Psicología: Hay que saber cuándo tirar y cuándo aflojar

El juego de la soga del “tire y afloje” es uno de los más antiguos del mundo, se remonta a la época de las civilizaciones antiguas de Egipto, Grecia y China.

22/07/2018 18:49


La competencia no cambió mucho con el tiempo, aún se enfrentan dos o más jugadores colocados a cada lado de la soga y tirando de ella para llevar o hacer caer al oponente más allá de un punto medio. Entre los años 1904 y 1920 este juego fue un deporte olímpico.

Mientras escribía estos años descubrí que para que lean y entiendan mis artículos debían tener poca cantidad de palabras, usar un lenguaje entendible fácilmente, que tenga comparaciones con la vida diaria, con coherencia entre el comienzo, el relato medio y el final, y nunca olvidar la “ley del tire y afloje” o de “presión y relajación”.

Por ejemplo si se explica una definición difícil como “la ley de gravedad”, producirá en el lector un estado de “mayor tensión” o concentración o esfuerzo, en cambio si escribo una anécdota, un cuento, un ejemplo, un chiste o una comparación con la vida diaria, será de más fácil entendimiento y el lector necesitará una “menor tensión”, concentración o esfuerzo.

Esta oscilación entre una “mayor y menor tensión” donde en un estado se “gasta” más energía y en otro nos relajamos “recargando nuestra batería”, es esencial para no dormir al lector.

Si abusamos al escribir poniendo sólo temas muy profundos, difíciles, que requieren mucha concentración, es muy probable que pocos lean el artículo completo, por otro lado si sólo escribimos cuentos, relatos o anécdotas será un artículo “ligth o superficial” sin consistencia, que algunos lectores abandonarán porque “quieren saber un poco más”.

Ambos estados, “el de tensión y el de aflojar la cuerda” también son esenciales en nuestra vida diaria, existen momentos donde aceleramos y en otros momentos sólo regulamos el motor de la vida, estos diferentes estados equilibran nuestra existencia, como por ejemplo por momentos estudiamos y otros salimos al cine.

Los pescadores cuando pescan saben bien de esto, pues nunca tiran del sedal de una sola vez y en forma permanente, sino que tiran un poco y luego aflojan.

Actualmente hablamos mucho de los “períodos de tensión o estrés” cuando necesitamos toda la atención, la concentración y la fuerza, y los clasificamos en más o menos estresante, como por ejemplo perder un familiar querido produce más tensión que perder una cartera.

El juego de la seducción en la pareja también es un “tire y afloje”, donde por momentos uno realiza lo imposible por demostrar su amor y otros momentos mostramos desinterés.

También hablamos de las diferentes capacidades de las personas para resistir la tensión o resiliencia, pero hablamos poco del tan necesario “período de relajación o descanso” posterior al estrés, siendo muy importante porque en éste podremos “acomodar los patitos que se nos descarriaron”, como sucede a veces en las vacaciones que nos ayudan a hacer un balance de lo vivido.

Durante la “relajación” podremos reparar en parte los daños mentales que se produjeron, podremos arreglar lo desarreglado, analizar lo sufrido y aprender algo nuevo, para no repetir el mismo error, posibilitándome enfrentar las nuevas y futuras experiencias tensionantes similares con “mejores armas”, por ejemplo si me peleo con mi esposa, luego de la disputa para relajarme puedo caminar o escuchar música, o sentarme solo para tranquilizarme, reflexionar y llegar a la mejor decisión.

Es importante para nosotros individualizar cada experiencia estresante para analizarlas, tomarnos el tiempo para reflexionar, sacar un aprendizaje, y evitar que el episodio continúe afectando nuestra vida.

Solemos identificar fácilmente los episodios de tensión extremos como la muerte de un familiar, o estar en la cárcel, o perder el trabajo, o divorciarse; pero también existen episodios tensionantes que “NO” diferenciamos fácilmente, son experiencias sutiles, a veces continuas e imperceptibles pues nos acostumbramos a ellas, que nos perturban en el tiempo como el temor a la inseguridad o la frustración por deseos no concretados, que se transforman en una vida amargada por años por una meta que no se logró, o el odio producto de una deuda no pagada desde hace tiempo, o el miedo habitual a un jefe déspota, o el resentimiento de una esposa por el trato despectivo por largo tiempo de su esposo, o el disgusto diario producto de nuestra preferencia por noticias violentas y negativas.

Estos episodios más sutiles de tensión debemos primero identificarlos, luego buscar la forma de asimilarlos, disminuirlos y neutralizarlos, tomando este período de calma y reflexión para reubicarlos mentalmente en su verdadero lugar.
Si no nos “relajamos” la tensión acumulada originará muchas de las explosiones emocionales que solemos ver a diario en las noticias, que se traducen en agresiones violentas, salvajes e injustificadas, a veces incalificables insultos contra inocentes, intolerancias contra desvalidos y animales; todos sin duda producto de odios, celos y rencores no curados.

No sólo se exteriorizan como explosiones emocionales, sino que producirán decisiones mal encaradas en el trabajo, en la escuela, en la familia y en la sociedad.

En toda decisión intervienen variados factores, pero en primer lugar se encuentra nuestra “Escala de Valores”, es decir el orden de prioridad en que colocamos la familia, el trabajo, el dinero, el sexo, la educación, el poder, etc.

También es importante nuestra “capacidad de reflexión y autocrítica”, nuestra aptitud para relacionarnos con otras personas, nuestro nivel de autodominio y el grado de confianza que poseamos para lograr nuestras metas.

Todos estos elementos los podemos usar en los “períodos de reflexión” para lograr “nuevas soluciones” y poder usarlo en el futuro.

Lo más importante ante los problemas es “aprender de ellos”, que es esa capacidad de transformarlos en elementos útiles para nosotros y los que nos rodean.

A partir de esto, aprenderemos sabiamente “cuándo tirar y cuándo aflojar”.

 

Colaboración:
Bazán J. L. – Médico
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