“Muchas veces el salario afectivo es lo más importante que recibimos”

Como una mujer íntegra, que dedicó su vida a la profesión y que es guía para quienes fueron sus alumnos, describieron en el entorno laboral a la magíster Luisa Dos Santos (65), distinguida por el Colegio de Profesionales de Enfermería de Misiones (ColPEM) en ocasión de conmemorarse hoy el Día Internacional de la Enfermería.

12/05/2019 15:02

Fotos: Miguel Colman

Nació en Campo Ramón, donde cursó parte de la primaria, que completó en Oberá junto al secundario. Apenas egresó, aparecieron en el camino unas becas de la Dirección de Recursos Humanos de la Nación para estudiar enfermería en la Universidad del Nordeste (UNNE).

Decidida, lo hizo casi sin pensar. “La vi como una oportunidad para poder estudiar y después fue la profesión que me dio todas las satisfacciones”, analizó emocionada, y a la distancia, la profesional que se jubiló tras 32 años de docencia en la Escuela de Enfermería de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM). Junto a otras dos jóvenes emprendió el viaje a Corrientes, y culminó la carrera en tiempo y forma. Regresó a la Capital del Monte, y no paró de trabajar y perfeccionarse: en 1974, se recibió de enfermera en la UNNE; en 1992, de licenciada de enfermería en la UNaM, y en 1999, magíster en Salud Publica en la UNNE.

En esos momentos, el Ministerio de Salud Pública estaba dividido por zonas. El hospital de Oberá era la base de la Segunda Zona, de mayor complejidad, que comprendía los nosocomios de San Javier, Leandro N. Alem, 2 de Mayo, Alba Posse, 25 de Mayo, San Vicente, y con 21 o 22 años, Dos Santos debió estar al frente. Luego fue nombrada coordinadora de las funciones docentes de la Segunda Zona y estuvo involucrada en la formación de auxiliares de enfermería.

En esa época también disponían de becas para aquellas que cumplían funciones de enfermeras en los diferentes hospitales y CAPS a fin que tuvieran la posibilidad de realizar el curso de auxiliar.

También intervino en la formación de los agentes sanitarios, que actualmente se denominan promotores de salud. Pero en todas las situaciones que debió afrontar “siempre estuvieron los compañeros, algunos auxiliares, otros empíricos, que tenían muy presente lo que era el sujeto cuidado, a quien atendían, que hicieron que mi trabajo fuera muy gratificante”, manifestó.

Recordó que ingresaba a las 6, “me ponía el uniforme e iba a cualquier sala donde había un enfermero. Ellos me enseñaban el conocimiento que tenían de la persona que estaba en esa cama. Sabían, por ejemplo, que era de Alba Posse, que hablaba en portuñol, que lo acompañaba la familia.

Esa formación académica que recibí estaba plasmada en esa gente que hacía la enfermería por vocación, porque le gustaba. Ahí aprendí que el cuidado del enfermero es integral, que siempre incluye la familia -que está totalmente conmovida por esa situación de enfermedad, que vino hasta Oberá, los cambios que implicaron- y que lo más importante para nosotros es ese sujeto que necesita ser asistido”.

Dos santos vino a Posadas cuando su hija, Alfonsina Celeste, tenía tres años. Con ellas llegó la abuela materna Teovelina Ojeda. Destacó su acto de amor porque con sus 80 años había dejado todo en Oberá para acompañar a la nieta y cuidar a la bisnieta.

Admitió que “aprendí muchísimo en el hospital de Oberá. Tengo muy buenos recuerdos con esa gente. Algunos fueron auxiliares y después, cuando vine a dar clases a la universidad, los formamos como enfermeros profesionales con el proyecto de profesionalización, al igual que cuando hicieron la licenciatura en enfermería. Pasé por todas sus etapas: auxiliar, enfermero, licenciado”.

