“No sé por qué Salazar del Risco puso la bomba que mató a mi hijo”

Jorge Brítez, el padre del “Pelado”, recordó el caso de El Alcázar que conmovió al país. El 15 de octubre de 1998 el menor de once años murió tras tocar una caja explosiva que estaba frente a la casa del médico. “A veces pienso que Dios es injusto, ¿por qué se llevó la vida de un inocente?”, sintetizó, entre lágrimas, ante PRIMERA EDICIÓN.

23/09/2018 17:09


Veinte años puede ser muchísimo tiempo, pero también un lapso totalmente irrelevante si se trata del tiempo que pasó desde el fallecimiento de un hijo.

Jorge Brítez lo sabe muy bien, porque ese dolor se le hizo carne de una forma atroz. No sólo se murió su primogénito, sino que además su fallecimiento fue horrendo.

El 15 de octubre de 1998, una bomba casera que estaba en la vereda de la casa del médico Hugo Salazar del Risco le explotó en las manos a Jorge “Pelado” Brítez, que entonces tenía once años.

Su amigo, Maximiliano Piriz, estaba con él. Este quedó mal herido, pero sobrevivió a la locura de una caja cargada con un matafuegos relleno con pólvora, clavos y un detonador. El principal sospechoso fue llevado al banquillo de los acusados, pero la Justicia misionera dictó que no había responsables.

En pocos días más se cumplirán dos décadas de este caso único en la provincia, que captó la atención de todo el país y que quedó impune.

PRIMERA EDICIÓN pudo charlar con el papá del “Pelado”, en su vivienda de El Alcázar. Las primeras palabras hicieron reflotar los recuerdos con ojos llorosos.

“Cuando él nació era bien pelado, y por eso desde que era bebé le quedó ese apodo”, contó Jorge. Rememoró que le gustaba mucho jugar al fútbol y muy cerca de su casa había una canchita donde él se juntaba con los chicos del barrio. “Después tomaban tereré y como mi señora siempre hacía pan casero, él siempre le invitaba a toda la gurisada”, resaltó.

Entre lágrimas, el padre recordó que hubo una época en la que solía sentarse en el frente de su casa a pensar en su hijo.

 

El recuerdo que tengo de él era verlo todos los domingos con el bolso colgado cuando se iba a jugar al fútbol. Esa imagen de él yéndose quedó grabada en mi memoria”.

 

Jorge relató que “Pelado” iba a cuarto grado y en la escuela era travieso como todo niño de once años. “Era muy cariñoso con la mamá, se pegaba mucho con ella. Cuando él falleció, con mi señora teníamos tres nenas, una de 8, otra de 7 y la última que había nacido apenas hacía 40 días. La muerte de un hijo te cambia la vida. A nosotros nos mataron ese día, pero tuvimos que reponernos por los otros chicos”.

 

 

Octubre negro

Para los Brítez la peor época del año es cuando llega octubre. En aquel entonces, Jorge tenía 35 años.

“En aquella época yo era encargado de un aserradero que tenía 55 empleados. En el primer turno entrábamos a las 3 de la mañana. A las 6.45 vino un compañero a la oficina y me dijo directamente ‘se murió tu hijo. Está tirado frente a una casa’. Yo no lo podía creer. Agarré la moto y me fui. Cuando llegué lo encontré boca abajo, todo destripado. Lo alcé, era un manojo de carne, sangre y clavos incrustados. Con él estaba el perro grande que era de mi hermana. Ese animal era su amigo. Estaba cerca de él y no dejaba que nadie se arrime. Nunca me hubiera imaginado que algo así podía pasar en el pueblo y menos a mi hijo”, lamentó.

 

El médico

Hugo Salazar del Risco era de nacionalidad peruana. Desde hacía tiempo estaba en Misiones. Había vivido en Puerto Libertad, Andresito, Puerto Esperanza y desde 1984 estaba afincado en El Alcázar.

“Salazar del Risco era muy conocido en el pueblo porque era el único médico. Vivía en esa casa con la señora y sus dos hijas. Parecía una persona normal. En un principio no podía creer que él fuera capaz de armar una bomba para provocar lo que terminó haciendo. Después con todas las pruebas que se ventilaron en el juicio, me convencí que era un criminal”, dijo Jorge.

Subrayó que inclusive el médico llegó a acercarse a la familia.

Él vino acá al velorio, estuvo con nosotros. A medida que pasaron los días y empezaron a saberse algunas cosas, mi tío lo encaró y le dijo en la cara que sabíamos que él había matado a ‘Pelado’. Después de eso no apareció más. Dicen que estuvo medio escondido en Montecarlo, donde vivían los parientes de su esposa”, dijo el padre.

 

La causa
Según cuentan las crónicas de la época, la instrucción del caso fue llevada adelante en principio por el juez Éctor Acosta, quien finalmente cedió ante una recusación y la presión de la opinión pública que lo acusaba de no avanzar. Rubén Osvaldo Lunge siguió con la causa.

“Gracias al juez Lunge se lo pudo llevar a Salazar a juicio. Pero allí ‘cocinaron todo’”, dijo Brítez.

“Nosotros éramos y somos gente humilde, no tenemos recursos. En aquella época nos sentimos muy acompañados por la gente del pueblo. En las marchas siempre había mucha gente. No me puedo olvidar de la hermana Martha Pelloni, que siempre estuvo cerca nuestro. También la entonces fiscal, Liliana Picazo, trabajó muy bien”, rememoró Brítez

Salazar del Risco llegó en 2000 a debate bajo la imputación de “homicidio calificado y lesiones leves calificadas”.

