Maratón de Nueva York, la gran meta

María Paiella es psicóloga, correr fue su elección “para hacer algo” y el verano pasado sumó veinte kilómetros. Este logro fue el motor para ansiar la sensación de ser parte de un gran encuentro de maratonistas y la carrera del país del Norte, una de las más importantes del mundo, se convirtió en un sueño hecho realidad tras ser seleccionada en el sorteo, pero había un detalle clave, debía cumplir un recorrido que duplicaba su marca, así que se preparó durante ocho meses.

10/12/2018 09:29


Lo logró, completó los 42 kilómetros en un “buen tiempo para una primera vez” y ya está pensando en próximas posibilidades.

“Fue una experiencia hermosa, nunca en la vida pensé que iba a hacer algo así, pero es de esas cosas que uno está en el lugar, vienen las oportunidades de repente y cuando te das cuenta estás haciendo algo que ni vos mismo pensabas que podías; soy psicóloga, no deportista, aunque me gusta mucho el deporte”, confesó. Y añadió, “mi marido es profesor de Educación Física, él me enseñó cómo era esto de salir a correr, que en un principio lo hacía en Buenos Aires, porque no tenía mucho tiempo para ir al gimnasio, estudiaba, trabajaba, siempre llegaba tarde, entonces era una forma de decir ‘hago algo’, lo único que había que hacer era ponerse las zapatillas y salir el tiempo que uno decidía, por los lugares que uno quería, así empezó esto y lo fui como adaptando a mi vida, haciéndolo en los tiempos libres”.

Pero “siempre eran distancias cortitas, lo que podía, en el verano, en las vacaciones me gusta correr en la playa, siempre un poquito más y el verano pasado logré, como una meta personal, hacer veinte kilómetros, para mí era un montón, entonces le dije a mi marido ‘me gustaría probar cómo es la experiencia de un maratón’, le escribió a un amigo y le dijo que me anote porque en cinco días se cerraba el sorteo para Nueva York, era la que quería porque si lo iba a hacer una vez en la vida tenía que ser con todo”, remarcó la psicóloga.

Completar el formulario de inscripción fue sencillo, sin embargo había un detalle, en este evento deportivo no existe el medio maratón, 21 kilómetros, los que María se “animaba” a correr, pero “como es muy difícil resultar seleccionado”, hizo click en enviar. Grande fue su sorpresa cuando algunos días después, a fines de febrero, principios de marzo, un correo en su bandeja de entrada decía “‘Congratulation’ tené su cupo en la maratón”.

Y bueno, no quedaba otra, había que empezar a correr, porque semejante oportunidad no se puede dejar pasar. Su marido y un colega fueron clave. “Empecé a correr con un poco más de orden, sobre todo, lo hacía muy indisciplinadamente, ya venía haciendo un cambio en la alimentación y fue un año, de febrero a noviembre, que me lo tomé como un objetivo personal, así fueron los entrenamientos, cada vez un poco más, me armaron un plan de tres veces por semana que lo que tenía que hacer era cumplir. Y lo hice”, recordó.

Los meses pasaron, llegó octubre y en Posadas “llegué a correr 38 kilómetros, fue lo máximo que pude hacer acá, ‘lo que queda lo hago allá y que Dios me acompañe’, me dije, nos fuimos así, rumbeamos el 28, paseamos un poco, aprovechamos para conocer un poco más, caminamos, anduvimos, la ciudad era una fiesta y llegó el 4, era el gran día, era jugársela toda y fue una experiencia hermosa, soñada, para ellos es una fiesta, también para uno, es tan grande las sensación que uno siente con uno haciendo algo que es sólo correr, ni más ni menos que mover las piernas, y cuando se llega a la meta, después de un esfuerzo tan grande de cuerpo, de mente, porque es como dicen, se empieza con las piernas pero se termina ni con la cabeza, se llega con la emoción, es indescriptible”, subrayó María.

