El pescador ilustrado, un hobby que derivó en empresa

Cuenta la historia que en 1940, el carpintero tano Aroldo Campanili, decidió dedicarle algo de su tiempo y conocimiento en el trabajo de la madera para construir una embarcación que le permitiera disfrutar del lago San Roque, en Carlos Paz, provincia de Córdoba, donde se había radicado.

22/11/2018 08:31

En sus incursiones lacustres, Campanili siempre terminaba vendiendo sus embarcaciones y rápidamente se ponía a construir otra. Hacia fines de los 40, advirtió que sus lanchas tenían más demanda que los exquisitos muebles que hacía, y decidió reconvertir su carpintería en un astillero.

Luego de unos años y varias toneladas de aserrín, Aroldo abrió su primer tienda náutica en el centro de Córdoba. Fueron dos décadas de moldear la madera para darle forma a los sueños de pescadores y deportistas.

0A fines de los años 50, la Fábrica Militar de Aviones de Córdoba importó un material nuevo y desconocido hasta el momento en el país: la fibra de vidrio. Aroldo fue entonces pionero en la construcción de lanchas de fibra de vidrio, logrando así embarcaciones más livianas y veloces.

Como buen inmigrante de la zona del Adriático, a mediados de los años 60, Campanili incursionó en las primeras carreras de lanchas, piloteando sus propios diseños. Una década más tarde, creó su propio equipo de competición, sumando a pilotos de la talla de Heraldo Ruesch y Hector Conte, quienes llegaron a ser grandes campeones en sus respectivas categorías.

En 1976, Aroldo viajó a París, donde participó de “Las 24 horas del Sena”, marcando un hito en la historia de la motonáutica Argentina. Para ese entonces su negocio se había extendido a nivel nacional y desde su nueva planta fabril de 5.000 metros cuadrados distribuía sus productos a través de una basta red de distribuidores convirtiéndose en el mayor fabricante de lanchas e importador de motores marinos del país. Además, exportaba a Chile, Uruguay y Paraguay.

En 1978, ya junto a su yerno Mario Marzi, lanzó al mercado la primera lancha de proa abierta del país: la ‘Berlina’, un concepto revolucionario que no tardó en imponerse y “jubiló” a las lanchas de proa cerrada.

En 1989, Aroldo falleció, dejando la empresa en manos de su familia, que no sólo mantuvo su calidad, sino que logró otros grandes éxitos, como la Explorer, la primera lancha “open” de corta eslora impulsada por motores de baja potencia.

A fines de los 90 sumó a su oferta las motos de agua y a principios de este siglo comenzó a exportar sus embarcaciones a Europa con excelente aceptación. Actualmente el astillero fabrica unas 350 lanchas por año: desde el diseño hasta la tapicería, los parabrisas y hasta la personalización que quiera el cliente. Sólo es cuestión de agregarle el motor y disfrutar. Actualmente son 20 los modelos de Campanili que buscan darle continuidad al sueño de Aroldo.