El pescador ilustrado, las motonautas criollas

La motonáutica es una actividad que tuvo un enorme desarrollo en la zona del Río de la Plata desde comienzos del siglo pasado y las mujeres no fueron ajenas a esa actividad. Las lanchas ya empezaban a desarrollar velocidades respetables para la década del 30, cuando se produjo el desembarco de las primeras timoneles.

20/12/2018 10:00

Entre las primeras corredoras se destacó Inés Anchorena de Acevedo, que piloteaba la lancha “Backy”, ganadora de una regata el 24 de noviembre de 1934. De esa competencia también tomaron parte Inés Maxwell, Berta de Argerich y Carola Weil, según la recopilación que hizo el sitio www.jorgedifiore.com.ar.

Detrás de Anchorena de Acevedo llegó Clara Leloir Unzué, a bordo de “Borrego”, embarcación que no tardaría en saltar a la punta en la Copa Círculo de Armas. Pese al entusiasmo de las mujeres, la categoría casi desapareció a principios de los 40. Sin embargo, fue Juanita “La Piba” Pereda quien rompió los prejuicios y comenzó a competir con los hombres.

Pereda recordó que “empecé en la navegación a los once años, en Córdoba, donde vivía con mis padres. Después vinimos a Buenos Aires y mi padre compró un barco llamado Horizonte y, al año, una lanchita llamada Nita. A mí me gustaba mucho todo lo que fuera agua y empecé la actividad motonáutica y el esquí acuático. Un día me sale una oportunidad de correr en lanchas y mi padre me lleva a don Gino Regnicoli y le dice -usted Gino póngale la lancha bien a punto-. Y a mí me dijo, usted m´hija, métale fierro a fondo”.

La joven motonauta tenía 15 años en 1944 cuando se impuso a un hombre que supo escribir su historia en el automovilismo nacional: Oscar Gálvez. Pereda contó que en los momentos previos a la largada, Gálvez se sacó una foto con la copa diciendo “ésta en un rato va a ser mía”. Y cuando vio que iba a competir conmigo le dijo a uno “a esta piba la plancho”. Mi lancha, que estaba muy bien preparada por Gino, anduvo de maravilla y yo no le tenía miedo a nada. Así que le gané a Oscar. Lo único que sentí al llegar eran los aplausos en la escollera del Yatch Club”.

Seis décadas después de esa proeza, la piloto contó que “corrí varias regatas . Yo no corría para divertirme, yo quería ganar. Por eso sentí la pérdida de la lancha Nita, que se me hundió. Después mi papá compró la Cuco, que era más rápida que la Nita. Un día me sacó a esquiar mi padre con la Cuco y yo temblaba porque me llevaba a 70 kilómetros por hora sobre el agua”.

A Pereda se deben sumar los nombres de Blanca de Piñero, Alma H.S. de Las Heras Núñez e llda O. de Leeb, Marta Susana e Irene Beatriz Schuster, Raquel Pamphilis, entre otras que supieron descollar en el difícil mundo de la motonáutica.