De Chubut a Santa Cruz, la Ruta Azul, circuito costero

Pingüinos, elefantes marinos, cormoranes y orcas invitan a recorrer este destino en las costas patagónicas. Son 500 kilómetros que atraviesan tres Parques Nacionales Marítimos.

30/12/2018 10:27

A lo largo del litoral atlántico de la Patagonia, Argentina alberga una fauna marina de características únicas e invita al avistaje de pingüinos Magallanes y Penacho Amarillo, así como toninas overas, lobos marinos y orcas.

Se extiende por la ruta nacional 3, entre las ciudades cabeceras de Comodoro Rivadavia, Chubut, y Río Gallegos, Santa Cruz. La primera de éstas es la más importante de la región por tener muy buenos servicios, infraestructura y un aeropuerto internacional. En la segunda, el viajero encuentra la mítica ruta nacional 40 que conecta de norte a sur casi todo el país.

El itinerario que propone la Ruta Azul une, a lo largo de 500 kilómetros, reconocidas áreas protegidas identificadas como “parques azules” y, en contraposición a los “parques verdes” que integran la Patagonia cordillerana. Sucede que este camino conjuga de manera constante la estepa con el horizonte del Atlántico. Imperdible.

Una de las primeras ciudades para visitar es Camarones, también punto de partida del Corredor Bioceánico, reconocida por sus actividades de pesca y buceo, así como la celebración cada febrero de la Fiesta Nacional del Salmón.

También, en esta ciudad portuaria está el Parque marino Costero Patagonia Austral, unas 130 mil hectáreas protegidas que cubren un centenar de kilómetros de costas del cabos Dos Bahías y la Bahía Bustamante, además de unas 60 islas e islotes.

Esta reserva protege unas 40 especies de aves y diez de mamíferos, entre pingüinos, patos capor, ballenas, guanacos, ñandúes y lobos marinos.

Ubicado al sudeste de Chubut, el Parque Marino Costero preserva la biodiversidad del norte del Golfo San Jorge, y fue una total novedad en la Argentina por tratarse de la primera área protegida a nivel nacional con jurisdicción en el mar.

El siguiente destino es Puerto Deseado, ciudad que alberga el único río sudamericano cuyo cauce abandonado fuera ocupado por el mar, área visitada por Charles Darwin hace ya más de un siglo.

Constituida en torno al puerto pesquero que le dio vida, Puerto Deseado ofrece excursiones náuticas y terrestres que recorren el Parque Interjurisdiccional Marino Isla Pingüino, creado en 2009 para proteger unas 140 mil hectáreas de superficie oceánica, así como otras áreas que invitan al avistaje de la flora y fauna local.

El itinerario comienza en el Refugio de Vida Silvestre, más conocido como Cañadón del Duraznillo. Distante unos 120 kilómetros de la ciudad, alberga guanacos, choiques y águilas. Desde allí se accede a la Reserva Científica Monte Loayza, la lobería continental más grande de la provincia.

Un poco más cerca está Cabo Blanco, el refugio de los lobos marinos de dos pelos, área custodiada desde 1937, donde sobresale la flora xerófila de la estepa patagónica.

Entre los espacios de mayor relevancia figura la Reserva natural Ría Deseado, una rareza geológica que hace miles de años permitió, en un cauce de 40 kilómetros, que las aguas del océano ingresaran al continente. Hábitat natural de pingüinos Magallanes, petreles y flamencos.

Sobre la costa sur se encuentra la Reserva Provincial Isla Pingüino, elegida por una colonia de Penachos Amarillos. Finalmente, entre los faros de Puente Mercedes y cabo Guardián, se sitúa la Bahía Laura, espacio de nidificación de gaviotas coneras, patos crestones y ocasionales toninas overas.

En el camino hacia Puerto Santa Cruz, donde se erige el más austral de los parques marinos, vale la pena una visita extra a Puerto San Julián, a orillas de una bahía que se adentra en la meseta patagónica.

La biodiversidad que se encuentra en los alrededores de Puerto San Julián también dio lugar a una reserva natural, situada a 25 kilómetros del casco urbano, en las que se encuentran especies endémicas de la estepa como guanacos, ñandúes y zorros. En lo que respecta a fauna marina se distinguen toninas overas, pingüinos Magallanes y dos loberías no reproductivas, una de ellas en cercanías de playa La Mina y otra en las playas de la Estancia Makenke.

Entre las excursiones imperdibles de San Julián están el Museo temático Nao Victoria, una réplica en tamaño real de la embarcación que ancló el 31 de marzo de 1520 con la flota magallánica y la Muestra Arqueológica Florida Blanca, con piezas de más de trece mil años de antigüedad.

El último destino de este circuito es Puerto Santa Cruz, a orillas del estuario del río homónimo. Un poblado que fue la primera capital provincial y mantuvo un importante rol durante la afirmación de la soberanía argentina en la Zona Sur del país.

La ciudad es sede desde 2004 del Parque Nacional Monte León, motor del desarrollo turístico local. Eriido sobre una estancia lanera patagónica, cuyo casco fue donado para instalar las oficinas de la administración, protege más de 68 mil hectáreas y 40 kilómetros de costas.

Los senderos del parque llevan hasta un apostadero reproductivo de lobos marinos de un pelo; el mirador isla Monte León y la antigua guanera; y la cuarta colonia de pingüinos de Magallanes más importantes del país con unos 60 mil ejemplares.

Dentro del parque hay un área de acampe, y desde allí -si baja la marea- se accede a pie hasta la isla donde habitan cormoranes, gaviotines, ostreros, bandurrias, cauquenes y flamencos. En el mar, se ven ballenas francas, orcas y delfines. El Centro de Visitantes se encuentra en un galpón que se usaba para la esquila de ovejas.