 

Antes de que se realizara el juicio, por las pruebas que se habían juntado yo estaba seguro que Salazar del Risco iba a ser condenado. Inclusive el abogado que lo defendía dudaba que lo fueran a absolver. Recuerdo que la fiscal se lo hacía ver al cierre de las jornadas de debate. Luchamos mucho y no hubo justicia. Quedó todo así”.

 

El Tribunal Penal 1 que enjuició a Salazar del Risco estuvo conformado por la doctora Demetria González de Canteros, Ángel Dejesús Cardozo y Roque Martín González. Los dos primeros votaron por la absolución del imputado, por el beneficio de la duda, en tanto que el último votó por la condena.

“Tiempo atrás estuve hablando con un abogado de Posadas. No me conocía, me presenté como el padre del ‘Pelado’ Brítez y me confirmó lo que siempre sospechamos. ‘Uhhh, a ustedes los cocinaron en ese juicio’, me dijo”.

En febrero de 2001, la fiscal Picazo presentó al Superior Tribunal de Justicia (STJ) un recurso de queja para pedir por la nulidad del fallo que absolvió al médico.

Mientras, Salazar intentaba rehacer su vida en La Plata. Finalmente el STJ anuló el fallo y ordenó que se haga un nuevo juicio. Se libró una orden de detención contra el médico, pero éste ya se encontraba en su país natal.

A través de una orden de captura que llegó a manos de Interpol, fue detenido en 2004. Luego de pasar varias semanas preso, la Justicia peruana dictó su libertad y negó su extradición a Argentina, al entender que ya había sido juzgado y absuelto en juicio.

Una vez que el Tribunal Penal 2 volvió a mover los expedientes para la realización de un nuevo debate, el acusado volvió a ser detenido en Perú pero nuevamente la Justicia rechazó la extradición.

“Costó mucho retomar la vida habitual después de la muerte de ‘Pelado’, pero nos teníamos que hacer fuertes por los hijos que quedaban. Mi señora es de hierro, por cómo aguantó todo lo que pasó. Así sobrevivimos, pero quedó esa herida que nunca se cierra. Uno llega a la casa y siempre hay un vacío. Hoy tengo tres nietos, pero ni siquiera así se repara. Siempre me pregunto qué habría sido de la vida de mi hijo si estuviera vivo, hoy, con casi 32 años, qué estaría haciendo, que habría sido de su vida. A veces pienso que Dios es injusto. ¿Por qué se llevó la vida de un inocente? Durante mucho tiempo solíamos hacer una misa cada 15 de octubre, pero decidimos no hacerlo más. Los recuerdos nos revolvían las entrañas y quedábamos muy mal. Justicia sabemos que ya no va a haber más, porque pasó el tiempo y prescribió la causa” dijo apenado el padre de “Pelado”.

 

¿Por qué?
Sobre las motivaciones que llevaron a Salazar del Risco a armar la bomba, Brítez señaló que hubo muchas versiones.

“Como él era de Perú se hablaba que lo perseguían los del grupo terrorista Sendero Luminoso. Por la forma en que estaba armada esa caja, Salazar era un tipo que sabía lo que hacía y tenía conocimientos para armar una bomba. Todavía me pregunto para qué lo hizo, qué quería lograr con eso. Nunca hubo respuestas. En su momento hablé con un agente que hizo la pericia. Me dijo que si realmente la bomba la puso alguien que quería atentar contra el médico, el artefacto debía haber estado armado para que explote hacia la casa, pero fue todo al revés. A la vivienda no le pasó nada. También se dice que el poder político de la época protegió a Salazar del Risco”, recordó Brítez.

El médico llegó a ser candidato a intendente del pueblo.

 

La bomba estaba armada en una caja plástica de tapa roja. Adentro estaba el cilindro de un matafuego cargado con pólvora y clavos de dos pulgadas y media.

En el debate, en base a las pericias, la fiscal Picazo dio por probado que en el lugar había un hilo de nylon que salía del garage de la casa y estaba preparado como para accionar la bomba y provocar el estallido sin víctimas, como si fuera un atentado contra el médico.

 

Sin respuestas
Jorge Brítez tiene las peores consideraciones hacia Salazar del Risco. Comentó que nunca lo perdonó ni lo perdonará porque no se hizo responsable por lo que hizo.

 

De él pienso que es un terrorista. Y de los dos jueces que votaron por su absolución, pienso que son delincuentes”, lanzó.

 

Para el padre de “Pelado” la Justicia misionera “no existe”, aunque hizo salvedades con la exfiscal Picazo y el juez Roque González, a los que los recuerda como “excelentes personas”.

“Ojalá que algún día alguien venga y me diga por qué puso esa bomba o para quién. Seguramente no estaba hecha para mi hijo, pero él en su inocencia vio una caja llamativa y pasó lo que pasó. A cualquiera le podía haber tocado. Se van a cumplir veinte años y hasta ahora nadie me dijo nada”, sintetizó Brítez, quien sobre el final, entre lágrimas, reconoció que aún abriga una última esperanza: “aún no sabemos ni siquiera si está vivo, pero estoy seguro que Dios hará justicia con Salazar del Risco”.