El sueño del padre Hayes cada vez más tangible

La última Semana Santa el Jardín Bíblico recibió a una multitud. La belleza del lugar, el carisma de su gente y las cuidadas actividades desarrolladas dejaron en evidencia que “Dios está aquí” y que la obra del ángel de los desprotegidos comienza a tomar la forma que imaginó.

28/04/2019 12:59

El 24 de marzo de 1987 llegó a la Capital del Monte quien se convertiría en el ángel de los más desprotegidos, el padre Guillermo Hayes. Un hombre que hizo del Evangelio su vida; dio de comer cuando vio hambre, de beber a quienes sentían sed, recibió a los forasteros, vistió a los desnudos, acogió a los enfermos y visitó a los encarcelados; y que soñó un gran Jardín Bíblico. En diciembre se cumplieron cuatro años de su muerte y en sus obras aún muchos encuentran regocijo, no sólo quienes encontraron cobijo en los hogares que fundó, sino también la sociedad toda que, como la pasada Semana Santa se dio cita en un espacio que invita, por sí solo, a la oración, incluso en quienes no profesan la fe católica. Y comienza a cumplirse así uno de los más bellos anhelos de este siervo de Dios.

El Jardín Bíblico es considerado un espacio de meditación cultural, turístico y religioso dentro del predio del Hogar Santa Teresa, el primero que fundó Hayes, en 1992, y a los que prosiguieron el hogar de ancianos y personas abandonadas “Virgen de Luján”, en 2004, y el 12 de junio de 2011, el hogar de capacidades intelectuales diferentes “Espíritu Santo”.

Constituye un espacio verde que revive los lugares donde Jesús vivió de acuerdo a los relatos bíblicos y su terminación, además de encontrarlo en las grillas de las distintas actividades de la ciudad, especialmente las relacionadas al calendario litúrgico, estuvo entre las metas del padre, que se inspiró en el jardín de un monasterio benedictino en Irlanda, donde -por razones climáticas- buscaron plantas similares para representar a las especies que aparecen en la Biblia y que en Misiones crecen sin problemas, como las palmeras, la vid y el olivo, por ejemplo.

La construcción se llevó a cabo en etapas y gracias al aporte de muchos benefactores, obereños, principalmente, que supieron acercarse con una bolsa de cemento, algún metro de arena o un poco de piedra. Y, más tarde, también con la colaboración del Gobierno provincial.

Si bien siempre este rincón de Villa Svea, en la calle Sagrado Corazón de Jesús 4213 (hasta en la dirección se vislumbra la mano de Dios) sirvió de escenario para distintas actividades litúrgicas, la última Semana Santa lo encontró en su máximo potencial.

El público se contó por centenas y las devoluciones, que se hicieron escuchar a lo largo y ancho de la ciudad, en las redes sociales y los medios de comunicación locales, sólo llevan a una reflexión, el padre Hayes estaría feliz.

Y para quienes encontraron en el Hogar Santa Teresita, niños, hombres y mujeres a quienes Hayes “dio salvación”, y aquellos que llegaron después significó una luz que se encendió en la más grande oscuridad, pues no hay tristeza más grande que ser abandonado, y por un par de días se sintieron parte de la sociedad. Ojalá sea sólo el comienzo…