“Maravilla” continúa escribiendo su historia en San Ignacio

Allá por 1983 fue don Lito Canteros quien puso sobre sus hombros la organización de un grupo de vecinos que soñaba con grandes noches carnestolendas. Con su muerte la comparsa entró en un impasse, pero hace un par de años su hijo decidió tomar las riendas.

05/01/2019 09:16


Gentileza G. Spaciuk

Enero. Cae la tarde. El sol se recuesta sobre el Paraná y el ensordecedor chirrido de las chicharras sólo se interrumpe con el cantar de tambores y cajitas que danzarines acompañan buscando los mejores ritmos mientras el aire se llena de purpurina y lentejuelas. Así se viven los veranos en la Ciudad de las Ruinas. Es que el carnaval es parte de su esencia y “Maravilla” supo grabarse en su historia.

Don Lito Canteros fue una pieza clave en la formación y en el andar de esta comparsa. Hoy, más de tres décadas después, su hijo Damián es quien lleva la posta y recordó que “el carnaval surgió en el barrio que hoy es Gendarmería Nacional, como una fiesta de disfraces, luego se expandió a todo el pueblo. Con el inicio de la democracia, en 1983, tomó impulso y nació Maravilla, a partir de un grupo de familias de la localidad que se unieron con el propósito de darle forma al proyecto carnestolendo”.

Desde entonces y hasta 1998 inclusive el sambódromo que se improvisa para celebrar al Rey Momo contó con su presencia. En 1999 algunas cuestiones los mantuvieron fuera y al año siguiente, con el fallecimiento de don Lito, lamentablemente, la comparsa entró en un impasse.

“Yo era muy joven y no me podía poner al frente”, confió Damián y añadió que “en 2015, con un grupo de amigos, muchos que aún hoy estamos presentes, decidimos volver, trabajamos durante todo 2015, pero ese año no salimos, recién en 2016 retomamos la calle, sin cambiar la denominación, manteniendo su formato, incluso los colores de la bandera, rojo y blanco, con nuevas caras y el apoyo de algunas familias que en su momento fueron parte”.

Gentileza G. Spaciuk

Comenzamos de cero, no teníamos ni una pluma, nos metimos en un proyecto en el que no sabíamos qué nos esperaba, vivíamos el día a día porque si teníamos que pensar capaz nos acobardábamos. Así salimos primeros a nivel departamental y segundos en el provincial, pero el no tener nada nos agotó física, emocional y económicamente, entonces decidimos retomar en 2018 con la temática que nos llevó al primer lugar en la escala provincial, ‘La ruta del oro’”, apuntó el presidente de la comisión organizadora.

Y, lógicamente, con semejantes logros, “Maravilla crece cada vez más, es un monstruo, nuestros egos aumentan, también nuestro poder de complejizar la situación, cada uno se pone su propio techo, queremos superarnos, competimos con nosotros mismos, más allá de que tenemos otros contrincantes y este año decidimos doblar la apuesta y proyectar ‘India Apasionada’; India es muy amplia, muy mística, majestuosa, con mucho lujo e historia por contar, por eso tomamos una historia de amor que perdura en el tiempo y dio origen al Taj Mahal”, adelantó Canteros.

 

El carnaval en la sangre

Como las Ruinas, el carnaval es parte indiscutida de la esencia del pueblo, que se rinde a él en ensayos y preparativos en los que toda la familia se involucra, sumándose a la batería, danzando, aportando un granito de arena en la logística o “pegando” lentejuelas.

Carola es prima de Damián y no pudo mantenerse al margen de esta fiesta. “Trabajamos tratando de dar lo mejor para que el pueblo tenga la fiesta que se merece, no estar en la calle fue difícil, no teníamos la condición de salir, éramos muy chicos cuando mi tío dejó este proyecto, fue él quien nos llenó de esto, una fiesta que mamamos desde muy chiquitos, bailé desde los seis años, todas las ediciones, como mucha gente del pueblo”, contó.

E hizo hincapié en que “don Lito era una persona muy inteligente, grandiosa, tenía la idea de hacer las cosas en grande, pensaba en lo majestuoso y creo que nos heredó un poco de todo eso, más a Damián que siempre dice lo que proyectamos hay que lograrlo, que eso es lo que tiene que verse en la avenida. Él siempre llevó lo que estaba en su cabeza a la realidad, era un hombre muy inteligente”.

Esta fiesta “estuvo a punto de morir en San Ignacio, la Capital Provincial del Carnaval, y resurgió, hoy podemos decir que tenemos un muy buen nivel, con comparsas del pueblo que dan un gran show”, reconoció Damián, que como cada una de las baterías y cuerpos de baile que saldrá a la avenida el tercer fin de semana de febrero lleva el encuentro carnestolendo adherido a su ADN.

Gentileza G. Spaciuk

 

Por amor al arte

Económicamente “debemos autoabastecernos, no recibimos ayuda, pero sería bueno que exista algún tipo de colaboración por parte del Estado, es una fiesta muy popular, que dinamiza a todos los sectores, las cadenas hoteleras se saturan, los restaurantes trabajan a full, tomamos una vida muy vertiginosa que es poco común en un pueblo jesuita, donde todo es pacífico, el ruido de los tambores, las chicharras, el compás de las chicas… forman parte de este gran paisaje, San Ignacio sin carnaval no sería San Ignacio”, apuntó el presidente de “Maravilla”.

Y añadió que “las comparsas trabajamos los 365 días del año para costear todo lo que significa llevar a cabo este espectáculo”.