Leé “Sin grises”, nuestro editorial de hoy

La iniciativa del #MiraCómoNosPonemos es sin lugar a dudas, el escudo de protección para quienes padecieron y padecen el dolor y la angustia de haber sido y ser obligadas

16/12/2018 13:07


Ante los abusos, el miedo, ese factor preponderante que juega en contra de las víctimas, comenzó a perderse de la mano de miles y miles de mujeres que hoy gritan el horror que padecieron y que padecen. Haber sido abusadas ya no es motivo de vergüenza (jamás debió ser así), sino que hoy es lo que siempre fue: un delito que debe ser castigado.

#MiráCómoNosPonemos es la respuesta de un amplio movimiento de mujeres que se oponen a las diferentes formas que adopta la dominación masculina en el ordenamiento patriarcal de las sociedades.

Pero un poco más allá del sentido sociológico, la iniciativa es, sin lugar a dudas, el escudo de protección para quienes padecieron y padecen el dolor y la angustia de haber sido y ser obligadas. Primero, sufrir el abuso y luego callar para no ser acusadas de “locas, jodidas o mentirosas”. Mientras tanto, muchas veces a conciencia, el círculo más cercano a las víctimas colabora tapando o ignorando, protegiendo sus propios intereses y de esta manera consiguen revictimizarlas.

Lo que sucedió en esa conferencia de prensa que protagonizó una joven actriz, abrió definitivamente la brecha entre lo que se creía normal y lo que debe ser castigado.

La valentía de exponer frente a una cámara la situación más traumática y horrible de su corta vida, empujó a otras a sacar a la luz sus historias de abusos.

El apoyo y la contención del que se valió la denunciante es la respuesta que necesitaban miles para comprender que fueron víctimas y no causantes.

La multiplicación de denuncias también funciona como factor de abroquelamiento.

Las víctimas comienzan a entender que no están solas. Nadie puede ausentarse, nadie debe obviar lo que sucede y quitarle trascendencia porque lejos está de ser una moda. Es, claramente, un cambio de paradigma y un golpe a las bases del tótem cultural del machismo.

A todos nos toca intervenir. La primera opción vuelve a ser la educación. Porque una sociedad mal educada, una familia carente de valores, son los vehículos que pueden conducir a los abusos y al ocultamiento. En temas tan sensibles como estos, no caben los grises. No es no.

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