Salvadora Sokol, una leyenda del Paraná

Fue una de las primeras mujeres de Misiones en sumarse a las competencias y tuvo que enfrentar un ambiente machista. Representó al Pira Pytá en varias competencias regionales y nacionales. Sus hijos, criados en el río, también fueron campeones “Lloraban los reeles y lloraba el bebé”, recordó.

04/04/2019 11:45

No exageramos si decimos que Salvadora Sokol fue una adelantada a su época, una pionera que supo romper con los prejuicios y se ganó un lugar a fuerza de cañazos y buenas capturas en el por entonces generoso río Paraná. Supo representar al Club de Pesca y Náutica Pira Pytá en competencias nacionales y regionales junto a su esposo, Ladislao, quien fue el responsable de transmitirle toda la pasión que todavía hoy siente por la pesca.

Su diminuta figura toma otra dimensión cuando empieza a desgranar anécdotas y recuerdos de hace cinco décadas, cuando la pesca estaba reservada casi en forma exclusiva para los hombres y más aún si de competir se trataba.

En una amena charla con Río Arriba, Salvadora recordó que su primer contacto con la pesca se dio después de casarse con Ladislao Sokol, un fanático de este deporte. “Yo vine de Paraguay a los 18 años y conocí a quien sería mi esposo. Nunca antes había pescado, pero él se había criado en el río y yo empecé a acompañarlo”, contó.

“Nos casamos en 1958 y cuando se dio cuenta que también me gustaba mucho la pesca me pidió que empezara a acompañarlo. Participamos más de 20 años en las 20 Horas de Pesca del Pira Pytá. Ladislao también fue campeón del Primer Concurso Nacional de pesca que se realizó acá en Posadas”, sostuvo con su débil voz pero una memoria prodigiosa.

Salvadora asegura que “antes no hacía falta salir en una embarcación para pescar, pero después empezaron con la construcción de la represa y todo cambió: había que tener bote para lograr alguna buena captura. La represa arruinó todo y empezaron a desaparecer los grandes peces”.

En su juventud, junto a Ladislao y sus dos hijos solían pasar Semana Santa acampando en el Refugio Don Lorenzo, que estaba a la altura de Miguel Lanús. “Era lindo, se juntaban muchas familias y cada una salía al río a pescar a la hora que quería. Sólo pescábamos lo que íbamos a consumir en ese momento. En esa época salían dorados, manguruyúes y surubíes grandes. Yo llegué a sacar un surubí de 80 kilos”, rememoró.

“A esos bichos grandes había que dejarlos que corcoveen, que se cansen y después ya se entregaban”, dice, recordando las épicas batallas con los gigantes del Paraná. En su casa atesora cientos de fotos con esos ejemplares que pasaron a ser historia en el Alto Paraná.

Sobre los secretos para la pesca, dice que no pasa por los equipos, sino por la carnada que se usa. “Debe ser fresca”, avisa.

Sobre la época en que se sumó a la competencia, Salvadora recordó que representó al Pira Pytá en muchos concursos y llegó a viajar hasta Cruz del Eje, Córdoba. “Yo era la única mujer y más de una vez me hicieron trampa para dejarme fuera de la delegación que iba a competir”, contó.

Y un dato más. Siempre tuvo una gran conciencia ecológica. “Cuando salíamos al río yo le decía a Ladislao que iba a sacar dos pescados y nada más. Una vez, fuimos a la isla Cañete y en un ratito saqué dos dorados, guardé mi caña y me puse a tomar mate. Él me dijo que siga pescando, que estaba con suerte; y le respondí que ya había sacado los pescados que había ido a pescar”.

Recordó que apenas 40 días después del nacimiento de su hijo ya estaba de vuelta en el río, pescando. “Lloraban los reeles (con una corrida) y lloraba el bebé”, dice con una sonrisa. “Ellos (por sus dos hijos) siempre nos acompañaron y salieron pescadores, a tal punto que fueron campeones en varias competencias”, afirmó.