Debemos exigir reciprocidad para que se respete a Misiones

Para quienes heredamos la cultura de hasta comienzos de los años de los ‘60 del siglo pasado, superponerse al límite de respeto y consideración al ser humano, se calificaba como una sumisión camino a la esclavitud.

08/04/2019 21:52

 Por: Alberto Mónaca
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Para tratar de impedir esa maldad, la enseñanza de nuestros padres, maestros, profesores, como también dirigentes políticos, era exigir reciprocidad, incluyendo a los gobernantes de entonces en todos sus niveles. Si así no se procedía, se facilitaban los abusos y la impunidad para transformar ese sistema de Gobierno en un régimen disfrazado de democrático pero absolutamente totalitario, hipócrita y corrupto.

Pero, al imponerse la nefasta permisividad, paulatinamente se fue sustituyendo el respeto a los seres humanos, a la tradición, a sus costumbres y leyendas, como también sepultando en el injusto olvido a quienes contribuyeron al progreso y felicidad de sus habitantes.

A la vez, y por la sumisión de sus responsables, fueron desapareciendo las danzas y los ritmos históricos y populares de esta histórica provincia de Misiones. Respecto a este último “despojo”, ocurrió con sugestiva prioridad cuando comenzó a funcionar el Centro del Conocimiento que, en lugar de identificarse como otro orgullo misionero, se lo exhibe como si fuera patrimonio “…de las Misiones”.

Como durante más de 200 años, Corrientes utilizó -y lo sigue haciendo- esta manera de identificar a los pueblos históricos que pertenecían a la histórica provincia de Misiones, como correntinos: Yapeyú, La Cruz, Santo Tomé, San Carlos.

El ejemplo resulta realmente sorprendente ya que esa millonaria estructura cuenta con secciones como la “Editorial de las Misiones”, la “Biblioteca Pública de las Misiones” y el “Teatro Lírico de las Misiones” y en donde hasta se facilita con mucha publicidad para la “preselección de los chamameceros misioneros”, que han de ir a actuar en la Fiesta Nacional del Chamamé.

No escapan a este comentario los fundamentos de la expresidente Cristina de Kirchner al distinguirlo a Andrés Guacurarí como General del Ejército Argentino afirmando que era “nativo de Santo Tomé (Corrientes)”, cuando en realidad la mayoría de los historiadores alegan que fue en San Borja; en tanto la Agencia Télam, del Estado difundía que él había defendido “los pueblos correntinos de las Misiones”.

Y, a partir de esta falacia, para la mayoría de los argentinos, inclusive para misioneros desinformados, el héroe misionero pasó a ser otro héroe correntino.

 

Ya es hora de reaccionar

Misiones, “La Tierra Sin Mal”, sigue siendo generosa, hospitalaria, solidaria y por eso impera la convivencia pacífica y sin discriminación alguna. Pero, ese civilizado comportamiento, no debe interpretarse como una resignación para convertirnos “generosos con los de afuera y mezquinos con nuestra histórica tradición, sus personajes y todo lo que ha aportado a la Nación Argentina, desde 1641 con la Batalla de Mbororé.

Para quienes desconocen la realidad, vale la pena recordar con orgullo misionero que aquí, hace 50 años, se lanzó el Festival Nacional de la Música del Litoral, sin egoísmo alguno y con la participación de Paraguay, Brasil, Entre Ríos y Corrientes. Pero en estos últimos años, ese magnífico escenario se convirtió en una suerte de “sucursal” de la Fiesta Nacional del Chamamé con sólo 28 años de actuación.

Esta inaceptable permisividad ha facilitado que en todo Misiones, no sólo en el Anfiteatro Manuel Antonio Ramírez, hayan desaparecido los cinco ritmos históricos de Misiones que, con mucho orgullo eran ponderados en toda la Argentina sino que también en Europa.

Por eso, por falta del coraje cívico de quienes tienen la responsabilidad de defender nuestra identidad, ya son muchos los misioneros y los conjuntos correntinos que se lucen y triunfan ejecutando exclusivamente el chamamé en decenas de fiestas provinciales, nacionales e internacionales que caracteriza a la tierra colorada.

A esta discriminación privilegiada debe ponerse, con respeto y fundamentos irrefutables, la exigencia de una reciprocidad que merece Misiones, tanto aquí como también en Corrientes, ejecutando el chamamé pero sin olvidar los ritmos históricos misioneros.

Si se procede así, poco a poco iremos rescatando y reivindicando a la histórica Provincia de Misiones.

 

Ejemplos

Si parte de la solución es la reciprocidad, es porque Misiones en su trayectoria histórica siempre fue generosa y solidaria. En sus vías públicas figuran todas las provincias y personajes históricos.

Cocomarola, ese famoso chamamecero correntino hace años que fue distinguido con una importante avenida de Posadas con su nombre. El populoso barrio en torno a esa vía también lleva su nombre.

Una de las cuatro avenidas principales que rodean la ciudad capital de Misiones es la Corrientes y, desde ella, nacen Tacuarí, en homenaje al niño correntino con su tambor; y Genaro Berón de Astrada, que fuera gobernador de esa provincia.

A su vez, en el Canal 12 del Estado misionero, muchos de sus programas referidos a diversas actividades locales son animadas con el ritmo correntino, y los sábados durante varias horas de la noche, con el programa “De Misiones al Mercosur”, se difunden bailando de forma exclusiva el chamamé.

Al apelar a la reciprocidad ante tantas distinciones en reemplazo de los ritmos históricos de Misiones y en reconocimiento a personajes correntinos, es de interrogarse si en Corrientes hay una calle o avenida con el nombre de Misiones.

Como también, si se los recuerda a Vicente Cidade, Teodoro Cuenca, Daniel Stéfani. Al corneta de órdenes de San Martín, Miguel Chepoyá; o a algún gobernador misionero, como Aparicio Almeida (como ejemplo de humildad y solidaridad); César Napoleón Ayrault que al estilo misionero no tuvo reparo alguno en colaborar con el Nordeste de Corrientes durante su mandato 1960/62.

Pero todavía queda pendiente cambiar el nombre de Posadas por Ciudad de San Martín, ante esa nominación impuesta por Corrientes en 1881 en homenaje a su benefactor, el Director Supremo Gervasio Antonio de Posadas que, como enemigo de Artigas y de la histórica Provincia de Misiones, a expensas de todos los pueblos misioneros, en 1814 fundó la Provincia de Corrientes.

Una ignominia que todavía persiste, sin respetar la decisión del Congreso Nacional que, al crear el Territorio Nacional de Misiones, en 1881, y donde no tuvimos representantes para defender ese vasto territorio que perdimos a favor de Corrientes, desde el límite con Entre Ríos, bordeando el Iberá hasta Ituzaingó, se aprobó al pueblo de Corpus como capital pero con el nombre: Ciudad de San Martín.

Pero también ahora, año 2019, cuando en marzo visitó Misiones el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, junto al mandatario misionero, Hugo Passalacqua, al visitar la Escuela 125 “Martín de Güemes”, el visitante entregó allí un busto de ese héroe, bibliografía de su vida y otros antecedentes históricos.

Entonces habrá que ver si en Salta hay una escuela con el nombre de Andrés Guacurarí y, si no lo hay, un gobernante misionero deberá ir hasta esa provincia para pedir también reciprocidad y así ir reivindicando a la histórica Provincia de Misiones, con hechos y no con meras promesas.