El cooperativismo y el Estado ausente y voraz

Allí, donde el Estado está ausente, quedaron el espíritu del trabajador y la necesidad de seguir generando ingresos para sostener a las familias. Por ello, cientos de trabajadores se van acogiendo al cooperativismo.

17/02/2019 16:20


La grave crisis que empuja a la baja el consumo, en algunos casos a los alarmantes niveles de 2001, dio de lleno en muchos emprendimientos de pequeña y mediana escala que vieron opacadas sus chances de cara al futuro.

El cierre de empresas, fábricas y comercios comenzó a ser una constante en estos meses y, ante esa dura realidad, muchos trabajadores – jefes de familia, se quedaron sin empleo.

Hasta el presente, lejos de sensibilizarse, el Gobierno de Mauricio Macri habla de los despedidos en casi todos sus discursos, pero en la práctica poco y nada hace para reinsertarlos en los circuitos laborales.

En ese contexto, también en Misiones, decenas de comercios y fábricas languidecen frente a las magras ventas, las importaciones liberadas, los altos costos laborales y las siderales tarifas de servicios.

Por ello, cientos de trabajadores se van acogiendo al cooperativismo para intentar levantar una empresa en crisis o bien para emprender nuevos negocios aportando cada uno su conocimiento y experiencia.

De acuerdo a los registros obtenidos por este Diario, en la Provincia existen cerca de 2.000 entidades cooperativas agrupadas en categorías como servicios, de trabajo, productivas y agrarias, entre otras. Al menos 600 se desarrollan en mayor o menor medida en Posadas.

Algunos casos emblemáticos son la fábrica de bolsas Kraft (exLa Arminda Limitada), de Puerto Rico; la yerbatera La Hoja, de San Ignacio; y Amanecer (exMBM), de Colonia Delicia.

Las empresas a las que pertenecían, algunas inviables, jamás vieron un gesto del Gobierno de turno para con las economías regionales.Sucumbieron ante la brutal presión fiscal a la que se someten todas las empresas argentinas desde hace décadas, no importa quien gobierne.

Debieron optar entre pagar salarios o cubrir los servicios antes que invertir en equipamiento. Su final ya es conocido.

Allí, donde el Estado estuvo ausente, quedaron el espíritu del trabajador y la necesidad de seguir generando ingresos para sostener a las familias.

Y, como si la desidia estatal ya fuera suficiente, también se les demora la obtención de la matrícula nacional, trámite fundamental que habilita a la cooperativas para producir.

Ya no se trata de políticas que aporten al desarrollo de los emprendimientos, sino simplemente que los habiliten. Pero ni siquiera eso está en la agenda del Gobierno nacional que es el que decide la suerte de las entidades.

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