que se alimentan sólo con leche materna”, explicó Gómez y agregó que “cualquier cantidad de leche materna reduce el riesgo de morir del niño. Los bebés que no reciben nada de leche materna tienen siete veces más posibilidades de morir a causa de infecciones que aquellos que recibieron por lo menos algo de leche materna durante sus seis primeros meses de vida”.Es más, según Francia Bégin, asesora superior de nutrición de Unicef: “si se alimentara a todos los bebés sólo con leche materna desde el momento en que nacen hasta los seis meses de edad, se salvarían más de 800.000 vidas cada año”.Para no perder reflejos“Dentro de los diez pasos de la Liga de la Leche, el cuarto es incentivar la lactancia en la primera hora de vida del bebé, colocando al niño piel a piel con la mamá”, destacó Nilda Romero, consejera de lactancia del Hospital Samic de Eldorado, en diálogo con PRIMERA EDICIÓN. “Cuando nace, el bebé tiene todos los reflejos de succión, de búsqueda del pezón y la apertura de la boca. Si en esa hora no toma la teta de la mamá, esos reflejos se pierden y hay que enseñarle a prenderse de la teta”, explicó. Según Romero, el bebé “con la primera prendida al pecho de su mamá fija esta información en su cerebro. Si se prendió bien, no se van a producir grietas o heridas en el pezón. Pero si se prendió mal, eso es lo que fija en su cerebro y va a seguir prendiéndose mal y va a causar grietas y heridas en la mamá. Es por esto que es muy importante que empiece a tomar la teta en la primera hora de vida”.Por lo general, se puede pensar que aquella mamá que tiene su bebé por parto normal tiene más chances de alimentar a su bebé sin problemas en esa primera hora, en contraposición a lo que ocurre con las madres que pasan por una cesárea, pero “ahora ya no importa, en el hospital cuando una mamá tiene por cesárea se le explica al familiar que ponga al bebé en la teta aunque la madre esté dormida y no se pueda mover. El familiar puede colocar el bebé a la teta durante esa primer hora aunque la mamá esté con anestesia”, explicó Romero.Aquellos casos en lo que se retrasa la lactancia tienen que ver con que “el bebé duerme o está más aletargado”, pero “hay que despertarlo porque siempre se tiene que estar atento a que no baje la glucemia del bebé”. Además, el niño debe ingerir el calostro, el primer líquido que sale de la teta de la mamá que contiene nutrientes necesarios para el desarrollo. “Es como la primera vacuna. Es fundamental porque tiene una proteína que se llama inmonoglobulina que evita que los virus y las bacterias se peguen al estómago del bebé y causen infecciones. Es totalmente necesario que reciba el calostro”. Un beneficio también para la mamáGómez explicó que “la lactancia materna también contribuye a la salud y al bienestar de las madres. Ayuda a espaciar los embarazos, reduce el riesgo de cáncer de ovario y mama, aumenta los recursos familiares y nacionales, es una forma de alimentación segura y carece de riesgos para el medio ambiente”. La profesional de la Ucami señaló además que “actualmente la OMS recomienda la lactancia materna como alimento exclusivo de los bebés durante los primeros seis meses de vida, y como un complemento de los alimentos hasta los dos años o más del niño”. Señaló que “la leche materna aporta toda la energía y nutrientes que el niño necesita en sus primeros meses de vida y sigue cubriendo la mitad o más de las necesidades nutricionales del niño durante el segundo semestre de vida y hasta un tercio durante el segundo año. La lactancia exclusiva fomenta el desarrollo sensorial y cognitivo y protege al niño de las enfermedades infecciosas y crónicas, reduce la mortalidad del lactante por enfermedades frecuentes en la infancia, tales como la diarrea o la neumonía, y ayuda a una recuperación más rápida de las enfermedades”.