Como jefa de enfermería y en cumplimiento de las funciones docentes, también trabajó en la capacitación del personal de todos los hospitales, que se llamaban unidades sanitarias porque tenían una complejidad menor al nosocomio obereño. Así, recorrió 2 de Mayo, Aristóbulo del Valle, San Vicente. Cuando se inauguró el hospital en la Capital de la Madera fue la responsable de formar y organizar el servicio de enfermería. “Ahí tuve muy buena experiencia, muy buena respuesta de la gente. Lo que esta profesión me dejó en claro es que el enfermero tiene algo que lo hace que sea enfermero. Muchas veces el salario afectivo es lo más importante que recogemos: una sonrisa, una mirada”.

Explicó que el cuidado se centra en intentar cubrir todas esas respuestas humanas que en ese momento están alteradas por alguna situación de enfermedad o por alguna situación familiar.

“Nosotros también hacemos diagnósticos y cuando hacemos la valoración de una persona, de un sujeto de cuidado, relevamos información muy importante, y muchas veces esa mirada, ese gracias, nos enriquece. Esa persona que está ahí depende en muchos aspectos de vos, por las actividades que hacés, te está agradeciendo, te está mirando, te está sonriendo”. Siempre decía a los alumnos:

“Cuando un paciente se queja que le duele algo, independientemente del analgésico prescripto, acercate, hablale, tocale, porque muchas veces no es tanto el dolor sino que está reclamando atención, busca canalizar el miedo, la soledad”.

Una vez establecida en Posadas, trabajó en el Ministerio de Salud Pública (Dirección de Recursos Humanos, Dirección de Atención Médica, Inmunizaciones, Atención Primaria de la Salud). En la docencia rindió primero un concurso interino, luego regular, y se jubiló como profesora titular de la materia: Enfermería en el cuidado del adulto y del anciano. Entre otras tantas tareas que desempeñó, trabajó en investigación y extensión, y formó parte del equipo de investigación de la magíster Nora Jacquier.

Escribieron el libro “Introducción a la enfermería comunitaria, una contribución a la salud colectiva”. Es que vieron que no había bibliografía específica para trabajar en el área comunitaria y lo editaron gracias a las experiencias recolectadas junto a Jacquier, la licenciada Ruth Noemí Martínez, y la especialista en docencia Liliana Elizabeth Wolhein. En 2014 se hizo la primera edición y en 2016 la segunda, y es utilizado como material de estudio de la carrera.

Dos Santos se describió como una persona “armoniosa, conciliadora, con disposición para el trabajo. Voy por la calle, me saludan, me gritan profe. La vida y esta profesión me dieron muchas satisfacciones por las que estoy agradecida”. Aseguró que hasta llegar aquí nada le resultó fácil. “Fui aprendiendo día a día. De estudiante iba al comedor universitario, y en ese entonces la beca que tenía alcanzaba para cubrir una pieza, después la pensión, y a casa volvía dos veces al año. Mi mamá, Marta, me extrañaba pero sabía que ese era el camino, y siempre estuvo orgullosa”.

Por decisión de la comisión directiva de la ColPEM, con la que también contribuyó, Dos Santos recibió el premio “Florence Nightingale”, que se entrega por tercer año consecutivo y que en 2018 fue para su amiga, la licenciada Gloria Montenegro. Es en honor a la enfermera, escritora y estadística británica, considerada precursora de la enfermería profesional moderna y creadora del primer modelo conceptual de enfermería. “Es una distinción muy importante. estoy muy honrada. no se si merezco tanto. Cuando llamaron para comunicarme, hice una revisión y me dije: ¿todas estas cosas hice?”, contó quien ahora integra la Murga de la Estación donde se siente “contenida y feliz”, hace pilates, camina, y continúa con tareas de terapeuta comunitaria, carrera que cursó en la Universidad de la República, de Montevideo (uruguay).

Añadió que “siempre supe que era yo la que tenía que ir, la que tenía que estudiar. Seguramente debe ser diferente si tenes padres que te apuntalen. Pero esto te da estrategias, armas, herramientas, para que vos hagas todo con responsabilidad, agradecida, respetando al otro, tratando de no herir a las personas gratuitamente”.