Otra vez… y otra vez

Señora Directora:
Con mucha atención y sorpresa, aunque sin asombro alguno por el pedido en razón de la demostrada voracidad empresaria, leí el reclamo de un nuevo incremento -el cuarto del año- en la tarifa del transporte de pasajeros del Sistema Integrado Metropolitano.

10/12/2018 10:13

Y que, de acuerdo a los párrafos extractados por ese Diario en su nota del pasado viernes 30 de noviembre (página 3), suenan más a una amenaza o exigencia que a una solicitud en la que se exponen razones para ese incremento.

De alguna manera es volver a la campaña que se hizo con afiches en las unidades del grupo Z a fines de octubre, cuando reclamaban un boleto de $40 si caían los subsidios nacionales que el gobierno federal anunció lo hará desde del primer día del año próximo.

En esa ocasión, hace solo cinco semanas, la Municipalidad accedió a la presión empresaria y concedió un aumento que brindó al boleto una suba superior a la inflación de este año, en relación al valor vigente en diciembre de 2017.

Y ahora se pretende más, duplicarlo, sin tener en cuenta lo difícil que significa para salarios generales deprimidos y que pierden por goleada ante la trepada de los precios y las tarifas públicas.

A priori parece entendible el pretexto que plantean las empresas para reclamar ese aumento porque ellos también afrontan los mayores costos, pero siempre resulta sospechoso ante la intimidad conque se siguen manejando los volúmenes de pasajeros transportados que había sido una de las “ventajas” que justificaron la adopción del Sistema Único de Boleto Electrónico (SUBE) local.

Si no fuese así, ¿por qué se niega la llegada de la tarjeta nacional que podría finalmente transparentar ese valor y tener datos ciertos que vayan más allá de que, sin otras referencias, tener que aceptar las cifras que declaren las mismas empresas?

Ese es un dato esencial para establecer una tarifa al permitir una más veraz información para aplicar la fórmula conque se la calcula.

En tanto exigen pasajes más caros – amenazan-, siguen vendiéndonos “espejitos de colores” con la promesa de mejoras y cumplimiento de normas municipales que no se ven, ante la lenidad de las autoridades soslayan controles.

Desde que tengo uso de razón y me valgo del transporte público para ir a trabajar se viene repitiendo esa retahíla que luego olvidan tras alcanzar el propósito de una mayor tarifa o la brindan en cuentagotas, más obligados por las necesidades del servicio que por las exigencias contractuales.

No sé qué esperan, empresarios y autoridades, porque llegará el momento en que quienes tendrán acceso al servicio serán unos pocos. La mayoría deberá buscar otros medios de transporte o caminar.

Carlos Luis Acosta
Posadas (Misiones)