42 kilómetros, todos distintos
“Durante la carrera uno pasa por todos los estados, arranqué con miedo, porque todos me decían ‘andá despacio, no gastes toda la energía de entrada’, era la primera vez en mi vida, nunca había estado en algo de tantas dimensiones, había 50 mil personas corriendo, era una cosa de locos, una ola humana que uno veía cruzando puentes; en la mitad vas agarrando el gusto y te vas divirtiendo, después el cansancio y se empieza a ver que la gente que comienza a lesionarse, que tiene que salir; me pasó que en el kilómetro treinta tuve una contractura en un glúteo, me faltaban doce kilómetros, pero ellos te dan unos palitos con crema, me la pasé como pude, era un gel frío que me ayudó un poco y me mentalicé que no tenía que pensar en el dolor, entonces fue todo el tiempo el poner la cabeza en otro lugar; y después el final, es algo de locos, ves gente que está a dos kilómetros y no puede más y tiene que salir, delante mío venía un chico que le agarró un temblor en el cuerpo y no pudo seguir, todos tratábamos de alentarlo, lo agarrábamos de un lado y del otro porque faltaba nada, pero a veces el cuerpo no te responde, uno entrena y hace todo, pero a veces también es necesaria esa cuota de suerte”, describió la maratonista.

Además, sostuvo que “nos tocó un día hermoso para correr, el día anterior hubo mucho viento, que para todos era un problema y había mucha preocupación, pero el 4 amaneció soleado, sin viento, fresquito, el 5 fue un diluvio, muy frío, así que Dios nos acompañó también con un día hermoso y eso contribuyó a que muchos podamos terminar también”.

Completar los 42 kilómetros le demandó a María 4h8m18s, “me había propuesto hacerlos sin parar, ese era mi objetivo, no iba pensando, pero me dijeron que por ser la primera vez era un buen resultado, así que más contenta aún me puse, llegué bien, en la meta me encontré con mi marido y mi hijo”, confió y agregó que “pude llegar con un buen entrenamiento, lo que podemos hacer en Misiones es fantástico, corriendo por la calle, no hay nada como el cerro Pelón, como Urquiza y Tomás Guido, somos privilegiados, tenemos un entorno que es fantástico, si lográs un recorrido acá, casi en cualquier lado será más fácil”.

Además, “correr es gratis, no hace falta más que poner voluntad y un par de zapatillas, no necesitás ropa, tampoco tecnología, no hay cuotas de gimnasios, es sólo voluntad y tener constancia, el que quiere lo puede hacer”, remarcó e insistió en que “todo se va aprendiendo, hay algunas técnicas, hay que encontrar un ritmo de respiración, ir mirando la pisada, pero eso se va corrigiendo con la práctica”, entendió.

Claro que siempre hay cuestiones a tener en cuenta. Por ejemplo, “en el medio del entrenamiento me lesioné la rodilla, tuve que parar, un día cambié de zapatillas y se me ampollaron todos los pies, es un proceso al que hay que adaptarse, que tu cuerpo se adapte a esas distancias, no es lo mismo correr cinco kilómetros que veinte”, confesó. “Se puede, nada que no sea salvable, si yo que no soy deportista lo pude hacer, que mi trabajo significa estar horas sentada, cualquiera que se decida, puede, son objetivos que hay que ponérselos, tomar la decisión y si no se hace allá se hace en cualquier lado, uno puede correr sus 42 kilómetros donde quiera, es animarse”, machacó.

“Buscar la forma”, de eso se trata”
Si bien la situación económica no es ajena a estas oportunidades, y “es cierto que para nosotros viajar es un poco costoso, si uno se anota en los sorteos, hay cosas que se pueden pagar, se hacen en cuotas, no es imposible, hay que ser ordenado y medido”, reconoció María, para quien su objetivo estaba puesto en la Maratón de Nueva York, pero “uno entra en este mundo desconocido, empezás a aprender, desde lo que son las pasadas hasta las cuestas, ahora me mandaron invitaciones para otros sorteos, hay un circuito de maratones por el mundo, me gusta porque en esta etapa de mi vida dije ‘quiero trabajar para viajar’ y lo hacemos en familia”.

“Nos mandaron la invitación para la Maratón de Chicago del año próximo, nos anotamos en el sorteo, si la suerte viene, el cuerpo acompaña, estamos esperando, si salimos, vamos, sino será otra”, adelantó la maratonista, que de ser parte en este encuentro participaría de dos de las maratones más importantes del mundo, junto a Londres, Boston, Berlín y Tokio.
Aunque “uno tiene que aprender a equilibrar porque a veces atrapa mucho la actividad, es hermosa, hay un montón de eventos y cosas para hacer, pero uno también tiene una vida, familia, trabajo, su tiempo con amigos, si uno se pone muy obsesivo se pierde mucho, hay que buscar que la vida siga y esto sea algo divertido”, opinó.

Y no dejó de lado que todo esto “también te deja de lindo un hábito de vida, te invita a cuidarte en las comidas, te va ordenando las horas de sueño, si uno se lo plantea hay un horario para todo y es un lindo equilibrio justo para la vida”, remató.